Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 1

BROOKLINE, NOVIEMBRE DEL 2018, EN LA ACTUALIDAD

  Corrí con precipitación para que él no pudiera alcanzarme, pero descubrí que me perturbaba con mis sueños y que aquella imagen que se repetía una y otra vez en mi cabeza era en realidad la mente de mi fantasma y el recuerdo de mi asesino. El susurro de su voz inundaba mi cabeza con gritos lejanos y las risas macabras que continuaban apareciendo cuando soñaba hacían que tuviera temor a la oscuridad de nuevo. Mis fuerzas eran débiles, y mi cuerpo se había deslizado sobre la profundidad del agua. Llevaba un rato dentro luchando contra el cansancio, pero era demasiado tarde, el peso de mi cuerpo no me dejó avanzar. Me había ahogado pisando una capa de hielo frágil y había caído. Lo último que recordaba era cuando miraba al cielo nocturno, la nube teñida en sangre y las gotas ácidas, los relámpagos que caían detrás de mí cuando corría acorralada por el bosque. Sentí como salía del agua siendo arrastrada hacia la tierra seca, abrí los ojos sacando todo el líquido de mi boca. Sentí un nudo en la garganta que no me dejó respirar con suficiencia. Observé a mí alrededor, nadie estaba allí conmigo. La luna creciente estaba encima, partida como una uña en lo alto del cielo estrellado. Tuve escalofríos transitando sobre mi cuerpo, el frío recorrió los poros de la piel, y los huesos y músculos dolieron mientras luchaba por ponerme de pie y sostener el equilibrio.

  La piel se me enchinó, sentí el miedo acorralar mi mente como una locura que inundaba el cuerpo y lo paralizaba. En el cielo, incluso en la tierra sobre mis pies, el suelo tembló. Di un paso frágil, y no evité caer de rodillas y respirar con cansancio, mis rodillas se habían raspado con las piedras enterradas en la tierra, mis manos brillaron cuando el astro las iluminaba; un brillo intenso más potente que una linterna. Sentí como un crujido en la espalda hacía que los huesos se quebraran y un ardor en la garganta hizo que vomitara sangre espesa. Mi vista comenzaba a ser borrosa, luchaba por poder dar un paso más, pero la cien me dolía, el hueso braquial estaba torcido y el hueso de la tibia estaba adolorido, tenía varias heridas de troncos incrustados en la carne enterrada entre cortadas profundas.

  Un conejo saltó de los arbustos, sus ojos eran rojos y su pelaje blanco. Intenté acercarme, pero sólo pude alzar la mano. Tuve pocas fuerzas para hablarle con ternura, pero una bola de fuego salió de mi mano y el conejo explotó. Me quedé boquiabierta, intacta, tenía la mano en el aire. Puse los ojos en blanco, observé cada uno de mis dedos, vi como el humo yació frágil como niebla en lo bajo de una montaña. ¿Cómo iba a explicarme a mí misma que una bola de fuego había salido volando de mi mano, y sobre todo, que había asesinado a un animal?

  Estaba tan asustada que no me di cuenta de que aún con los huesos rotos y el cuerpo decaído, me había puesto de pie. Mi mano estaba recargada en el árbol cuando un humo comenzó a salir debajo de esta. Quité la palma rápidamente y observé la huella caliente marcada en la madera. Una energía eléctrica comenzó a traspasarme el torrente sanguíneo con precipitación y un pequeño chirrido escurridizo sometió mis oídos.

  —No te asustes —musitó una voz femenina. Su cabello era rubio igual que el mío, era más alta y llevaba un vestido negro, la cola llegaba hasta el suelo. Se colocó de cuclillas y tomó las cenizas del conejo. Las esparció sobre sus manos y el animal apareció en las palmas.

  —  ¿Cómo hiciste eso? —me recargué exhausta en el árbol. Estaba mareada, tal vez era una de esas pesadillas de las que no podía escapar en las noches, esas mismas en las que despertaba sudando.

  Dejó ir al conejo irse entre los arbustos y caminó hacia mí, parecía tan segura de sí misma que no estaba adolorida ni asustada, no tenía miedo ni temor como yo lo tenía. Tragué duro, mis labios sabían a metal, estaba tan nerviosa que el sentimiento retumbaba en el estómago.

  —Bienvenida a Brookline. —el viento sopló las hojas y el estruendo de la bruma fría heló mis huesos. Estaba temblando.

  —No respondiste mi pregunta.

  —Aquí las personas no responden preguntas ni dicen dichos. Hacen cumplidos. Brookline es una ciudad de hechos, quienes no tienen la habilidad no pueden entrar. Es una regla estricta, pero algunos han dejado a sus hijos en el mundo exterior para cumplir la profecía sobrenatural. —una daga envuelta en un estuche verde apareció entre sus manos.

  — ¿Qué es? —pregunté. Había un tatuaje negro que parecía tallado en cristal sobre el estuche. La mujer me extendió la daga.

—Mi pregunta es, ¿estás lista para usarla? —tomé la daga con suavidad. Estaba segura de que esto era un sueño, ninguna persona normal te regalaría una daga a menos de que fuese un loco desquiciado. Desenvainé la espada, mis manos brillaron junto al tatuaje tallado en la hoja de la cuchilla, el filo parecía el diente de un dragón moldeado en plata. Mis ojos se reflejaron en el espejo del cuchillo, las pupilas brillaron en naranja infernal como llamas bailarinas en lava. —. Eso es un sí.



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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