Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 17

  Jacine había llegado a casa después. Mamá había tenido una charla pendiente con ella, pero a pesar de eso, estaba segura de que no entendería la lección. El haber hecho que nosotros nos separáramos a mitad de una misión suicida, había hecho que todo el mundo también dudara de ella y no sólo de mí. Los días pasaban, y Christopher no estaba dispuesto a mirarme. Nos habíamos besado, y ni siquiera eso hacía que las cosas dejaran de ponerse tensas entre nosotros. A veces recibía notas de Tony sobre cómo iban las cosas, al menos él no estaba enojado como los demás.

  Javi me preocupaba, no había asistido a clases desde ese día, nadie sabía que habían sido las cosas de él. Alex practicaba para el torneo de Lacrosse, y con Marc las cosas no eran tan difíciles, venía a cenar a casa y prácticamente se quedaría unos días para no estar solo, pues la fecha de la muerte de su madre estaba cerca. Él hablaba conmigo, y me entrenaba después de clases. No tocábamos temas sobre Christopher o los demás chicos, entre nosotros sólo eran miradas, saludos cortantes y lecciones de entrenamiento. No sólo me estaba ayudando en mi forma física, sino también a controlar mis poderes.

Sostuve una bola de fuego fatuo, una especie de ser viviente compuesto por metano y fósforo,  sólo brujos que eran portadores de magia oscura más peligrosa que cualquier otra podrían ser capaces de sostener un fuego de este tipo.  Marc decía que los hechiceros del infierno tenían límites, que todo el mundo que haya probado el sabor de la magia los tiene, pero nosotros teníamos pocos como violar las puertas del infierno o el cielo, o resucitar a los muertos y no pagar el precio entre la vida y la muerte.

—Patada arriba y golpe bajo —ordenó el jinete. Tomé balance e intenté darle una patada, pero su mano tomó mi tobillo y el jinete quebró mi pie. Grité de dolor al caer fuertemente al suelo. —. Te dije que patada arriba y golpe bajo, Bercher. Fue una orden.

Me levanté de improviso sintiendo los huesos crujir, el tobillo se acomodó y aproveché para golpear su abdomen, pero el jinete apenas se movió. Noté el ojo azul y el ojo café, ¿acaso era una especie de jinete híbrido? Marc tomó mi mano y la torció quebrando mi muñeca, luego me empujó contra el suelo de vuelta.

— ¿Crees que un demonio va a tenerte compasión? Usa ese maldito anillo y levántate ahora. —observé el dragón sobre el oro y las piedras rojas que brillaban alrededor.

La daga se deslizó sobre mi mano, era pesada, pero la usé para abalanzarme contra el jinete y chocar metal con metal. Marc no utilizó una espada, si no su flecha de fuego y oro puro, las flechas irrompibles del jinete blanco. Sus puntas estaban hechas de fuego fatuo y cristal, Marc había dicho que cualquier otro que las tocase quedaría vuelto cenizas.

 —Quiero que pongas la cuchilla en mi garganta, ahora. —ordenó. Me retiré, y tomé suficiente aire antes de saltar y volver a chocar metal contra metal. Golpes abajo, arriba, al lado, incluso me tiraba al suelo y me levantaba rápidamente, pero todos los golpes los retenía. Caí al suelo con fuerza y observé la punta de la flecha a centímetros de mi mentón.

Bajé la cabeza rendida ante el peso y el cansancio. Sentí un golpe eléctrico y chasquidos de fuego dentro de mi cuerpo. También había dicho que los síntomas eran porque el poder quería salir y que no podía porque el anillo los retenía. Y si lo hacía sin tener preparación lastimaría a las personas que amaba.

El cielo tronó, la lluvia no tardaría en comenzar. El jinete me extendió la mano y la tomé para ponerme en pie. El arco y el carcaj fueron consumidos como oro líquido y derretido deslizándose hasta formar de vuelta el anillo sobre su dedo.

—El entrenamiento de hoy acaba, pero debo aclarar que fue un fracaso como todos los días. —masculló por lo bajo.

—Perdón si te decepciono. —hice que se detuviera. —. Pero gracias a mi hermanastra he perdido muchas cosas, y estoy a punto de morir. ¿Cómo puedo concentrarme? Han pasado semanas y ninguno de ustedes se atreve a aceptar mis disculpas. He enviado notas, pasteles, comida, todo. Yo estoy decepcionada porque no son capaces de perdonarme.

Marc se acercó. Era estúpido porque me estaba notando débil ante él, estaba llorando sin parar. Caí de rodillas y me cubrí con las manos.

—Yo te perdoné. —musitó. Alcé mi mirada y vi en sus ojos que era posible que fuera verdad. —. Javi lo hizo, Tony también y Alex trabaja en eso.

— ¿Javi? —me levanté de improviso. —. ¿Por qué no me ha llamado entonces?

Marc suspiró.

 —Deberías buscarlo tú. No creo que pueda buscarte por él mismo. —respondió.

— ¿Y qué hay de Christopher? —dudé. Él era el que más me importaba. Y no soportaría si él no me perdonara.

—Lo lamento, pero Christopher ya decidió. —Marc se dio la vuelta y se marchó a ducharse.



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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