Los fantasmas del pasado

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Capítulo 5 : Dos caminos

 

Mi destino es ayudar a los fantasmas,  pero no pensé que hoy me hablarían dos chicos de los cuales considero extraños. 
Por un lado Nicholas Watson,  apenas de conocerle le agrade más  de lo que yo pensaba. Y Mark Thomas,  que tiene más cosas en común que yo. 
Él tal vez me agrade más. 

Subía mi habitación, todavía quedó algo sin concretar. 
Steve estaba mirando la ventana, cuando justo entre a mi habitación.
—¿Me  estuviste esperando?. 
—Es suerte o destino el de que te hayas encontrado con esos dos chicos— dijo Steve al darse media vuelta. 
—No soy de  hablar con personas— dijo al recostarme en la cama. Poniendo mis piernas entrelazadas. 
—Pero al final lo hiciste— dijo Steve. 
—¿Estuviste espiandome?. 
—Y en que estuviste pensando todo el día ¿En vivos?— dijo Steve. 
Solo asinti, ¿que derecho tengo de mentirle a un fantasma?, ninguna. 
—Lo siento...sí estuve pensando en ustedes. 
—No te molestes,  solo ayudame en mi problema. 
—Está bien—me tranquilice— Dime desde el principio. ¿Qué imagen o cosa te hace recordar algo de ti mismo? 
—Todo empezó cuando nombrarte a Albert, ese anciano tiene que ver algo conmigo...pero no se precisamente que es— dijo Steve al tratar de recordar. 
—Lo único que se de Albert es...que aparte de su muerte, tenia una familia que lo quería mucho. Su nieta se llama Claris , su hija (que aún no se bien el nombre), y el esposo de su hija. Que tuvo el mismo destino que yo,  el desamparo. También se que de alguna forma,  Albert quiso que su hija no se metiera en un asunto que tampoco se con exactitud. 
—¿Eso es todo? — dijo Steve. 
—Si— respondí. 
Steve se calló ,  era un indicio de que no había ayudado mucho. 
—Hay algo más,  Claris , se juntaba con un muchacho, y Albert no quería que se unieran. Ya que mencionó que estaba enfermo...no se si tiene que ver algo contigo—exclame. 
Steve me miró fijo. 
—Ahora que lo pienso...Claris...ese nombre me suena familiar— dijo Steve. 
—¿En serio?. 
—Si...¿Y si yo fui aquel chico?— dijo Steve animado aunque no lo demostró con una sonrisa, sino una mirada. 
—Había que presentarte ante Albert, para ver si él te recuerda en su pasado— dije al tomar de su mano y llevarlo al sótano. 
Parece raro,  pero también siento que puedo tocarlos o sentirlos, es algo que yo sola puedo hacer. 
Note que estaba la puerta cerrada. 
—Cómo mi hermano suele pasar aquí con sus amigos, mi madre y yo somos las únicas que sabemos donde esta la llave. Justo aquí—dije al ponerme de puntas para alcanzar el borde de la puerta, dando  el suficiente  espacio  para  apoyar  un objeto . Y allí es donde se encontraba oculta.
Al abrir camine con cuidado por las escaleras de madera. Rechinaban como siempre. Esta casa era antigua al igual que sus simientos. 
—Albert,  soy yo Sasha...—llame al anciano. 
Pero sólo había silencio. 
—Debe estar ocupado,  o tal vez perdido. 
—Albert...¿Estas ahí? — dijo Steve. 
Mire entre los cajones de madera, muebles. Todo, era inútil. 
—Se que estas en las sombras,  yo también lo estuve, ¿Quieres encontrar a tu nieta? — pregunto Steve. 
Yo pare de buscar y volver hacia Steve. 
«¿Qué está diciendo?» 
—Claris ...¿Donde esta? — dijo Albert al caminar hacia Steve. 
Pegue un salto del susto,  por la repentina aparición. 
—Se donde esta—dijo Steve a Albert.
—Donde...¿¡Donde!?—dijo Albert al agitar a Steve en sus hombros. 
—Entonces dime quien soy—dijo Steve al estar calmado. 
—¿Tú ?...no me acuerdo de ti...—dijo Albert al mirarlo a los ojos. 
Solo hubo decepción de parte de ambos espectros. 
Yo me acerqué lentamente a ellos. 
—Steve...—logre decir,  pero el solo se fue a través de las paredes. 
—¿Querida, quién era ese joven? — dijo Albert. 
—Otra alma al que quise ayudar— dije al sentarme con menos ánimos. 
Albert me  acompañó,  sentadose a mi lado. 
—Se le notaba triste,  nunca vi unos ojos tan claros en mi vida. Y aún más,  de un  joven. 
—Ni yo, lo único que quería era ayudarlo...y fracase—dije con desilusión. 
—Tu siempre nos has ayudado,  no te subestimes,  tienes potencial—dijo Albert. 
—Él era ciego. 
—¿Que? — dijo Albert al no comprender. 
—El me contó que lo único que sabía. 
Antes de que me contestara mi madre me llamo. 
—¡Sasha ven! — dijo ella. 
—¡Ahora voy! —grite. 
—Lo siento Albert,  me tengo que ir— dije al subir rápido a las escaleras. 



Tamara. A

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En el texto hay: suspenso, maldiciones, fantasmas

Editado: 11.09.2018

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