Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 15

Llamé a mamá, ella tenía que ayudarnos con este detalle. Encendí mi linterna, Javi iba a mi lado porque tenía miedo de que el hombre tigre me lastimara. Christopher también estaba allí, había dado una declaración a la policía sobre su desaparición. Ahora podría estar de vuelta en el instituto, y ni el entrenador ni Nick serían culpables por ello. En cuanto a Jacine, ella estaba acostumbrándose a ser lo que era. Aunque se asustaba porque algún día tendría cientos de colas de zorro. Javi tomó mi mano en medio de la oscuridad, después de todo, tenía un amigo que se preocupaba por mí en todo momento.

—Siento su rastro —dijo Tony. —. Está cerca.

  — ¿Estuviste bien contra ese tigre, cariño? —balbuceó Javi. La luz de mi linterna estaba dañada.

—Pude controlarlo. —observé a mamá y a Archer. Él le tomaba la mano con suavidad y dulzura. A veces me preguntaba por qué había dejado a mi padre y se había ido con este sujeto. Pero ahora entendía que las cosas pasaban por algo.

  —Necesito preguntarte algo. —me detuve junto a él.

—Lo que sea. —Christopher nos miró a lo lejos.

— ¿Qué pasó con Isabey? —apreté su mano con fuerza. Javi desvió la mirada.

—No puedo decirte… —respondió intimidado por la mirada del jinete bayo. Por algo tenía el aura de la muerte y coleccionaba huesos, era un sujeto protector de secretos.

—Dijiste que podía preguntar lo que sea. Te pido que me digas la verdad. —insistí.

—Basta de preguntas sin respuesta, diablita. —se interpuso Christopher. Javi se fue para dejarnos hablar a los dos. —. ¿Así que ya confías en Nick Walker? No me sorprende que lo hagas. Tienes una razón para hacerlo.

—No metas mi muerte cada vez que intento hablarte. No es tu problema. —Christopher me detuvo, observó mi muñeca y suspiró irritado.

  — ¿Fue él?

  —Harías lo mismo por ella. —me zafé con desgane. Estaba cansada de que Christopher me salvara la vida y que justificara que sólo lo hacía por Jacine. Ella me odiaba, era la persona menos indicada para preocuparse por mi muerte. Me sorprendía que no estuviera esta noche metiendo sus narices en la desaparición de Kaz.

Le había dicho a la policía que estaba perdido, pero no que era un hombre tigre. Los perros comenzaron a ladrar y a escarbar entre la tierra. Tony se colocó de cuclillas a mi lado observando las marcas. Había huellas anchas y de un animal.

— ¿Qué opinas sobre esto? ¿Crees que siga en su versión animal? —el chico se levantó sacudiéndose la tierra de los pantalones.

  —No. Encontré huellas humanas más allá. Es posible que Kazimir esté perdido y sin una mínima idea de lo que pasó. —el grito de su madre se escuchó a lo lejos.

  El padre de Kaz era oficial de policía, estaba a cargo del caso. Los perros se zafaron de las cadenas dejando caer a uno de los policías al suelo. Dejé a Tony hablando solo y seguí a los perros. Me detuve en medio de un precipicio. Mis botas rasparon sobre la tierra y varias piedras cayeron al vacío. Alguien tomó mi brazo y me hizo retroceder. Sentí el poder emerger sobre mi cuerpo, una corriente de fuego ensordecedor. El cabello negro de Christopher me llamó la atención al igual que sus ojos; decorados con un tono verde fantasma. Al igual que yo, él sentía la magia oscura proseguir sobre su cuerpo. Divisé un tatuaje dibujarse sobre su antebrazo cuando lo extendió para formar un camino de fuego que salía de su palma; una ola de llamas como la boca de un dragón hacia el vacío que conectaba con la mitad del bosque. Después de todo, el fuego se había convertido en piedra.

  — ¿Cómo lo hiciste? —pregunté, él pareció ignorarme mientras daba paso a su puente hechizado. Le seguí el paso, no iba a quedarme atrás viendo como él resolvía el caso solo.

  —Puedes darle forma a la magia. Los demonios tienen fuerzas y debilidades. Cuando Lucifer fue desterrado en la Tierra, notó que su espada se llenó de maldad asesinando toda su pureza, mientras los ángeles tenían la espada de Miguel, su espejismo asesinaría cualquier oscuridad. —se detuvo en el centro. Miré a abajo, y mi cuerpo tembló. Sentí que caería en cualquier momento. —. ¿Tienes miedo a las alturas, diablita?

—No. —mentí. Un pedazo de suelo se desparramó y mi pie se atoró. Caí en el puente sollozando por miedo. Christopher me observó decepcionado.

—No me gustan las mentiras, diablita. Una de ellas podría consumirte en tu propia destrucción.

Apreté los dientes con fuerza, las linternas de los oficiales calaron mis ojos. Javi se teletransportó y me ayudó a ponerme en pie. Me sostuvo para no decaer, me sentí mareada. El anillo de Marc se convirtió en un arco con flechas de oro. El carcaj llevaba cientos de flechas acumuladas con la insignia del dragón. Me di la vuelta, el Rakshasa estaba detrás de Christopher.



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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