Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 7

Christopher atrajo al demonio con su látigo de espectro y le arrancó la cabeza. Me llevé las manos a la boca, él sólo apretaba los dientes enfurecido, y las gotas de sudor le caían desde la frente. Tomó mi mano y me llevó hacia los escalones con rapidez.

  — ¿Qué son esas cosas? —sollocé. —. ¿Qué hay con tu rostro? Deberías…

  —Son demonios. Esas cosas van a escucharte, vienen del abismo, Bercher. —su mano en mi cintura me empujó para que siguiera subiendo.

—No es tan fácil subir mientras hay demonios persiguiéndonos —hizo un ademán, y me cargó en su hombro. Subió rápidamente hasta el último y me bajó para recuperar el aliento. —. ¿Quién eres, Christopher? ¿Qué está pasando?

—Los demonios están aquí porque Brookline es como una estación. Lo sobrenatural está aquí porque se preparan para una invasión apocalíptica.

—Sabes de mis poderes —objeté. Claro. El chico lindo debía ser una especie de criatura sobrenatural. —, ¿y desde cuándo diablos lo sabes?

—Desde siempre, diablita.

  Bajó los escalones y desató de vuelta látigo de su pantalón. Le dio un latigazo a uno de ellos, y juntos retrocedieron. Nunca creí que los demonios existieran de esa forma. Creí que todos se concentraban en la vida real como misterios paranormales o parte de la religión. Pero ahora era demasiado creíble. Era real. Y aunque no quisiera creerlo, lo estaba haciendo esta vez por temor. Unas manos agarraron mi cuello encajando sus garras con profundidad. La sangre comenzaba a caer. Su piel era negra. Negra y quemada. No podía pronunciar el nombre de Christopher. No en alto. El demonio me lanzó contra los escalones y comencé a caer uno por uno con rapidez. Caí contra el suelo violentamente, una de las manos se me torció, y el hueso saltó dentro de la piel.

  Grité con profundidad, las lágrimas caían de mis ojos. No podía ver a Christopher, no podía ver a nadie más que al demonio oscuro que estaba frente a mí. Una fuerza extraña me levantó en el aire asfixiando mi cuello. Era magia demoniaca.

  —Aléjate de ella —el látigo golpeó contra su cuello, pero este se deshizo con facilidad. Dobló el látigo amarrando a Christopher de la mano y lanzándolo contra la pared con brusquedad. El chico quebró la pared y cayó de cara contra la banca con fuerza. La criatura dobló la cabeza,  los cuatro chicos aparecieron en el salón golpeando a los demonios con bolas de fuego que salían de sus manos. Christopher apareció a mi lado recién curado, y me cargó en brazos para sacarme de ese lugar.

  Un demonio atrajo a Javi del cuello arrastrándolo, pero Tony le arrancó el corazón, y Alex le clavó una espada en el pecho que hizo que se convirtiera en cenizas. Christopher me cargó en brazos y me sacó del salón. Pensé que me llevaría a la enfermería, pero sólo colocó su mano arriba de la herida, acomodando el hueso y curando las heridas y el dolor que sentía.

— ¿Llamarán a la policía? —sollocé, aún sentía el labio roto. Sus ojos me observaron con paciencia. No reflejaban temor, sólo conmoción por mí.

—Nadie vio esto. —respondió.

— ¿Qué? —fruncí las cejas. ¿Cómo que nadie vio esto? ¡Yo estuve ahí cuando todos salieron corriendo al ver que el auditorio se encendía en llamas!

—Javi hizo que todos volvieran al auditorio y escucharan al director Sherman. —me quedé sin palabras al escucharlo de su boca. No sólo tenían poderes mágicos como los míos, sino que tenían mi capacidad de borrar las memorias de todas las personas automáticamente.

  —Me estás haciendo parecer una loca… —desvié la mirada.

—No. No estás loca. Eres la única que puede ver y saber la verdad. —musitó, levantándose. —. Tus heridas están curadas. Puedes volver cuando quieras.

Medité unos momentos, y después lo seguí.

  —Nada en mí va a ser normal de nuevo. —Christopher se detuvo. —. Vas a venir aquí y me dirás por qué soy la única a la que creerán una demente.

—No estás demente, diablita. Yo, Javi, los cinco creemos en esto. Sabemos todo lo que ocurrió allá adentro. —masculló.

— ¿Qué haré teniendo pesadillas sobre todos ustedes asesinando demonios a lo idiota? —mis manos comenzaron a temblar.

  —Tendrás que aguardar, Bercher. Tendrás que estar de nuestro lado. Vas a tener que confiar en nosotros, porque de lo contrario, va a encontrarte. —suspiró con lentitud. Él se acercó y tomó mis manos. Había marcas de quemaduras, heridas marcadas con profundidad. La piel estaba saltada. —. No puedo dejar que no confíes en mí.

  —Confío en mis amigos. —retiré mis manos.



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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