Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 16

 

—Calma a tu chihuahua, Christopher. —la daga resbaló de mi mano cuando la pateó con su bota. Christopher se puso de pie y me ayudó a levantarme. —. ¿Ella es Jacine? Es más barata que la antigua.

  La mujer pasó a mi lado dirigiéndose hacia el club. Me sentía algo apenada al saber que ellos dos se conocían, ¿pero qué había con el comentario? Las heridas se Christopher habían cicatrizado. Sentirme torpe y débil era lo que transitaba por mi cuerpo. Mi celular comenzó a sonar, mamá estaba preocupada por mí. Lo único que recordaba era que estábamos en el puente y que cubría a Kaz con mi chaqueta.

  — ¿Quién era? —dudé.

  —Marc creyó que lo mejor para nosotros es ser vigilados, Selene se encarga de eso.

  —Debo irme, llegaré tarde al instituto. Suerte con su niñera. —la mirada de Christopher me hizo temblar. Recogí la daga que se deshizo en mi mano y salí lo más rápido posible del lugar. Vi a Tony, se había ofrecido a llevarme, pero creí que lo más decente era irme sola y llegar a la preparatoria antes de que perdiera clases.

  Por suerte Jacine cargaba ropa extra y había duchas en los baños de las mujeres. Tomé su ropa y corrí antes de que perdiera otra clase. Me había pasado por alto Literatura, y ahora solo faltaba Biología para sentirme acosada por la mirada de Javi. ¿Qué había pasado con todos los secretos de los cinco? La mochila cayó de la banca mientras me vestía, y el lápiz blanco con el número marcado en letras rojas se deslizó hasta el otro lado de los casilleros. Fui hasta él, y lo recogí entre mis manos.  

  Un lápiz era lo que nos había juntado, me preguntaba si sería capaz de separarnos también. Un ruido se escuchó al otro lado, me quedé intacta con la sensación de nervios en el estómago. Me pegué a los casilleros y vi de reojo a Christopher y a Jacine besándose. Genial, ahora sería parte de otro de sus encuentros de noviazgo. Intenté llegar hasta la salida del baño, pero choqué contra una chica de cabello pelirrojo que gritó ofendida por el empuje de cuerpos.

  Vi a mi hermana salir junto a Christopher. Ambos me observaron, de seguro se preguntaban si estaba espiándolos. No dije nada, sólo corrí sin tomar mi mochila hacia la siguiente clase.

  Sentí un impulso sobre mi pecho que me hizo caer de rodillas, raspé mis manos contra los casilleros y comencé a sollozar por el dolor. Algo estaba pasándome, algo que la magia oscura dentro de mí estaba provocando.

  Vi por primera vez su rostro, la muerte que quería arrastrarme. Comencé a gritar profundamente, pero ningún ruido salía de mi boca, era como si no tuviera voz y sólo sofocara al vacío. Las manos de Christopher me sostuvieron, y me recargó sobre su regazo en el suelo, acariciando las llamas del infierno que mis ojos veían al tocarlo. Negué con la cabeza una y otra vez, intentaba separarme de él para no lastimarlo cuando mis uñas se alargaban formando garras.

  Estábamos solos en el pasillo, ni siquiera Sarah, la pelirroja, o Jacine estaban buscándonos. Vi un camino de oscuridad devorar el suelo y cada grieta de la que salían demonios del infierno. Había voces en mi cabeza, pero a pesar del ruido y el dolor en los huesos, me sostuve de Christopher hasta que todo terminó. Vi mis manos palidecer bajo la luz yacente dentro del instituto, y el atardecer con la llegada del crepúsculo en el cielo. Sus labios carnosos respiraban al lado de mi oído, el olor a menta y a vainilla me hacía tranquilizarme cuando ambos estábamos sudando, habíamos vivido la misma pesadilla.

  A pesar de que todo había terminado, sus brazos seguían cruzados sobre los míos, y mi peso empujaba su cuerpo. No sólo estaba sudada y aterrada, tenía la espalda mojada por el agua en mi cabello. Me acurruqué en su cuello y cerré los ojos.

  —Tengo miedo —sollocé tranquilamente.

  —Lo sé, yo también, diablita. —me abrazó con fuerza. Sentí su calor sobre mi piel. Él me hacía sentir tranquila, me hacía desatar mis emociones como si no existiera un mañana. Pero recordar que estaba besando a Jacine me hacía ver lo contrario en sus ojos. ¿Había caído tan fácil a las garras de Christopher? Ni siquiera yo podría imaginarlo.

  Estaba celosa de sus ojos, de sus labios, de la forma en que la miraba a ella y la protegía, de la manera en que me consolaba sin explicación. Me levanté del improviso borrando el rastro de que hace un par de segundos él me acariciaba con en su regazo y calmaba mis pesadillas. Tragué duro, el solo pensar que estaba haciéndole daño a mi propia hermana me estaba atormentando. No era nadie para meterme con su novio y abrazarlo, sentir la misma pesadilla juntos y enfrentarla sin temor.

  — ¿Cómo lo viste? —desvié la mirada hacia el suelo. Christopher se quedó intacto mirándome, yo solo imaginé la fina línea que separaba ambos labios, y esa respiración que robaba el aliento cuando lo mirabas.



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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