Los ojos de la muerte (editanto)

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 24

Cuando vi a mi madre morir entre mis brazos, supe que este sería el final. La había asesinado sin darme cuenta de mis actos. Sólo quería vengar la muerte de mi padre, pero al fin de cuentas aquella persona no lo era. Dejé las rosas sobre la caja antes de echar el último puño de tierra. Mamá había cometido errores en el pasado con Isabey, y después conmigo. Éramos una sola alma, pero habíamos vivido distintas vidas. Nicole era la humana, e Isabey era la bruja. No tenerla a mi lado dolía. Estaba intacta, seguía asustada, acorralada por el monstruo que yo era.  Ni siquiera me merecía estar allí a su lado. Era por ello que había aparecido al final cuando ya todos se habían marchado. Me tiré en el suelo y sollocé su partida. Dolía tanto que me estaba destrozando por dentro. Jamás me lo perdonaré. Nunca. Ni siquiera cuando enfrente al demonio que me crió. Todo era su culpa por convertirme en la Bestia que yo era.

 Ahora estaba completamente sola. Tenía que esconderme de Jacine, y de los jinetes. Iba a ayudar a Dagon, era la única oportunidad que tenía para tenerlo cerca y arrancarle la cabeza sin piedad. Él no era mi padre, y aunque sentía compasión, no se merecía estar quitándoles las vidas a los inocentes.

“Melissa Bercher C. “acaricié la piedra y cada letra.

—Iré al infierno por ti, madre —las lágrimas corrieron por mis ojos. —. Lamento lo que hice. Lo lamento hasta la última gota de sangre que corre por mis venas.  Y juro en tu nombre, que asesinaré a ese demonio por ti.

Me puse de pie, las rodillas me dolían. Llevaba puesta una capucha para que nadie me viese en ese lugar. La policía estaba buscándome, Jacine los había llevado a la escena del crimen y habían deducido que fui yo quien cometió el asesinato de mi propia madre. Quemé el teléfono y fui por un par de cosas a casa. Jamás volvería a ese lugar, y tendría que buscar un lugar fuera de Brookline y California. ¿Pero qué haría con los jinetes y el apocalipsis? Hades también pagaría por culpa de mi padre biológico si todo salía mal como él esperaba.

 Después de tal tragedia, fui a Dark Line para pasar un rato con gente desconocida, bailar y beber con el carnet falso. Había tomado asiento en la barra, por suerte Chake Devon, el antiguo barman del club, no estaba ahí, sino, resolviendo los casos en el condado.

—Oye muñeca —un sujeto sobrepasó sus manos dándome una nalgada. Le arrojé el vodka en la cara y me puse de pie enfurecida. —. Vaya, hasta las zorras tienen actitud.

— ¿Qué es lo que quieres?

—Busco pasar el rato con una rubia de piernas anchas —saboreó sus labios.

—La última persona que quiso hacerme daño terminó tres metros bajo tierra. —amenacé.

—Está bien cariño, sólo pensaba en que tú y yo podríamos divertirnos mucho…

—Largo, ahora —ordenó Nick impidiendo que le arrancara la cabeza.

Nuestras miradas se encontraron.

— ¿Cómo me encontraste?

—Siempre voy a encontrarte hasta en los lugares más tenebrosos, ese es nuestro destino. —tomó asiento a mi lado.

—Vete por favor. —volví a mi lugar con la botella.

—Basta —me alejó la botella y le pidió agua al nuevo barman.

—Es una advertencia, Nick. Vete de este lugar antes de que intente asesinarte.

—No vas a asesinar a nadie porque no tienes esa intención.

— ¿Qué no? Asesiné a mi propia madre.

—Ella se metió en tu camino.

—Eres un hijo de… —Vacilé. Era incomprensible, una parte de mí no quería ofenderlo en lo mínimo. Isabey, la muerta quería reconciliar toda la vida que ambos pasaron juntos. ¿Pero cómo vería la gente a una anciana y a un Kitsune antiguo con aspecto de adolescente a su lado? —: tú sólo quieres verme como Isabey, por eso estás aquí. Sacándome de lugares peligrosos para que no intente hacerme daño a mí misma.

—Si vienes conmigo, te mostraré un lugar que es verdaderamente peligroso. —terminé mi trago.

—Te escucho.

Nick me llevó afuera para ver su Harley Davidson color rojo.

— ¿Quién te dijo que me gustaban las motocicletas? —subí al ataúd andante y encendí el motor. Su rugido era música para mis oídos.

—Tienes un tatuaje de dos alas cerca de tu trasero, era simple señal de que tus gustos por una Harley Davidson seguían en pie. —sonreí.

— ¿Me dejarás conducirla?

—Sólo si prometes mantenernos con vida. —se abrazó a mi cintura.

—Bueno, siempre he querido conducir una. Acertaste conmigo esta vez. —arranqué el motor a sesenta kilómetros por hora. Nos detuvimos en la autopista, y bajamos para ver la ciudad ante nuestros ojos. Cada luz que significaba como cada alma abundante en Brookline.

— ¿Por qué elegiste este lugar? —dejó el casco en la moto yendo tras mí.



Bekacastle

#6480 en Fantasía
#1180 en Paranormal
#426 en Mística

En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar