Los Frutos del Tiempo Relatos Cortos

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Extinción indirecta, responsabilidad directa

La prensa rosa ardía por la primicia, el joven artista, conocido por todo el mundo y cuya principal característica es su distancia con la población en general, fue descubierto en un bosque, sonriendo como nunca antes ha sido visto y silbando frente a un árbol, indiferente a la presencia de las cámaras, quienes se encontraban tan ocultas que solo supo de su presencia cuando vio las noticias.

Desde hace tiempo que los medios trataban de obtener una fotografía de el en sus ratos libres, pero siempre resulto muy esquivo.

Tiene una casa en una zona alejada donde poca gente le conoce y cuya ubicación solo la saben sus agentes y algunos familiares.

Tiene la prudencia de su experiencia en seguridad informática para poder mantenerse a salvo por las redes sociales.

Tiene la conciencia ambiental de tal higiene que ni si quiera deja rastros para seguir.

Es en esencia, una figura pública en los escenarios y un fantasma fuera de ellos.

Cierto día, muy de mañana, un fanático andaba por el bosque, perdido de hecho, tratando de ubicar a su ídolo.

Mientras recorría aquel laberinto de vegetación espesa, oyó a lo lejos un trino, melodioso, reconfortante y rítmico.

Acercándose con cuidado, encontró a su ídolo, completamente distraído en meditar relajado, con una sonrisa apenas perturbada por el gesto de silbar mirando a la copa de cierto árbol frente a él.

Dándose cuenta de lo especial de la situación, saco su dispositivo móvil y disparo algunas fotos, tomo un video de algunos minutos y, distrayéndose para sacar su libreta y pedir su autógrafo, el artista ya se había ido.

Deprimido por haber conseguido su objetivo a medias, trato de salir del bosque sin éxito.

Días después, su cadáver fue localizado a la orilla de una carretera transitada, carcomido por las fieras, tal vez murió de hambre ya faltando poco para encontrar su camino.

La policía se encargó de hacer el levantamiento del cadáver.

No encontraron razones para iniciar una investigación por homicidio y dieron por cerrado el caso, entregando el cuerpo y sus pertenencias a sus familiares, quienes los recibieron apesadumbrados y sorprendidos por tan estúpida aventura del ahora difunto.

Entre los forenses sin embargo, estaba un fanático del artista, quien, descubriendo las fotos entre los archivos, filtro algunas en la red.

La prensa rosa, al acecho siempre de noticias de la farándula, descubrió las fotos cuando aún no se había viralizado.

Se hicieron pasar por los propietarios de las fotos y las publicaron en todo medio que tuvieron disponibles, ahorrándose la necesidad de comprar los derechos y ganando miles por medio de tan pocos esfuerzos.

La imagen se viralizó, como solo lo relacionado con este artista podría hacerlo.

Las fanáticas imprimían por montones aquel rostro sonriente y misterioso que las enloquecía. Su imagen se dispersó por todo el mundo, pero hubo una incógnita que atormentaba a los fanáticos.

¿Qué era lo que le hacía tan feliz, como para sonreír de tal forma como nunca antes se lo había visto?

Se inició una búsqueda exhaustiva, como las que solo la policía internacional es capaz de hacer y probablemente con mayor profundidad, de tal manera que la policía quedaba en vergüenza al darse cuenta el poder del fanatismo por sobre la justicia.

Los rastreos llevaron a los forenses que publicaron las fotos pero ellos no querían decir nada.

Se usaron métodos poco ortodoxos para extraerles información y luego de mucho sufrimiento, hasta que dijeron que aún quedaba un video más de dónde sacaron las fotos.

Olvidaron pronto a los forenses, quienes seguramente no podrán ejercer su profesión, bien sea por el daño recibido o por la reputación que habían adquirido.

Encontraron la familia del fanático estúpido que se perdió en un bosque al buscar a su artista idolatrado e intentaron por todos los medios recuperar el aparato.

La familia no quiso dar explicaciones, se hicieron a un lado tratando de alejarse de la deshonra que su hijo les había traído.

Misteriosamente, todas las posesiones de esta familia fueron destruidas, la tumba del joven fue saqueada y poco después, apareció el video que tanto buscaban, publicado en los medios, propiedad de la prensa rosa quien se encargó de viralizar la primera foto.

Las fanáticas, embelesadas por la relajante tranquilidad que manifestaba el rostro del artista, comenzaron a distribuir el video a una escala mundial, a pesar de que por alguna razón, el pedía que dejaran de hacerlo.

Últimamente parecía muy inquieto, se mostraba esquivo y no dudaba en tomar cada oportunidad para pedir que borren el video.

Sin embargo, la gente se había enamorado de su rostro, de su paz, del ambiente y de su canción.

El lugar de la foto, no tardo en volverse turístico y no tardo en volverse rentable, de la misma manera en que no tardó en ser destruido.

El silbido, muy apreciado por su melodía y tono, comenzó a ser distribuido, se lo oía en cada estación de radio, por la televisión y hasta en tonos de llamada.

Tal fue la sacudida mediática de estos contenidos que nadie se dio cuenta que era cada vez más difícil verlo en público, de la misma manera en que extraños golpeteos en los edificios alrededor del mundo se hacían más frecuentes hasta finalmente ir cediendo y desaparecer.



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En el texto hay: tristeza, ciencia ficcion, relatos cortos

Editado: 09.08.2018

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