Los Fragmentos de la Reina

Tamaño de fuente: - +

Nueve Ocasos

 

 Los vehículos comenzaron a reducir su velocidad bajo la orden del comandante principal Dobrovolski, su grave voz anunció la proximidad de Kalika marcando la pronta llegada a destino. Las frondosas colinas bañadas por la presencia de las nubes ahora formaban parte de un lejano paisaje periférico, el pronunciado perfume del mar, aunque aún distante, llamaba la atención de los soldados que anhelaban conocer al menos de vista el exótico paisaje de una verdadera playa natural. Los escuadrones de protección, dirigidos por la milicia para trasladar a civiles desde un asentamiento Gesichert hacia otro, se encontraban escoltando a ocho Popplys de distintas Comunidades Santuario en dos grandes Waggon R3; estos vehículos, gracias a su robusto diseño de pesado blindaje y estable movilidad, aseguraban la vida de sus pasajeras aun sí surgiese una desafortunada eventualidad.

                                                         “Frente ulterior, dispérsense.”

  Sansnom escuchó las nuevas órdenes de Dobrobolski a través del receptor en su vehículo, una moto Dei-B Folding, y comenzó a alejarse de la posición central junto con los soldados que rodeaban a los Waggon R3 desde sus blindadas camionetas, aquello le indicó que estaban cerca de llegar al límite de Kalika. Aunque pronto se acercarían a terrenos seguros Sansnom permanecía tenso, no porque su función allí era ser una rata de laboratorio para la Comisión de Ciencia y el área P-Classification, o el que su “padre”, Jack Ferrec, haya estado de acuerdo con los comandantes que dirigían el traslado en acabar con su vida de ser necesario. Si no, más bien, porque sabía que dentro del primer Waggon R3, aquel que apenas podía divisar desde su posición, había algo de inmenso valor para él. Específicamente alguien, y su importancia era igualable a lo prohibido de su alcance. Había escuchado hablar de ella en el pasado, siempre en conversaciones a escondidas de él, jamás creyó que tendría la oportunidad de verla en persona. Cuánto más se acercaba al asentamiento Gesichert de Kalika, más eran sus deseos de quebrar toda norma para lograr hablar con ella.  

  Las cuatro jóvenes que se encontraban dentro del primer vehículo de traslado se miraban entre sí escaseando sus expresiones, el momento de arribar estaba cerca y, a pesar de que el trayecto había durado varios días, ninguna dejó de ser una extraña para la otra. Aquellas pasajeras tenían diferentes edades entre sí, también provenían de familias y comunidades Gesichert muy distintas, pero, a pesar de que todas querían ignorarlo, compartían el mismo significativo origen, eran Popplys. La estadía y seguridad de las nuevas estudiantes era por demás importante para Kalika, su presencia representaba a cuatro grandes pilares del orden de Erlösung confiando sus Popplys a la institución. Estas formaban parte de las últimas generaciones de jovencitas criadas de tal forma, en el año 118 ya eran escasas las familias que elegían adoptar a refugiadas forasteras en lugar de criar a su propia sangre. La pasajera más joven del primer Waggon R3, Eva Giordano, era la Popply de un influyente representante de la iglesia católica. Frente a ella estaba sentada Róxan Campbell, su padre era uno de los generales más importantes de toda la milicia Gesichert, el hombre sostenía una firme relación laboral con el Doctor Bellerose; padre de Verónica Bellerose, quien compartía el vehículo con el anterior par. Por último estaba la introvertida Celeste Ramírez, amada hija de la adinerada e influyente terrateniente Margot Ramírez.

 

  Las campanas de bienvenida comenzaron a sonar en toda Kalika con su descoordinada melodía, Jannyal reaccionó ante ellas abandonando su estado de ensueño por completo; pues la intensidad era tan ensordecedora que no pudo evitar cubrirse ambas orejas con las manos. Normalmente las solía escuchar con menos vigor desde el sector siete, lugar en donde acostumbraba tener asignado su trabajo. Al cabo de unos segundos ignoró con esfuerzo el acústico eco, no había otra opción ante su constante sonar, tomó el pesado balde con agua y lo arrastró unos centímetros más cerca del limité del balcón.

  Las personas al servicio de Kalika estaban en su mayoría alborotadas, el resonante campanario parecía ser el culpable de multiplicar la tensión sobre todas. Jannyal, entre tanto completaba su servicial labor, observó a las sirvientas que trabajaban en el Gran Jardín Central, todas correteaban de un arbusto a otro con, dentro de lo que ella alcanzaba a ver, un pequeño artefacto ovalado y de color bordó. Las esclavas parecían tener la singular tarea de rociar con fresca agua toda la flora que decoraba, con su basta inmensidad, el primer lugar que verían las Popplys al ingresar. Aquel galante deber le recordó nuevamente a Jannyal la importancia en los pequeños detalles que tenía la institución, todo debía ser perfecto y, de ser posible, al instante. Eso hizo que sus autodenominadas banales preocupaciones por dejar impecable el balcón del sector uno ahora fuesen una prioridad de vida o muerte, al punto de superponerse a sus psicológicos miedos más profundos.



Alexia V.

#565 en Fantasía
#234 en Thriller
#123 en Misterio

En el texto hay: academia, magia y fantasia, demonios y romance

Editado: 12.01.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar