Los Frutos del Tiempo Relatos Cortos

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Un fantasma mecánico

No importa lo que sucediera, siempre quiso mucho a su abuela.

Durante sus estudios, durante su carrera, sea lo que sea, pase lo que pase, estaba atento a la mujer que lo cuido desde pequeño y le brindó la oportunidad de vivir a pesar de que su madre lo había abandonado.

Pero la señora era vieja y cada día mas, notándosele en las dificultades que tenía para moverse y completar tareas que de otra manera serian sencillas para cualquier persona.

El chico, quien tanto aprecio le tenía, comenzó a trabajar desde muy temprano en un obsequio para quien le había dado todo en la vida.

Pero nunca alcanzo a entregarlo.

A la corta edad de 35 años, el joven murió en desafortunadas circunstancias, dejando a toda la familia desolada, en especial a la abuela.

Algún tiempo después, mientras la señora rebuscaba entre las cosas del joven, encontró un extraño artefacto, seguro producto de sus días de ingeniero, y por accidente lo encendió.

Era un robot, no demasiado complejo, pero sí muy avanzado.

Lo primero que mostro el robot fue, lo que sería el mensaje de sorpresa que le daría el chico cuando lo presentase al público.

Era un obsequio para la abuela, una herramienta capaz de apoyarla a medida que sus capacidades se iban reduciendo y él se iba alejando para construir su propia vida.

La abuela lo entendía.

Fue ella quien le dijo que debía vivir su vida en vez de quedarse junto a ella viéndola marchitarse. Pero el quiso dejarle algo, para sentirse menos preocupado por ella y para que ella lleve sus últimos días segura y protegida, casi como si el mismo estuviese allí.

El aparato, que no tenía forma humana, pero era de la altura de un niño pequeño, solicito contactarse con su creador para obtener los últimos fragmentos de código que le faltaban, pero la señora, al leer esto, solamente lloro amargamente.

El robot, que no tenía idea de que sucedía, solo se quedó frente a ella esperando ordenes que nunca llegarían, pues, la señora no estaba en condiciones de decirle que hacer. Sin embargo, después de un tiempo procesando el entorno, comenzó a moverse y a realizar labores domésticas con gran esmero y dedicación.

Era un robot realmente impresionante, capaz de hacer todo lo que fuera necesario en la casa e incluso apoyar a la señora en lo que necesitara, en especial cuestiones de movilidad.

El robot era capaz de levantarla, cargarla y apoyar sus temblorosas manos para que pudiera comer con mayor facilidad.

Pero, el aparato, creación de su nieto, le recordaba a su nieto y su pronta partida.

Ella siempre supo que se quedaría sola, se hizo a la idea de ello cuando le dijo que fuera a hacer su vida, pero nunca creyó quedarse a solas con lo que sería equivalente al fantasma de su nieto. Nunca lo creyó así.

No paso ni un mes cuando la señora, con el corazón hecho pedazos, apago al robot y lo guardo en una esquina para no verlo más.

Tiempo después, cuando la señora murió, de pena tal vez, por la edad, quien sabe, la familia redescubrió el aparato en un rincón.

Consternada por la presentación del robot, se dieron cuenta de que quien acompañaba a la señora era algo parecido al fantasma de su nieto y sintieron terror. Mucho terror.

Paso de manos en manos, ya que se convirtió en parte de la herencia, la cual fue distribuida equitativamente pues, la señora no dejo testamento.

Pero el robot pasó de mano en mano entre los hermanos sin que nadie quisiera aceptarlo.

Nadie, excepto la madre del chico, quien tomo el aparato, lo destrozo y vendió cada pieza para poder seguir apostando y pagarse un viaje a las vegas.



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En el texto hay: tristeza, ciencia ficcion, relatos cortos

Editado: 09.08.2018

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