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"La Gran Geografía Nacional"

La naturaleza, salvaje, incomprendida, siempre en busca de la supervivencia, demuestra en cada acción que realiza formas de colaboración y agresión difícilmente reconocibles por la sociedad humana, muchas veces dejándonos perplejos ante el comportamiento de estos seres inferiores.

En este capítulo de "La Gran Geografía Nacional" veremos el comportamiento natural de dos especies diferentes de animales en su hábitat natural, la gran selva petrificada.

A menudo, mientras estudiamos el ambiente de la gran selva petrificada, solemos ir descubriendo formas de comportamiento muy interesantes.

Por ejemplo, una paloma sin alas arriesgándose a entrar en la cueva de una serpiente con patas, en una extraña búsqueda de cosas que no son alimentos, con algunos casos, muy en contra de lo esperado, la paloma quedándose con la cueva mientras devora a la serpiente.

Sin embargo, uno de los casos más fascinantes, fue documentado en un rincón oscuro de la selva, lejos de donde el sol pueda alumbrar, y el tenue destello de estructuras bioluminiscentes sirve apenas de guía para los pasos de un investigador errante.

Allí, mientras andábamos a la búsqueda de un ladrillo de bordes angulares, fuimos capaces de contemplar un maravilloso y poco comprendido comportamiento de un gran elefante alado.

Siendo su hábitat natural los cielos, nos preguntábamos que haría en un lugar como este, donde su voluminoso cuerpo no le deja moverse libremente y, de seguro, sus congéneres lo aislarían hasta la muerte de encontrarlo por aquí. Pero observando con cuidado, descubrimos la razón de su inusual comportamiento.

Más profundo en la selva, se encuentra el habitad de los Ñus, seres voluminosos y sociales, pero no tanto como los elefantes alados, quienes al verlo llegar, tomaron el mejor camino para alejarse a toda prisa.

El elefante alado, a quien llamaremos Raptor, ignorando su comportamiento, parecía no tener interés en ellos y seguía caminando despreocupadamente, hasta llegar a un callejón sin salida hecho con troncos petrificados de esta jungla de piedra.

Allí, temblando de miedo, un Ñu joven, no había logrado acertar a un buen lugar para ocultarse, y termino arrinconado frente al elefante alado.

Nuestro equipo creyó que, después de ignorar a los demás, este elefante podría ignorar al joven Ñu de la misma forma, pero, mirando a todos lados e ignorando nuestra presencia, se acercó intimidante al joven Ñu y comenzó a agredirlo.

Como investigadores, firmes ante nuestro juramento de no intervenir en la naturaleza, observamos con atencion este comportamiento extraño y a la vez fascinante.

Pero su violencia fue cambiando poco a poco a una forma de agresión sexual, desembocando en una violación prolongada durante varias horas.

Pudimos notar, que entre los árboles, arbustos, ramas, suelo, cielo y todo lugar posible, asomaban miradas atónitas de otros seres que pasaban por el lugar.

Siempre nos ha sorprendido el instinto de auto conservación de los animales, y hoy no ha sido la excepción, pues, cada uno, después de observar que el asunto no les vaya a afectar, continuó con su rutina.

Al día siguiente, el elefante alado volvía a aquel oscuro rincón y los Ñus volvían a escapar.

De la misma manera, el gran elefante andaba despreocupado y terminaba dando con el joven Ñu del día anterior y lo agredía hasta finalmente violarlo durante horas.

Nuestro equipo de grabación siguió estudiando su fascinante comportamiento durante semanas, notando que cada vez que el elefante llegaba, terminaba dando alcance al mismo joven Ñu y siempre lo agredía sexualmente.

La capacidad del elefante alado para localizar a su presa demuestra sin lugar a dudas la sabiduría de la naturaleza.

Cierto caluroso día, uno en el que el sol no se había ocultado durante la noche, el elefante volvió a aterrizar por el territorio Ñu, con su paso firme y desinteresado, pero esta vez, nadie huyo.

Durante la noche sin sol, el joven Ñu, cansado de sus constantes maltratos, había logrado organizar una rebelión, orquestada tal vez, desde hace mucho tiempo.

Los otros animales, siguiendo su instinto de auto conservación, permitieron dar la sensación de que todo seguía igual, así que el elefante no tuvo ni la menor impresión de que algo malo le podría pasar.

Rodeándolo, una multitud de voluminosos ñus, alcanzaba a sumar dos veces el peso del elefante y lo atacaron brutalmente con todas sus fuerzas.

Viéndolo debilitado, los indiferentes animales también se unieron a la feroz batalla hasta que lograron matarlo.

Una vez caído lo expulsaron al territorio de los elefantes alados, con claros signos de violación a manera de advertencia para que no volvieran a invadir su territorio.

Cuando los congéneres del elefante alado vieron a su líder caído y descubrieron los despreciables actos que realizaba, decidieron lanzar una feroz guerra para eliminar a todos los habitantes de aquel rincón oscuro de la selva, con el fin de no dejar testigos que exhibieran el vergonzoso comportamiento de su líder.

La naturaleza no deja de sorprendernos y nosotros, los investigadores, seguiremos documentando sus sorprendentes formas de actuar, tanto en beneficio como perjuicio propio.



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En el texto hay: tristeza, ciencia ficcion, relatos cortos

Editado: 09.08.2018

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