Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 11

Mi piel se erizó cuando el demonio había asesinado a Marc delante de mí. Comenzaba a morder mis labios con fuerza arrancando los pellejos inconscientemente. Jamás en mi vida había visto a alguien morir. Mi mente no estaba lista. Nada en mí lo estaba. Las manos calientes de Javi tocaron con suavidad mis muñecas. El sombrerero me apartó detrás de él para estar a salvo. ¿Qué haríamos si ahora éramos cuatro? Ellos eran más, estaban esparcidos por toda la cabaña.

  Una bola de fuego se formó en la palma de Javi, llamas que chisporroteaban alrededor de sus dedos, había venas oscuras que se remarcaban dentro de la piel como líneas de sangre oscura que zigzagueaban.  Un hoyo se formó en su abdomen, Tony le había arrancado los sesos y sacado el corazón. Pero no tardó tanto en reformarse y tomarlo del cuello con su corazón aun latiendo. Un humo trémulo se formaba sobre su aura demoníaca. Las garras atravesaron el estómago de Tony, Alex atravesó su cabeza con el látigo. Ardía, quemaba como lava devoradora. El demonio tomó la espada de Alex y la clavó sobre su cuerpo atravesándolo en dos.

  Javi se abalanzó contra él quemándolo con bolas de fuego que el demonio retuvo con su magia. Javi no resistiría tanto ganar contra su poder. Fuera lo que fuera, Javi tenía el fuego en control absoluto. Pero eso no significaba que podía lastimarlo. La magia demoníaca era más fuerte y letal. Las mangas de su chaqueta comenzaron a quemarse, a desgarrarse y a herirlo. La carne comenzaba a desprenderse y la sangre coagulaba sobre el órgano de la piel.

  —Vete Nicole —gritó Javi reteniendo a Dagon. Los ojos del demonio brillaron de azul eléctrico. Sentí un fuego abrazador recorrer mi piel, conectándose con sus ojos fantasmagóricos y vengadores. Ni siquiera sabía si mi magia era capaz de detenerlo, no sabía cómo controlarla. Sentí el dragón que se agazapa entre los dedos, pero reposaba en un sueño profundo y tranquilo.

—No puedo dejarte, no puedo abandonarlos otra vez —sollocé. Tragué duro al ver a sus sirvientes formándose en la niebla grisácea. La luz trémula del sol agazapaba a los diablos.

— ¡Corre ahora o jamás podrás volver a ver a tu familia! —insistió. Salí corriendo, esa sería la última petición de Javi si moría este día.  Un demonio me ató el pie con un látigo negro y caí sobre la tierra seca. El olor a bosque penetró sobre mis narices. Solté un alarido, y golpeé al demonio con el pie libre. Como pude me desaté y volví a correr.

  Luego vi un caballo acercarse a toda velocidad, un caballo pálido con un jinete arriba. Me detuve cuando la bestia alzó sus patas ante mí. Los ojos de Christopher se cruzaron con los míos. Tenía magulladuras sobre todo el rostro y una herida profunda en el pecho descubierto. El jinete de la muerte bajó desprendiendo su látigo el pantalón. Sus manos brillaron, había rastros como de piedra en su piel, en los poros había manchas azul espectro, y había llamas azules sobre sus antebrazos.

  —Los tiene —solté una bocanada de aire. —. Y no me digas que corra porque no lo haré.  

No dijo nada, sus ojos brillaban de un color naranja fuego y espeso como lava en las pupilas. Al pisar el umbral, cada uno de sus huesos se quebró, y un aura lo invadió. Soltó un rugido que aturdió a los demonios, excepto a Dagon.

  —Mantenla escondida, Christopher —susurró uno de sus sirvientes. —. Dagon va a recuperarla.

  —No mientras esté detrás de mí. Puedes asesinarme, pero incluso muerto la protegeré. —respondió con la voz gruesa y ronca.

—Sabes cuál es el precio —advirtió el sirviente. La mitad de la cara era una calaca eléctrica. Javi soltó un alarido de dolor, corrí hacia él para ayudarlo. Estaba tan herido que parecía que moriría en mis brazos. Lo recosté en mis piernas y cubrí su herida con la bufanda que llevaba.

—Apretaré fuerte, te dolerá. —le advertí mientras enrollaba su pierna.

  —Vaya, nunca pensé que lo dirías primero. —sonrió. Incluso a punto de morir, Javi seguía siendo Javi.

  Un latigazo sobre el rostro de Dagon hizo que se desvaneciera junto con los demás. Apreté fuerte la herida en la pierna de Javi, y él gritó con profundidad. Luego vi a Marc despertar de la muerte. ¿Cómo diablos alguien regresaba de la muerte? Tony y Alex se ponían de pie con las heridas cicatrizadas. Y Christopher, él había aparecido sano y salvo.

  — ¿Quieres besarme? Parece que caí en un hechizo del beso de amor. —vaciló Javi.

—Si hubieras caído en un hechizo del beso de amor, no estarías despierto. —los chicos ayudaron a levantarlo del suelo.

Christopher estaba a punto de caer, parecía mareado. Lo tomé del hombro, pero no podía escucharme.

—Chris —susurré, pero sus ojos se cerraron, y su peso casi me derrumbó —. Chris…



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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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