Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 6

Llegué a casa a medianoche. Las luces estaban encendidas, y mamá estaba despidiendo a Sarah con la charla de todos los días. Preguntas sobre sus padres, los estudios, y cómo se portaron los niños. Saludé a Sarah y a mi madre evitando quedarme mucho. No quería que mamá me hiciera preguntas sobre qué era lo que había estado haciendo. Si algo vi en los ojos de Christopher, fue una indirecta aclarándome que nadie debía saber sobre la cabaña. Vi a Javi en la sala de mi casa viendo Guardianes de la Galaxia con mis tres hermanos. ¿Qué rayos estaba haciendo ese demente en mi casa?

  —Nicole, corazón. Has llegado. —Javi se puso de pie y besó mi mejilla. —. ¿Qué tal tu día con Christopher?

Los ojos asesinos de Jacine me miraron.

  —No estuve con ningún Christopher —mentí, subiendo las escaleras con el demente detrás de mí.

Javi se encerró conmigo en la habitación.

  —No quiero hablarte, Javi —arrumbé la mochila y me quité la chaqueta.

  —Le pedí a Christopher que te prestara la casa para que te concentraras en tu libro, no estoy haciéndote nada malo.

  — ¿Quieres salir conmigo? ¿Por qué no sólo me invitas y ya? No tienes que hacerme regalos innecesarios y menos que no provengan de ti. No quiero favores, Javi.

  —No pensé en eso, pero sería una gran idea. —propuso.

  —Nada lujoso.

  —No estaba pensando en nada lujoso. ¿Por qué no ir a la cabaña mañana por la noche? Pasaré por ti.

  —No creo que a Christopher le agrade la idea.

  —Ja. Claro que va a agradarle. Dijo que podrías usarla cada vez que quisieras.

  —Bien. Entonces nos veremos allí. Pero no pases por mí, no quiero que Jacine se dé cuenta. Es el único lugar sin rastro de ella.

Asintió.

  Kaz no dejaba de empujarse con Victoria al día siguiente mientras caminábamos hacia el auditorio de la preparatoria de Brookline. Alex chocó el hombro con Luna, tumbando sus libros y anteojos.

  —A un lado fenómeno —masculló. Kaz lo jaló de la camiseta.

—Discúlpate con ella —advirtió enfadado.

  — ¿Si no que, idiota? —Alex empujó a Kaz.

  —Ya basta —toqué su pecho para obligarlo a retroceder, pero Alex me tomó de la muñeca con brusquedad empujándome contra la pared.

  —No te metas, Bercher. No es un juego de niñitas.

   Las manos de Christopher lo empujaron hacia atrás, y su puño terminó en el ojo de Alex. Este le dio una patada en el estómago y Chris cayó al suelo retorciéndose de dolor. Después Alex se tiró encima de él y comenzó a darle golpe tras golpe. La multitud de estudiantes gritaban pelea, pero otros como nosotros estábamos asustados. Christopher lo tumbó y cada vez que jalaba su camiseta del cuello, un golpe aterrizaba sobre su cabeza y hacia que se golpeara la nuca.

 ¿Christopher golpeando a uno de sus mejores amigos?

  La sangre discurría por el rostro de Christopher. Le había roto la nariz a Alex y el ojo morado. Christopher se puso de pie tambaleándose cuando Marc alejó a Alex con brusquedad. Christopher volvió a abalanzarse contra el chico, y terminó jalando su camiseta contra un casillero.

  —Discúlpate —masculló enfadado. —. ¡Que te disculpes carajo!

 Se alejó de él, limpiando su sangre con la chamarra verde.

  —Lo lamento —nos dijo a los cinco.

—A mi oficina ahora, ¡Ahora! —gritó el director Sherman. Sus ojos color carbón me observaron.

 

 

 

  —No estaba peleando por mí —discutí una vez más con Kaz. —. Lo hizo por Luna.

  —Yo defendí a Luna, Christopher te defendió a ti. Vamos mujer, admite que le importas a Christopher Lombard —golpeó la mesa del comedor con emoción.

  —Alex estará suspendido, pero Christopher puede que lo echen del instituto. —Victoria tomó asiento.

—No pueden hacer eso —salté del asiento. —. Christopher es inocente.

  —Lo era hasta que se metió con Alex para defenderte —insistió Kaz.

  —Fue un error. Alex se disculpó con los cinco. No sólo conmigo.

  —Christopher no pelearía a golpes con Alex porque chocó contra Luna. Actuó hasta que te forzó la muñeca y te empujó contra el casillero.

  —De todas formas, si lo hubiera hecho por mí, fue una pérdida de tiempo. Sé defenderme sola. Aparte Kaz es el hombre del grupo. Él puede defendernos, no necesitamos a Christopher.

  —Nosotras no, tú lo necesitas. —dijo Soraya esta vez.

Bufé cansada.

Vi a Christopher con su mochila caminar por el pasillo. Estaba demasiado herido.

   —Iré a preguntarle —me levanté del asiento con la mochila. Salí de los comedores y fui tras Christopher. Pero Jacine había llegado primero, lo abrazó y lo besó.



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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