Los ojos de la muerte (editanto)

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 22

  —Odio las fiestas. —reprochó Victoria.

  — ¿Acaso hay algo que no odies? —Kaz le puso su gorra.

  —Odio tu gorra y cuando te pones rabioso, recuerda que aún me debes un auto nuevo

  —Te conseguiré un Arash AF10, tori.

  Jacine había organizado una fiesta en los terrenos de Christine Plumb y su familia. Había una fogata enorme y bailarines contratados encima de un foro. La luz de las luciérnagas decoraba el ambiente, y la alberca en un costado se veía divertida. Alex se quitó la camiseta y saltó al agua llevándose de encuentro a dos chicas mientras Luna lo observaba.

  —No le hagas caso a sus provocaciones, es un imbécil. —le recordó Victoria.

  En ese momento, cualquiera era menos destructivo que Christopher llegando en su Aston Martin DB11. Ambas puertas del convertible se abrieron, y los tacones de Jacine oprimieron el suelo. Llevaba un vestido oscuro abierto por el pecho y por la espalda, tan sólo cubría sus hombros. Llevaba lentes de sol en plena noche, y un sombrero de playa inadecuado.

  Dos Brilliance c3 color naranja se plasmaron a los lados, al menos a Soraya le había ido bien con Marc. Y Tony, a él se le resbalaban las babas por mi hermana, se notaba a lo lejos. Javi venía con otra de sus chicas rubias y con las curitas cubiertas por una bufanda.

  Desvié la mirada, pero sólo empeoró las cosas. El kitsune me miraba como si tuviera una estrella encima. Fui a los sanitarios para perderme un poco de sus miradas, me quité los shorts y la blusa para meterme al agua. Nadie había notado mi cambio, me había teñido el cabello de rubio cenizo esta mañana para evitar burlas y preguntas. Jacine si lo había hecho, pero evité darle detalles, después de todo su novio le diría.

  Me recargué en el lavabo y cerré los ojos para respirar.

  —Estás cansada, ¿por qué te obligaste a venir?

  — ¿Y tú cómo sabes que no me gustan las fiestas? —enfurecí. El jinete estaba detrás de mí sin camiseta y sin tatuajes. —. ¿Qué le hiciste a tus marcas del diablo?

  —Dímelo tú, diablita. También tienes uno en la espalda, justo arriba en tu cintura.

  Me di la vuelta precipitada.

  —Es el baño de mujeres.

  —Sí, bueno, no me importa mucho al respecto.

  — ¿Qué haces aquí? Te dije que te alejaras de mí.

  —Soy terco si no lo notas, diablita. Pero sólo quería decir algo, interrogar a mis amigos sobre mi vida es acoso.

  —No estoy acosándote.

  —No quieres nada conmigo pero estás empeñada en buscar una solución. ¿Crees que eres la única que no puede perdonarse a sí misma? Yo también estoy enojado.

  — ¿Por qué? ¿Por un zorro?

—He visto cómo te atragantas en su boca por años, de ti aprendí que se puede querer dos veces sin sentir remordimiento. ¿Sabes qué? Esta vez haré que me desees.

  — ¿Desearte? No eres lo que quiero en estos momentos.

  —Lo harás. Y yo disfrutaré estar con Jacine.

  —Te burlas de ella, ni siquiera puedes amar.

—Vive con ello. —iba a objetar, esto no se iba a quedar así, pero el jinete me empujó contra él, y cuando pensé que iba a besarme, no lo hizo.

  Tragué duro soportando la respiración, soportando mirarlo a los ojos y no a los labios.

  —Sé cómo escapar de ti, Christopher. —iba a empujarlo, pero él sólo se alejó con brusquedad hacia la salida y azotó la puerta.

  Maldito Christopher. Malditos sus besos y sus malditas caricias. La guerra era por amor, ¡todo lo era tanto en la tierra de los vivos como de los muertos! Todo era un suplicio por amor. Destrucción. Él era mi destrucción como la de mi antigua yo.

  Más tarde me sumergí en el agua, los brazos de Nick me atraparon cuando resbalé. Sí, le tenía miedo al agua y por eso siempre me quedaba en la orilla, pero mis pensamientos me hicieron ir hasta el centro de la alberca. Me abracé de él, y supe que estaba llorando porque tuve pavor al estar debajo del agua aunque sea por segundos. Le tenía miedo a lo profundo.

  — ¿Estás bien? —lo abracé con fuerza. Isabey creía que Nick era su apoyo moral, y que con él se calmaba en momentos más melancólicos. Lo supe cuando lo abracé. Pero mi yo actual no confiaba mucho en él, sino que sentía un peso que no me dejaba avanzar.

  Asentí.

  —Lo lamento. —me sostuve de la orilla caliente para dejar de abrazarlo.

  —Está bien, Nicole. No tienes que fingir que estás bien delante de mí.

  —Entonces también sentiste que había una conexión entre nosotros, porque siempre lo sientes al verme, y más con ese cabello teñido en negro, ¿no es así? Te hubiera ido bien con esa condesa que conmigo.



Bekacastle

#6484 en Fantasía
#1180 en Paranormal
#426 en Mística

En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar