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Noticias de la Tercera Guerra Mundial

Desde que comenzó la tercera guerra mundial, los gobiernos se han visto en la necesidad de crear armas que reduzcan el daño al propio ejército, por lo que muchos esfuerzos se orientaron en ese camino, desencadenando en mortíferas armas que destruyen y mutilan al oponente.

Sin embargo, destaca por su particularidad el invento de una investigadora Española en asociación con una Estadounidense quienes desarrollaron la que bien podría ser, el arma más peligrosa y aterradora hecha por la humanidad.

Durante las pruebas, demostraba un 100% de efectividad a la hora de reducir al oponente, inutilizándolo de la forma más horrible posible, causando un dolor empático en los espectadores, quienes no podían evitar retorcerse del dolor al ver al pobre sujeto de pruebas.

Los gobiernos oponentes lograron filtrar los esquemas pero dudaban de si habían conseguido obtener los correctos, la idea era demasiado absurda como para ponerse en práctica, a pesar de eso, comenzaron a diseñar un prototipo para probarlo en sus propios terrenos.

Cuando terminaron las pruebas, se quiso poner en marcha, pero las objeciones de los generales del ejército causaron demoras a la hora de llevar esta arma al campo de batalla.

Debido a esto, las investigadoras hicieron una versión de mayor alcance, capaz de abarcar miles de kilómetros de área, convirtiéndola en un arma de destrucción masiva, inimaginablemente poderosa.

El gobierno, dudando de su efectividad, a pesar de haberla visto en funcionamiento, hizo que se instalaran a escondidas de los generales, a fin de ejecutarla solamente cuando la batalla se vuelva demasiado sangrienta. De esa manera, se lanzaron los ejércitos ignorantes de tan grande peligro a sus espaldas.

Cuando los ejércitos finalmente llegaron al frente, un soldado descuidado activo el mecanismo que accionaba el arma y en cuestión de segundos, la devastación se hizo presente.

Esta arma se basa en el síndrome de Koro, por lo que su efectividad fue puesta en duda, habiendo en el campo de batalla, unos singulares sobrevivientes, quienes al ser un número reducido, no pudieron batallar y se limitaban a llevar de regreso a las víctimas, quienes se retorcían de dolor en el suelo.

No hubo forma de castigar al soldado descuidado, los generales también habían caído víctimas de esta arma, y únicamente las mujeres eran las que podían hacer algo.

Tardaron varios días en replegarse los ejércitos, los soldados ni siquiera se intentaban agredir.

En un radio de miles de kilómetros se siguió encontrando más víctimas, incluso toros, caballos y cualquier animal macho era encontrado retorciéndose de dolor, si es que no estaba inconsciente donde haya sido atrapado.

Se entrevistó a los soldados después de que hubiesen pasado los efectos al cabo de cuatro meses, muchos no querían hablar del tema y las secuelas psicológicas fueron muy severas.

Las investigadoras explicaron que esta arma reducía al oponente, mediante la emisión de ondas similares a las cerebrales para desencadenar un proceso psicológico similar al síndrome de Koro.

La diferencia es que los hombres sienten en carne propia como si lentamente unas pinzas gigantes les oprimieran los testículos hasta reventar.

Cuando despertaban, comenzaba la sensación nuevamente y así hasta pasar cuatro meses que es lo que duran los efectos.

Los gobiernos del mundo acordaron un tratado a fin de no usar esta arma, pero se ha desarrollado una especie de guerra fría al disponer de la misma tecnología en ambos bandos.

Mientras tanto, las investigadoras se encuentran desaparecidas y nuevos prototipos están apareciendo por el mundo, con las catastróficas consecuencias que esto representa.

Por el momento, la tercera guerra mundial ha terminado hasta que los soldados puedan caminar.



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En el texto hay: tristeza, ciencia ficcion, relatos cortos

Editado: 09.08.2018

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