Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 8

Revisé cada lugar en la cabaña. Moví los cuadros e intenté despegar las maderas que estaban algo despegadas. Debía haber algo en la cabaña sobre Christopher e Isabey. Hasta lo que Nick me había dicho, sabía que Isabey era una anciana, ¿pero por qué Christopher se metería con ella? Lo único que podía ser, era que Isabey hubiera descubierto algo sobre Christopher. La puerta se abrió de trancazo, me escondí en un armario sigilosamente. Christopher guardó las llaves en sus bolsillos y se quitó la chamarra verde. Se colocó de cuclillas y sacó una llave para abrir una cerradura en el mármol. Era una puerta pequeña, no podía ser un sótano, Chris no cabría. No era gordo, pero tampoco demasiado flaco para caber. Apenas si tenía pancita. Sacó una caja algo vieja y le sacudió el polvo. La abrió con otra llave pequeña y sacó una carta.

¿Por qué Christopher tenía un pedazo de papel resguardado? Se la guardó en el bolsillo y volvió a dejar la caja bajo llave luego se dirigió hasta el armario donde estaba escondida, nuestros ojos se encontraron desde los espacios entre la persiana. Abrió el armario y me empujó para salir.

  — ¿Qué hacías metida allí, Bercher? —quiso saber.

— ¿Por qué sacabas un pedazo de papel de una caja oculta en la cabaña? —repliqué.

—Ese no es tu problema. Di qué hacías allí dentro.

—Dijiste que podía usar la cabaña cuando quisiera. Estar escondida o no tampoco es tu problema.

  — ¿Te gustan las escondidas? No eres una niña chiquita, Bercher. Podría haber hecho lo que hice delante de ti. No es ningún secreto.

—Entonces muéstrame qué llevas allí —exclamé.

  —No es nada que te interese, diablita.

  —Sé lo de Isabey. —saqué el libro de la mochila encima de la mesa. —. Nick me contó todo.

  — ¿Tú qué sabes de Nick? —me arrebató el libro y tocó la portada con la palma de su mano. Parecía estar triste.

  — ¿Por qué ella te dedicó ese libro? Era una anciana, Christopher. —exclamé alterada. —. Nick dijo que escapaste la misma noche que desapareció, ¿vas a darme una explicación? Ella te dedicó este libro.

  —Isabey no es una anciana, diablita. —alzó la voz. —. Ella está enferma del corazón. Me dedicó el libro porque creía en cosas que nadie más veía. Yo era el único que sabía que todo era cierto. Ella da sus últimos respiros por mí. Y lucha contra los problemas cardíacos por mí. Jamás la lastimaría como piensas.

Solté una bocanada de aire.

  — ¿Qué hay de Nick?

—Es complicado. Nick no es la persona en la que deberías confiar. —me devolvió el libro. —. Todo lo que buscas está escrito aquí.

— ¿Ustedes pertenecen a los sellos? ¿Son los cinco principales?

—Cuatro de nosotros lo somos. —aclaró. —. El quinto no debe estar en esta tierra, y por eso quieren eliminarlo.

— ¿Quién es el quinto? —dudé.

—Ya tienes suficiente. Lo que quieras saber, vas a tener que hacerlo sola.

—Quisiera conocer a Isabey —comenté mientras tomaba la chaqueta algo molesto.

—No vas a interrogarla sobre esto. Todo lo que quieras saber, tendrás que saberlo de mí.

— ¿Quiénes son, Christopher?

—Te dije que lo olvidaras, diablita.

—Y yo te dije que nada en mí cambiaría desde que te conocí —suspiró cansado. —. Desde que los conocí a todos.

—Tengo que ver a Jacine. Javi comentó que está molesto contigo.

— ¿Por qué?

—Se suponía que iban a cenar ayer en la noche, y lo olvidaste por completo. —rodeé los ojos.  Claro que sí, no recordé que debía cenar con Javi.

—Tengo una pregunta más —me acerqué hasta él. —. ¿Por qué golpeaste a Alex?

  Se quedó intacto, como si lo que hubiera preguntado hubiera causado un impacto en su cuerpo que lo inmovilizaba.

  —Considéralo un favor para mi diablita favorita. —luego salió de la cabaña y subió a su auto.

Más tarde Kaz había traído los cafés y Victoria los panecillos. Soraya estaba hambrienta, debía ser los antojos del embarazo. Ambos tomaron asiento mientras Luna revisaba el bestiario cautelosamente.

  —Vivo en la biblioteca, pero nunca había visto este libro. —comentó.

—Pues debe ser porque la autora no recibió carta para la publicación. —Kaz le dio un sorbo a su frappuccino.

  —Debieron dejarlo a propósito. —dedujo Soraya. —. No hay un libro escrito a mano en una biblioteca, menos si no vive aquí.

  —Investigué lo que pude en internet, pero la información está en blanco. —tomé el café entre mis manos. —. Hay algo que no cuadra en esto



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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