Los ojos de la muerte (editanto)

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 20

  —Quiero orquídeas azules, y que todos vengan de gala, no quiero encontrarme con un degenerado en pijama. —advirtió Victoria mientras iba anotando. Era sábado, y en la noche tendríamos el baile de invierno en el instituto, uno que por desgracia nosotros teníamos que planear. Vi pasar a Nick, quise acercarme, pero ahora estaba ocupada con Victoria.

Caminé hasta mi casillero para traer algunas cosas que estaba guardando para este día, cuando vi una sombra atravesar el pasillo.

  —Te extrañé. —bisbiseó Nick a mi oído. Me di la vuelta y nuestras narices rozaron. Me estremecí al ver el iris de sus ojos, su acercamiento me hacía advertirme a mí misma que estaba cometiendo un error al estar allí con él porque me sentía parte de otra persona.

  —Yo no. —acepté sin cuidado.

— ¿Qué tal el beso con tu diosa? —atravesó los brazos contra la pared para atraparme entre su regazo y su cuerpo.

—No sé de qué hablas.

—Me besaste para darle celos, ¿crees que soy tonto?

—Tal vez lo hice. Pero fue por una causa.

Sus ojos me indagaron.

—No sabes con quién te estás metiendo, Nicole. Él es peligroso para ti.

—Todo el mundo dice eso, pero yo no veo nada en él.

—Algunos queremos protegerte. —carraspeó. —. ¿Ya tienes con quien ir al baile?

 Refuté con la cabeza.

  —Ven conmigo, sabes que te daré cosas mejores de las que él te da.

— ¿A qué te refieres? —observé sus labios a centímetros, me sentía más bien oprimida que animada a seguir protegiéndome.  

—No va a dejar a Jacine nunca.

— ¿Por qué? Tal vez lo haga y quiera estar conmigo. —objeté.

  —Christopher no va a dejarla porque si lo hace, morirás. —recargué mi cabeza en los casilleros y Nick se alejó.

  ¿Que yo moriría? Nick se fue alejando dejándome en seco. Llegando la noche, había escogido un vestido verde de cola largo, y de peinado, el cabello suelto y algo rizado. Jacine había ido con un vestido rojo que dejaba ver demasiada piel. Sujeté la mano de Nick mientras el fotógrafo ajustaba la cámara y nos encandilaba con el flash. Luna se había quitado los anteojos y llevaba un vestido blanco, acompañada por Kaz. Victoria había llevado a un amigo suyo, Dominic, quien llevaba el cabello emo y piercings en la oreja. Soraya había ido con Marc, Javi con una porrista, Tony llevó a su compañera de ajedrez y Jacine fue con Christopher.

  Me dirigí hacia la barra por algo de bocadillos, una simple excusa para alejarme de Nick un rato. No tenía humor para ir a bailes, pero mis amigos habían insistido.

Me quité el antifaz para tomar un sorbo de ponche.

  —Te ves hermosa. —crucé mirada con Christopher.

  —Tú no. —me acabé el líquido de un sorbo más.

— ¿Qué hice ahora a parte de salvarte la vida?   —insistió. Una llama traspasó sus ojos detrás del antifaz.

  — ¿A qué clase de maldición estás atado?

Christopher bramó.

—Le tomas mucha importancia a Slorah. —nuestras miradas se enfrentaron, había algo que escondía, algún dato más peligroso, una mentira piadosa y que atraería malas cosas en un futuro.

—Slorah me toma mucha importancia, y lo hago porque te quiero, Christopher. —le di un golpe en el hombro. Desvié la mirada después de decir aquello, porque el jinete no dejó de mirarme con intensidad.

  —Las almas gemelas están destinadas a estar juntas en el mundo de los humanos, pero cuando ambos son súbditos de la muerte… —vaciló. —. El destino es distinto.

  — ¿A qué clase de destino están sujetados? —soplé, vi parte de su tatuaje sobresalir por el cuello, una marca que lo hacía más atractivo y seductor en ese traje blanco.

—Uno envía al otro al infierno y el otro se convierte en huesos y cenizas si aceptan que se….      

  Esperé a que dijese algo, pero se quedó en seco.

—Si aceptan que se aman. —terminé la frase por él.

—No lo puedo pronunciar. —berreó con lentitud.

— ¿Por qué no? —el chico dio un paso adelante y rozó mi mejilla. Sentí ardor, un fogaje inapagable.

—Estar contigo es un acto suicida, Nicole Bercher. Pero me gustas mucho, y no, no quiero estar con tu hermana, quiero estar contigo.

—Entonces hazlo.

Se distanció escasamente.

—Esta maldición que recae sobre mí va a asesinarme, no es un simple juego. Mi padre me condenó a ser infeliz, a que cada chica a la que quiero se convierta en huesos recordándome por qué no puedo enamorarme de nadie.

— ¿Es por eso que sigues atado a mi hermana?

—Es más complicado de lo que parece. —tentó con exaltación.



Bekacastle

#6485 en Fantasía
#1180 en Paranormal
#426 en Mística

En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar