Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 4

La mujer estaba examinando mis manos, mi piel brillaba con el brillo de la luna. Cuando por fin me soltó, comenzó a caminar por la habitación. ¿Acaso buscaba la daga? Sobé mis muñecas. Ya tenía mucha presión con Jacine y Christopher, ahora necesitaba saber con exactitud qué precio era el que yo tenía que pagar por haber vuelto a la vida.

—Sabía que ibas a guardarla. Nunca te quedas atrás aunque no tengas mucha curiosidad, Nicole. —sacó la daga de debajo de mi almohada. —. Debes tener cuidado, podrías cortarte una oreja.

Sacó la daga de la funda verde.

  —  ¿Qué harás con ella? —dudé.

  —En realidad no es una daga. —otra sonrisa se formó en su rostro. Colocó la cuchilla hacia abajo, y esta brilló con una luz naranja con demasiada potencia. Un anillo grueso y de oro real apareció en mi dedo índice. Había un dragón asiático color rojo que se movió entre mis manos, abrió la boca y un fuego intenso se dispersó en el aire. Aparté mi mano, intenté quitarlo, pero parecía estar pegado a mi piel.

  — ¿Qué has hecho? —hablé alterada.

  —Van a querer asesinarte todo el tiempo. Y no queremos que estés desarmada. —caminó hacia mí. —. Mi nombre es Tod, hechicera del infierno.

  — ¿Espera qué? —Tod inspeccionó en mis armarios con desagrado. —. ¿Cuál se supone que es el precio que tengo que pagar?

  —Si quieres que los enemigos te vean como una verdadera rival, me temo que tendremos que tirar tu ropero. —hizo una mueca y comenzó a sacar varios atuendos.

  —No puedo cumplir ninguna de tus esperanzas, no soy quien tú crees. Estás equivocada, Ahora, saca esta cosa de mi mano o si no me arrancaré el dedo. —mascullé.

—Volviste a la vida, eso ya es algo sumamente importante por lo que debes asumir responsabilidad. —observé el dragón agazaparse entre mis dedos.

  —No entiendo nada de lo que estás diciendo. —musité en voz baja.

—Esa noche no sabías cómo llegaste allí porque tú misma borraste tu memoria. El poder tiene límites, pero eres la última bruja que ha violado el plano dimensional de la magia. Tú has desafiado a la muerte al revivir cuando ya te habías ahogado. —me recargué en el peinador antes de caer. —. La magia tiene un precio. Tu deseo por vivir, el reflejo de la luna hechizada brillar sobre cada poro de tu piel… Has obtenido un don que ningún otro hechicero del infierno podría conseguir.

  Sus manos tocaron mis hombros.

  —Creí que sería tu hermana, Jacine. Pero al final eras tú, Nicole.

—Fue un accidente. —admití antes de que prosiguiera.

—Un accidente que debes asumir.

  —No sé qué es lo que quieres conmigo. ¿Quieres que sea tu esclava o algo parecido?

— ¿Has escuchado sobre la profecía apocalíptica? Los cuatro sellos han sido desatados. La noche anterior se desató el quinto. Las almas de los muertos regresarán para encontrarse de nuevo, todos aquellos que regresaron de la muerte esa noche, cumplirán su última misión en la tierra, Nicole. El precio de tu magia oscura más letal que cualquier otro poder dentro de ti es detener la profecía antes de que los últimos sellos se abran sobre el mundo.

 — ¿Cómo seremos capaces de hacerlo? —tragué duro. ¿Cómo iba a hacer tal cosa? Su vista se dirigió hacia mi mano.

  —El anillo te conectará con los demás elegidos. —respondió.

  — ¿Elegidos?

—Cada integrante de una familia sobrenatural que haya muerto es un elegido. En este caso, tomaste el lugar de tu hermana por equivocación. Tú tendrás que pagar su precio. —retrocedió, y después desapareció en un humo púrpura.

Al siguiente día en el instituto, yo y Christopher pasamos algunas miradas en el pasillo. Parecía que cada clase teníamos que pasar por allí, como si los casilleros estuvieran juntos a propósito. Soraya, Luna, Victoria y Kaz vinieron a buscarme en la última clase. Querían ir a comer algo y después ir a la fiesta de Kaz. Sus papás estarían de viaje, así que tenía la casa del lago para él solito.

  — ¿Invitaste a todo el equipo de Lacrosse? —preguntó Luna.

  —También a las sexys porristas, dejé afuera a Gennifer y a Emily. También estaban las de natación.

  — ¿Y por qué las sacaste? —dudé.

  —No son suficientemente atractivas. —alzó los hombros.

  —Eres un asqueroso —se quejó Victoria. Soraya observó a Luna y cruzó el brazo con el de ella.

  —Esta noche, todas haremos una apuesta por mil dólares —propuso.

— ¿Me estás diciendo vieja? —exclamó Kaz.

  —También tú. Conseguiremos salir con un chico atractivo. —continuó. Luna acomodó las gafas.



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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