Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 19

Tomé asiento en la última mesa de la biblioteca, aún tenía el libro de Isabey con la dedicatoria a Christopher y el lápiz. Había olvidado el asunto pendiente con mamá y el nuevo teléfono porque supuse que tenía que ver con lo de Jacine. Pero pensándolo bien, el lápiz nos había unido, y a parte había llegado a mis manos de una manera peculiar en que los cinco tenían algo que ver. Los reportes de la desaparición de Isabey Walker habían sido robados, y la familia de Nick vivía en Phoenix, Arizona. No quería preguntarle sobre ellos porque literalmente estaba evitándolo, ¿pero qué había sobre la muchacha de quince años que sufría de ataques cardiacos y que casualmente vivía con Christopher? Abrí la página que había marcado la última vez que me decidí en abrirlo.

Había una antigua leyenda sobre la reencarnación, volvías a nacer con un pensamiento evolucionado una vez de haber muerto.

La campanilla de la puerta sonó, y un muchacho con lentes de sol entró, casualmente dirigiéndose hacia mí.

Cerré el libro al darme cuenta de que era Christopher.

—Estás evitándome.

—Sólo evito que se te ocurra asesinarme de nuevo.

  — ¿Crees que si estoy a tu lado te llenarás de veneno?

«Creo que si estoy a tu lado te volverás mi perdición»

No dije nada. Tenía miedo de él.

—Intentas ponerme celoso. No soy tu enemigo, Bercher.

—Eso dicen las personas que me hacen más daño. —repliqué, desvié la mirada hacia cualquier otro lugar que no fuera a sus ojos repletos de oscuridad.

—Yo no quiero hacerte daño, jamás te lastimaría.

—Eso no es lo que afirmó Chake.

—Es sólo un policía. Yo soy más que eso.

— ¿Por qué no te vas a buscar a tu novia? Tengo cosas que hacer.

Tendió una silla hacia atrás y tomó asiento.

Bufé.

  —Isabey es mi hermana, compartimos la sangre de una antigua familia que entregó su alma al diablo. —se quitó los lentes. —. Mi madre amaba a otro hombre, un sirviente de mi padre. Practicaba todo tipo de acto satánico. Isabey es mitad humana porque mi madre lo era, pero este demonio le heredó el poder. Mi padre se enteró de que esa hija no era suya, así que le arrebató los poderes y le dio una enfermedad con la que duraría el resto de su vida. Mi madre huyó a la tierra de los vivos, mientras que mi padre asesinaba brutalmente a su amante y se quedaba conmigo para dominarme.

  —  ¿Por qué me cuentas esto a mí?

—Porque quieres saber la verdad y no descansarás hasta que encuentres respuestas. Te conozco más de lo que te conoces a ti misma.

Suspiré profundo.

— ¿Cuánto sientes por mí, Bercher?

—No importa.

—A mí me importa.

—No haré que piensen que tengo síndrome de Estocolmo. —guardé el libro en la mochila rápidamente, pero Christopher se puso de pie para detenerme antes de que pudiera huir.

— ¿Sabes por qué Nick te mostró esa visión donde había asesinado a alguien?

— ¿Por qué quería que viera el asesino que eras? —repliqué con sarcasmo.

—Sólo lo hizo porque quiere protegerte de mí.

—Me asesinaste, alguien debe cuidarme.

Se puso de pie y cambió de lugar a mi lado.

Intenté mirarlo, pero desvié la mirada.

—Estoy maldito. —dijo suavemente.

— ¿Qué dices? —fruncí el cejo.

—Hay algo debajo de mi cama que protejo con mi vida, y la única razón de por qué te lo digo a ti, es porque quiero que me creas, que sepas que intento protegerte de mí, pero es inevitable porque me gustas. —alcé la mirada. ¿Y si decía la verdad y le creía?

—Jacine también te gusta. —el jinete de la muerte tomó mi mejilla con calidez, acercó nuestros rostros mientras el cielo se teñía en celaje a través de la ventana.

  —Estoy obligado a estar con Jacine si quiero tenerte a mi lado.

—Es una tontería. —su nariz rozó la mía con suavidad.

—No lo es, y con el tiempo te darás cuenta.

— ¿Te gusto pero no puedes dejar a alguien que no amas? Es una estupidez, ni siquiera sé por qué sigo escuchándote. Ahora confío en Nick, él me salvará de ti.

  Me puse de pie y salí de la biblioteca antes de que se le ocurriese seguirme. Una llama apareció en mis manos, mis ojos brillantes en lava se reflejaron en la ventana, y mi cabello rubio estaba teñido en negro. La alarma del auto comenzó a sonar, y no se detenía ni siquiera aunque intentara apagarla. Alex se reflejó en la ventana, sus ojos eran rojizos como rupias carmesí.

—Javi está en problemas, mundana. Eres la única que puede sacarlo de allí con vida. —masculló. Vi una camioneta anaranjada, Tony iba de copiloto y Marc iba en el asiento trasero.



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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