Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 13

Me había ido dejando a mi madre con el asunto de Jacine, después de todo, estarían ocupados buscándola por toda la ciudad hasta que apareciera. El crepúsculo casi desaparecía, habíamos llegado a la cabaña en media hora. La puerta estaba abierta cuando llegamos. Marc entró primero para asegurarse de que no corriéramos peligro una vez dentro. Isabey estaba dentro, pero Christopher estaba encerrado en la habitación.

  — ¿Dónde está? —interrogó.

  —Está dentro. Dijo que así no me lastimaría. —Isabey apuntó a la puerta. Quise acercarme, pero Javi me detuvo. —. Es demasiado peligroso, Bercher.

Y tenía razón, mientras no pudiera controlar mi magia oscura, no podría hacer nada para defendernos. Alex rompió la manija de la habitación y Christopher retrocedió. Ver sus ojos de vuelta era como sentir una llama encendida en el pecho y no poder atravesarla porque te quemarías al intentarlo. ¿Qué haría Christopher? Me había advertido que me marchara de Brookline o todos nosotros moriríamos antes de intentar detener a Dagon.

  Christopher se abalanzó contra mí,  pero antes de que pudiera hacer algo, alcé mis manos y mis poderes lo tumbaron contra la cama. Todos me observaron, Marc era el único que sabía mi secreto antes de que decidiera revelarlo. Las gotas de sudor en la frente de Christopher me hacían tener conmoción hacia él.

  —Te dije que te fueras, Bercher. ¡Maldita sea! —su puño quebró el mármol.

  —  ¿Qué quiere decir eso, Nicole? —interrogó Marc. Dio un paso adelante enfurecido.

—Alto, no sabemos qué es lo quiera decir. No la culpes por todo. —intervino Tony. —. Ella lo explicará, ¿no es así?

  —Lo único que esta mundana hace es complicarnos la existencia —gruñó Alex.

  ¿Cómo explicaría todo tan rápido? Hace unos días morí ahogada, y la magia oscura me regresó a la vida por un precio. No sólo era yo la que debía explicar cosas, ellos estaban escondiendo que eran los cuatro sellos del apocalipsis. Blanco, rojo, negro y bayo. Victoria, guerra, hambre y muerte. El haber resucitado tenía sus consecuencias, dar mi vida para salvar a los que amo de un infierno apocalíptico.

  —No puedo controlarme, te asesinaré si no te vas. —Christopher luchó por ponerse de pie. Se veía débil, y las manos le temblaban.

  — ¿Qué hay de Jacine? ¿Acaso dejarás que lastimen a tu amor porque no puedes liberarte? —diserté enfadada.

  —No hables de ella. Puede defenderse sola.

—Eso crees. —balbucee irritada. Si Jacine no era su inspiración, Isabey sí lo sería. —. Tal vez mi hermana pueda defenderse, pero Isabey no. Si ella te importa no vas a dejar que te manipulen.

  — ¿Tienes idea de lo que siento cuando te veo, diablita? —dio un paso adelante. —. Quiero asesinarte.

—Tony dijo que todos ustedes tenían una manera para controlarse. ¿Podrás usarla para no sentir eso cuando me ves?

  —Quisiera. Pero lo mío es coleccionar huesos, diablita. —recitó con temor. Luego retrocedió asustado. —. No quiero lastimar a nadie si no lo merece. Ahora sé que tienes poderes y que vas a enfrentarme cuando quiera hacerle daño a alguien. Tú ahora eres el corazón de esta misión.

— ¿Qué es lo que esperas que te diga? ¿Qué voy a aceptar? Sólo soy una escritora. —repliqué. Christopher desapareció en una capa de humo oscuro sin decir ni una palabra más.

  Yo no era el corazón de su misión, no tenía suficiente fuerza para salvar al mundo. Tampoco me había preocupado por mí misma, sino porque los demonios dominaban a Christopher ahora.

— ¿Cómo es que tienes magia? —Tony se cruzó de brazos.

  —Morí hace una semana y resucité en medio de un bosque con poderes mágicos. —me lamí los labios. Sinceramente no me importaba cómo es que había conseguido la magia. Oscura o blanca era mía. En ese momento sentía un intenso calor por los nervios que zigzagueaban en los poros de mi piel, una comezón que quemaba, ardía, electrizaba como un fuego ensordecedor que cegaría mis ojos y agazaparía mi cuerpo retorciéndome y convulsionando por el miedo que tenía al saber que un día cuando salvara a la humanidad, moriría sin dar una razón.

  Las risas macabras que me hacían temblar antes de despertar sudando en la cama aparecían cuando sentía temor, aquellas que susurraban terror por algo que desconocía, y que helaba mis huesos.

  —Este anillo ayuda a que mis poderes no se salgan de control.

Javi tomó mi mano, y la soltó justo cuando el dragón le sopló una bocanada de fuego.

  —Es por esto que necesito que me ayuden. Si no logro usar esta magia, no podré ayudar a nadie. Sé que yo podré destruirlo. La hechicera lo dijo cuando me dio el anillo, soy más poderosa que cualquiera de ustedes. Mi fuerza contraataca el poder de los demonios más poderosos del infierno. Tomé el lugar de Jacine por accidente, ella es la que debió haber sido parte de esto, no yo.



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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