Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 18

El gorila permaneció intacto en la entrada del club.

  —El carnet es falso —respondió después de varios minutos de ver la identificación.

  —Por supuesto que lo era —Nick hizo que sus ojos brillaran. Minutos después, el gorila nos tendió el paso. Observé al Kitsune con sorpresa mientras nos adentrábamos en el club de Line Dark en la ciudad de Brookline. El lugar estaba entre calles falsas donde la basura olía a podredumbre. El humo yacía en el aire alrededor, una chica con el cabello rojizo por los hombros y piercings sostenía un puro sobre la comisura de los labios.

  —Tienes rojos los pómulos, Bercher, ¿acaso estás ruborizada? —fruncí el cejo enfurecida. No sólo se comportó como un idiota, había interrumpido mi beso apasionado y clandestino con Christopher, y sólo para llevarme a un estúpido club donde había un testigo que nos daría información sobre la desaparición de Isabey. Su nombre era Chake Devon, antiguo agente de la policía en Boston, uno al que le habían retirado la placa una vez que estuvo a punto de resolver el caso. Nick había dicho que Christopher era el culpable, de hecho para él, siempre lo era. Pero Chake sabía sobre la magia, y eso mismo había hecho que el hombre terminase de barman en Line Dark.

  Nos habíamos acercado a la barra, los ojos naranja neón del zorro harían que cualquier persona que no hubiera tomado ni un sorbo de cerveza comenzase a creer que alucinaba y demandaría al club por la marihuana en el humo de la pista de baile. Di un vistazo en lo que Nick pedía bebidas cerradas sin alcohol. Divisé a Christopher a unos cuantos metros. No habíamos hablado desde ayer en la noche cuando encontró a Nick en mi auto. Era fin de semana, y tenía entrenamiento con Marc, comida familiar, tarea y por último, la investigación de Nick que seguía en pie como todos los días en los que a él se le ocurría otra pista por donde seguir su estúpido camino sin salida.

  No había tenido tiempo para hablar con él sobre el beso, y explicarle que yo y Nick no teníamos ninguna especie de relación, consideraba al tipo como un callejón sin salida que me daba lástima y que sólo quería ayudar para que me dejase en paz, quería probarle a él mismo que se equivocaba sobre Christopher y los demás.

  — ¿Algo de beber, cariño? —era un sujeto algo robusto que llevaba una camiseta verde manchada y una gorra roja con blanco, los ojos verdes y el bigote y la barba hacían verlo más un mecánico que un ex agente de la policía de Boston.

  —Chake Devon, ¿no es así? —intervino Nick interesado. La barbilla del zorro me hacía sentir que lo que estaba diciendo, eran las cosas que hacía cuando tenía seguridad, levantaba el mentón cuando sentía poder en sus manos.

   Su cuerpo se tensó.

  —Tus ojos se agazapan y tu mirada perdida son la respuesta. —Nick sonrió por lo bajo.

  —La mayoría sabe mi nombre, después de todo no es ningún secreto.

  —Claro, pero la mayoría de esas personas no conocen tu nombre sabiendo quién eres en realidad. —el sujeto tragó duro.

  —Ve al grano, Walker. —bufé por lo bajo, sus ojos me observaron.

  —Te conozco. Sé que te he visto antes —dijo. Vi a Nick de reojo. Había perdido el paradero de Christopher, pero sentía su mirada sobre mí.

  —Imposible, es nueva en la ciudad. —Nick sacó la foto del reportaje recortado del periódico, la noticia sobre el muchacho sospechoso y la anciana desaparecida sin un rastro de sangre o un cuerpo. —. ¿Lo recuerdas? Nadie pudo enterrar un cuerpo porque no pudieron terminar el caso.

—Christopher Lombard. —respondió con amargura. —. Mi placa…

  —Conozco la trágica historia de principio a fin, robé expedientes y los aprendí de memoria.

  — ¿Usted sabe algo sobre Christopher? —hablé esta vez.

  —Lo único que sé es que deben alejarse, en especial tú, sé que te he visto hace un par de semanas con Christopher. Y no fue en Brookline. —apreté la mesa con mis manos.

  ¿A qué se refería? Viví toda mi vida en California, el cambio a Brookline fue suficientemente repentino. Pero jamás había visto a Christopher fuera de estas circunstancias.

  —No pudo haber visto a nadie parecido, debió haberse confundido. —opté por decir.

  —No lo creo, chica. Después de que hace quince años me retiraron la licencia, decidí dar mi tiempo para demostrarle al jurado que se equivocaba, y que arrestaran a ese maldito asesino.

  Tomó aire.

  —Revisé todo su expediente, él y su gente cuidó durante todo ese tiempo a dos personas. Dos niñas, diferentes rostros, diferentes identidades. Al principio me pregunté por qué un adolescente de veinte años se interesaba tanto en las dos. Y después vi que ninguno de ellos envejeció al pasar de los años. Lo vi enterrar un cuerpo, y exhumarlo al siguiente día. —se detuvo unos segundos para sostener el equilibrio, las palabras y la historia le pesaban. —. Luego te vi, ibas a alta velocidad por el camino que conectaba con Longwood y Brookline. Te habías detenido a una feria, subiste a un túnel en reparación y el personal tuvo que sacarte. Perdiste las llaves del auto, así que quisiste pedir un taxi pero ninguno pudo detenerse. Seguiste tu camino hasta que la lluvia te acorraló en una gasolinera. Él estaba contigo.



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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