Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 12

No hice nada si Christopher no lo quería. ¿Cómo iba a decirles a los demás que él no quería ser salvado? Luego de ello subí al auto y revisé el celular. Tenía cientos de llamadas de mamá, mensajes, e incluso uno decía que si no aparecía en casa ya mismo rastrearía el GPS de mi teléfono. Supuse que en eso estaba trabajando con la policía, si es que no lo hacía con la banda de Kitsunes de su esposo. Salté del susto cuando unas manos tocaron el vidrio, luego vi a Kaz. Mi amigo subió en el asiento del copiloto rápidamente.

  — ¿Qué haces aquí? —fruncí el cejo.

—Debería preguntarte lo mismo, ¿qué haces en la escuela a estas horas? Cuando dijiste que tenías secretos ocultos nunca pensé que fueran estos. ¿Haces arte callejero? ¿Puedes decorar mi cuarto?

  —Basta, no hago arte callejero y tampoco oculto nada.

  —No descarto la opción de que tengamos un secreto entre nosotros, ninguna de las otras chicas lo sabrá. —propuso.

— ¿Qué haces aquí, Kaz? —insistí mientras se acomodaba en el asiento.

—Bueno, no sé si decirlo u ocultarlo.  

—Podrías comenzar por responder mi pregunta.

  —Estaba con alguien. —nuestros ojos se encontraron. ¿Estaba con alguien?

  —Aja. Estabas con alguien, y entonces qué hacías con esa persona ¿Acaso hablas de Christopher?

  —No. No hablo con Christopher, y tampoco tengo por qué decirte qué es lo que hacía. Pensé que después de todo tendría mi vida privada en secreto. ¿Tú qué es lo que hacías? ¿Tú y el pandillero se ven a escondidas ahora? Al parecer no desapareció en realidad.

  —Tienes que responder o de lo contrario te bajaré de mi auto. —amenacé.

  —Entonces hazlo. Sácame. Atrévete y les diré a todos que te escabullías en lo oscurito con Christopher Lombard. —replicó él.

  —Bien, tú ganas. Te diré qué hago aquí y tú me dirás que hacías aquí. ¿Es un trato? —propuse. Así era Kaz, siempre eran tratos con él. Necesitaba algo a cambio para asegurarse de que nadie le viera la cara.

  —Es un hecho.

—Entonces, tú empiezas.

  —Luna quería que la acompañara en un asunto con Alex Daigo —dijo.

— ¿Dónde está ella? —si era cierto, el baboso no podía dejar a la chica sola en la noche.

—Digamos que fue complicado. —bufó.

— ¿Cómo que fue complicado? —exclamé.

  —Literal, a Alex le gusta Luna.

—Es imposible, Alex provocó todo un espectáculo porque quería pasar. No puede decir que está enamorado de Luna ahora. —protesté, era imposible. Alex ni siquiera podría estar al lado de alguien sin hacerle la vida imposible.

  —Ahora sin rodeos, ¿qué hacías tú?

  —Creí ver a Christopher cuando nadaba. Sólo necesitaba despejar mi mente. Pensé que tú también lo habías visto. —arranqué el motor del auto para dejar a Kaz en su casa.

No podía pensar en la locura de Christopher sobre dejarlo morir con Dagon. Era un idiota si pensaba que uno de nosotros iba a dejarlo pasar. Al llegar a casa estacioné el auto y vi a la policía en la entrada. Mamá corrió y me hizo muchas preguntas, luego supe que la policía no estaba allí por mí, sino por Jacine.

— ¿Qué ocurrió? —pregunté. Mamá y yo volvimos con Archer y los oficiales. Nick estaba en la sala de mi casa bebiendo chocolate caliente.

  —Jacine escapó de casa. Salió por la ventana.

— ¿En su versión Kitsune?

—En su versión humana. —corrigió mamá. —. Intentamos hablarle, pero gritó cosas sobre que quería morirse y que se iría de Brookline para siempre.

—Reaccionaría igual si un día despierto con orejas de zorro —musité con sarcasmo. En los ojos de mamá se veía que ella tomaba el asunto con seriedad. ¿Qué quería? Esta semana en el instituto había perdido la razón. Era claro que el mundo humano se había roto para siempre. Había especies sobrenaturales como hombres zorro y jinetes del apocalipsis, ¿qué más faltaba?

  —Tranquila, quizá fue a buscar a su novio perdido.

—Jacine me comentó lo de Christopher, ¿todo está bien en el instituto? —sonó preocupada.

—No. Alguien no puede desaparecer así como así. Algo le ocurrió a Christopher. —cuidé las apariencias. No le iba a mencionar a mamá que Christopher estaba poseído por un demonio que le ordenaba traicionar a sus mejores amigos.

Fui adentro, Nick se puso de pie y fue hacia mí en cuanto terminó su chocolate.

  — ¿Supiste algo de Christopher? —preguntó.



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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