Los ojos de la muerte (editanto)

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Prólogo

 BOSTON, OCTUBRE DEL 2000

     El cielo se oscurecía, era el sonido de los relámpagos sobre la noche y las sombras bailarinas. Era el innumerable olor a muerte y la sangre sobre el mármol, tan placentera para Javi cuando Christopher venía de coleccionar sus huesos. Si no hubiera sido porque Marc estaba satisfecho, Tony ya lo hubiera apartado para tener el mayor control de sangre, incluso Alex, sabíamos que él había hecho todo el trabajo sucio. La multitud examinaba las gotas que caían y se remarcaban en el vidrio dejando huellas, el departamento amueblado con pocos accesorios reflejaba un aura siniestra y escandalosa para los demonios de la noche, las cenizas estaban esparcidas a su alrededor y el pentagrama recién coloreado reposaba sobre la madera crujiente. Había ciertas partes podridas en los rincones, el piso era viejo. La anciana del departamento 218 estaba preocupada por los cinco muchachos, a veces llamaba a la policía con órdenes de restricción, pero nadie encontraba nada. Isabey, la anciana de casi setenta años había afirmado que los había visto meter un cadáver, así mismo, la policía supuso que la abuela alucinaba por la edad. Los muchachos eran mayores de edad, ambos vivían en diferentes lugares, Christopher Lombard era el dueño del apartamento en Boston. Vaya que tenía buenas multas por robo, pero no era nada grave que un muchacho sin padres no hiciera.

     Nadie se había enterado de lo que había pasado con ellos después de todo. Christopher no decía nada siquiera a sus amigos, era un misterioso de ojos color carbón que se las arreglaba solo para mantener el departamento y controlar el encarcelamiento en casa cuando lo pillaban robando. Tony sostuvo el corazón de su víctima, escurridizo, un corazón que seguía palpitando entre sus dedos huesudos. Javi se cruzó de brazos, estaba molesto porque sus amigos no le dejaron ver el acto. Le daba miedo ver un muerto, pero, ¿qué había de creerse vampiro? No estaban cometiendo algún ritual esta vez. Christopher sabía que esa cosa no era una chica sexy, rubia, universitaria y con ganas de pasar un buen rato. Ella era un demonio, no sabían de dónde había provenido, así que necesitaban ver la magia demoníaca a través de su corazón.

    Cada uno tenía una cualidad, y los cinco debían averiguar por qué querían asesinarlos. La puerta se abrió, Alex pudo sentirlo con todos los poros de su piel cuando la puerta rechinó. La piel de Javi se heló, y Chris se decidió por ir a atender. Ante sus ojos estaba la anciana, Isabey, llevaba sus lentes de aumento. Casi murió de un infarto al ver un chorro de sangre sobre el mármol. Gritó con terror y miedo, no podía hablar porque creía que si tan sólo lo hacía, sus palabras se quedarían mudas y la voz se le quebraría. Se preguntaba si todo ese acto era un crimen o si sus ojos estaban jugando con ella. En la mañana no habría temor, la luz del día coordinaría con su trepidante sol y las pesadillas se apagarían. Un suave roce se deslizó sobre sus pies como una fina línea escurridiza y viscosa en las dos plantas. Hace noches que soñaba con sombras, hace ratos que vivía temores, y cierta parte de ella presentía que esa noche moriría. Si Christopher no hubiera actuado lanzando un hechizo sobre ella, no le hubiera salvado la vida. Un humo grisáceo se esparció alrededor de la anciana, y después un bebé cayó en las manos de Christopher. Él no estaría listo para ser padre de una vieja alma que volvería a vivir.



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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