Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 14

Sentí rabia contra Nick, no podía concentrarme bien por el dolor que sentía. Apreté los dientes y observé mis brazos. Había una insignia, una máscara encendida en fuego. Lo tomé por el cuello de la camiseta y lo empujé contra los casilleros con fuerza.

— ¿Te sientes enojada, Nicole? No me sorprende que te guste asesinar después de conocer a esa banda de idiotas. —optó sin cuidado.

  — ¿Qué es lo que quieres de mí? —mascullé con dureza. Estaba enojada, harta de que todos se quisieran aprovechar de mi cuando estaba débil e ignorante.

  —No tienes ni idea de lo que ocurre a tu alrededor. —observé sus ojos, brillaban como naranja lava circulando en la pupila. —. ¿Ya le preguntaste a mami si sabe algo de Christopher? Podría sorprenderte si hablas con ella.

  — ¿Qué es lo que quieres lograr con tu venganza? No tienes ninguna prueba sobre Christopher. —retrocedí de mala gana.

  —La prueba eres tú. Sólo mírate, te estás convirtiendo en una de ellos. Quiero justicia por Isabey. —tomó mi muñeca con brusquedad. —. Tú querrás venganza cuando la oscuridad se convierta en tu perdición. Y justo cuando pises el dolor, el placer se avecinará y no podrás detenerte.

  Me zafé de su agarre, Nick sólo me observó como si estuviera viendo a un muerto. No podía culparlo, no había dormido en días y ahora que Christopher estaba desaparecido, Dagon estaría buscándome para llevarme con él. Respiré con profundidad antes de entrar a clases. Continué caminando hasta la clase de Historia, ni siquiera tenía ánimos, pero después del instituto Marc comenzaría a entrenarme.

Las luces del pasillo se apagaron, y unas manos me arrastraron hasta una pared. No pude gritar, Christopher me amenazó con su mirada. Los ojos color carbón habían sido reemplazados por ojos verdes fantasmagóricos como electricidad y chispas mecánicas. Observó mi tatuaje nuevo, pero no dijo nada porque no podía decirlo. Su mirada me decía que Dagon estaba aquí. Las alarmas de incendio se encendieron y el agua comenzó a llenar el instituto. Vi de reojo a un sujeto distinto al del otro día en el instituto. Tenía barba y bigote. Sus ojos eran azul espectro. Llevaba dos bolas de fuego en ambas manos, las llamas eran suficientes para encender la alarma. Christopher tomó mi mano y juntos corrimos por el pasillo con velocidad. Una bola de fuego rasgó la carne de mi rodilla y caí abalanzándome en el suelo y siendo un peso para él.

  —Estoy herida —mis manos resbalaron de las suyas. Christopher me cargó en brazos con fuerza. El demonio apareció delante de nosotros, una sonrisa peculiar apareció en su rostro.

Una capa de energía nos rodeó protegiéndonos de su magia. Sentí un leve impulso cuando un hechizo demoníaco intentó sobrepasar el domo. Los estudiantes salían, ninguno tenía la mínima idea de lo que estaba ocurriendo. Luego aparecimos en el campus. Christopher me bajó de sus brazos y me recostó sobre una banca.

  — ¿Qué haces aquí? —dudé.

  —No quise dejar sola a Jacine. —afirmó.

Vi a mi hermana correr a su lado emocionada, saltó abrazándolo del cuello y con las piernas en su cintura. Javi apareció después, comenzó a revisar la herida y a curar las quemaduras. Marc hablaba con Soraya, todo esto era duro para nosotros. Mi hermana al fin tenía a alguien y un poder que la ayudaría a ser inmortal.

  — ¿Te dolió? —observé a Nick sosteniendo mi pierna cautelosamente.

  —Aléjate de mí. —me levanté bruscamente.

  —No. —Nick me empujó contra él. Su mano en mi cintura me hizo estremecer. —. Escucha por un maldito segundo, Nicole.

  — ¿Crees que voy a escucharte después de lo que me hiciste? Creí que podría confiar en ti. —golpeé su pecho. —. No hay nadie más desquiciado que tú. Así que aléjate de mí.

 —Sé que tienes magia. ¿Tod ya sabe que te van a entrenar? —fruncí el cejo. ¿Cómo sabía sobre la hechicera del infierno?

 —No te diré nada. —retrocedí.

 —Quiero que confíes en mí. Yo confío en ti. —habló a mis espaldas. No vi a Christopher por ninguna parte.

 — ¿Por qué haces esto? —me devolví hacia él. —. Te metes en mi mente como un demonio e intentas controlarme.

 —Sólo quiero que escuches mi versión de la historia. —bufó cansado. —. Ni siquiera te detienes un segundo para pensarlo. Sólo me acusas porque tu diosa te lo dice.

  Hablaba de Christopher. Ni siquiera estaba endiosada con él. Pensaba en todos, en cómo le explicaría a mi padre que en poco tiempo moriría, que ni siquiera tenía un momento para llorar en sus brazos porque temía que quisieran salvarme y que lo arruinaran. Observé al chico, sus ojos eran azules como el océano, pero estaba segura de que detrás de esa belleza había oscuridad emergiendo, una que atacaría en cualquier momento.



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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