Los Frutos del Tiempo Relatos Cortos

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Un muñequito de piel clara y cabello brillante

Era, como un muñequito, una personita pequeña, de piel clara y cabello brillante.

Era, como aquellas figuras de porcelana que compran en las tiendas para adornar algún escaparate.

Alguna mesa.

Alguna casa.

Era y es, lo que se podría llamar, un muñeco, pues, de humano ya no queda nada.

El problema surgió, cuando al nacer, le destrozaron el cerebro en una torpe maniobra del doctor.

Un derrame cerebral y un posterior infarto encefálico acabaron con la vida y esperanzas que tenían sus padres de un niño joven, sano y próspero.

En vez de eso, consiguieron un muñequito, cuyo cuerpo se desarrollaba normalmente, pero en su cabeza no había nada más que instintos básicos de supervivencia.

Al doctor lo demandaron, al hospital también, pero nada les devolverá a su hijo, fue lo que decían en las cortes.

Pero el hospital le devolvió a su hijo tan pronto como fue confirmado que no moriría.

Les devolvió una coraza de piel clara y cabello brillante.

Les devolvió un muñequito apenas parlante. Balbuceante.

Sus padres nunca se repusieron.

Al principio no se diferenciaba de un bebe cualquiera.

Igual de lerdo que cualquier bebe recién nacido.

Paso el tiempo y seguía sin diferenciarse de un bebe recién nacido, pero ya no era igual a los de su edad.

Con cuatro años, seguía sin poder ponerse de pie, pero era más complicado alimentarlo.

Al principio era exhibido como un precioso niño.

Todo en la vida de este ser, se desarrolló al principio.

El primero en caer, fue el padre.

El orgulloso padre de su nuevo heredero.

Un heredero que no heredara nada más que un juego de pañales.

Acabo con todo su dinero en alcohol y un día desapareció.

La siguiente fue la madre.

La orgullosa madre de un engendro apenas pensante, si es que acaso podía pensar.

La orgullosa madre de un bicho apenas diferente de una mascota.

La orgullosa madre de una criatura miserable que solo causa lastima.

Compasión.

Pena.

Dolor.

Los comentarios de vecinos, amigos y familiares fueron pudriendo su alma.

Luego, la fuga del padre la termino de corromper.

Cedió al alcohol como es normal en estos casos, mientras el chiquillo, seguía siendo aquel muñequito de blanca piel y cabello claro, cada vez menos cabello y cada vez más piel.

La única razón por la que se lo seguía cuidando, era para seguir recibiendo la indemnización que le sacaron al hospital.

Dinero es igual a bebida y bebida es igual a olvidar.

Olvidar a aquel engendro descerebrado que tanto oprobio la hizo pasar.

Olvidar a ese desgraciado que desapareció cierta mañana entre vapores de alcohol y volvió a aparecer meses después en un ataúd.

Olvidar esta vida miserable que le toco vivir por un descuido de un doctor.

 

La policía entro a una casa, bajo las denuncias de los vecinos.

En una cuna, un pequeño muñequito, de piel clara marcando los huesos y apenas con cabello.

A los pies de la cuna, una mujer, ahora un muñeco de piel clara y cabello brillante, hasta que se acabe de marchitar.



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En el texto hay: tristeza, ciencia ficcion, relatos cortos

Editado: 09.08.2018

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