Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 26

Me detuve en frente de la estación de policía con el celular en la mano. Era hora de tener ayuda del oficial Chake Devon para encontrar a Nick. Había llamado al hombre zorro cientos de veces y ninguna de ellas respondía. Lo que fuera que Dagon le estuviera haciendo, no permitiría que siguiera con su estúpido plan. Di un paso adelante, y nada me frenó. Una multitud de policías salió sin prestarme la más mínima atención hacia sus patrullas. Me escondí al lado del umbral cuando divisé al policía al mando, Chake Devon debía tener un nuevo puesto y un sueldo con el que sería capaz de atrapar nuevos cabos sueltos. Unas manos me jalaron hacia el resto del estacionamiento, y sus garras apretaron las mías.

— ¿Qué haces aquí? —maldije por lo bajo hasta que Tony me sacase completamente y que ningún oficial de policía reconociera mi rostro.

—Iba a hacerte la misma pregunta. —nos detuvimos delante de su BMW z3 color crema. Me crucé de brazos, no pude evitarlo, necesitaba estar preparada para cualquier cosa después de ahora. Verlo me provocó escuchar voces y alucinar con su maldad interior.

—Dagon habló conmigo, dijo que Nick estaba atrapado en una cueva. ¿Y si está herido? Me siento culpable porque no puedo ayudarlo. Y la única manera de hacerlo era implementar su búsqueda.

—No tendrás que buscar más soluciones, yo lo llevé allí.

— ¿De qué hablas? —su oscuridad se incendió en rojo ámbar a través de sus ojos.

—Ahora colaboro con el enemigo, es más fácil tentar nuestras emociones y no nuestros deberes como jinetes del apocalipsis.

  — ¿Qué Dagon se olvide de su misión?

—Tres estados de Estados Unidos han reportado casos de posesión. California, Texas, Pensilvania, la gente reza porque la muerte no toque su puerta en medio de la tormenta.

— ¿Es mi padre? —fue innecesaria la pregunta, pero tenía que saberlo.

—No puedo darte información, creo que lo entenderás.

—Ahora ninguno tiene compasión. Puedo entenderlo. —lo vi abrir la puerta del piloto. —. Dile a tu jefe que si intenta asesinarme, lo llevaré conmigo a toda costa. No permitiré que siga haciéndoles daño a las personas. Tanto a las que amo como a las que merecen mi protección.

Esperé a que dijese algo, pero se quedó sin palabras. 

—Tony —dije antes de que fuera más tarde. —.  ¿Qué hacías tú aquí?

—Slorah fue a Dagon hace días, y pidió un territorio en Brookline. La estación de policía y el instituto. 

— ¿Para qué lo necesita? Creí que siendo el demonio tendrías todo lo que deseabas con tu magia. 

—Le quitará las Astras a todos los seres sobrenaturales en Brookline, desterrará a los humanos sin una mínima idea de que nosotros existimos, y controlará a las brujas a su antojo. Estos tres estados ya están llenos de su plaga, ejércitos de demonios con Astras híbridas están a punto de cruzar las fronteras del consulado sobrenatural. Slorah necesita el poder a cambio de entregarle sus alas a Dagon.

  — ¿Para qué quiere Dagon las alas de un demonio? —necié. Tal vez no se trataba de la humanidad, sino de mí. 

—Quiere las alas para hacer un hechizo. —abrí la puerta del copiloto y subí antes de que dijese algo más. —. No, Bercher. Baja del auto, de ninguna manera te llevaré. 

— ¿Pensabas arrancarle el corazón a cada una de esas personas en la estación? ¿Qué demonios hizo que tu corazón se oscureciera? 

  —Necesito llegar al instituto lo antes posible, antes de que otro heraldo tome lo que necesito. Te explicaré en el camino, pero primero tengo que arreglar esto. —dirigí mi mirada hasta sus manos, Tony estaba sosteniendo dos claves, rojo y verde.

  — ¿No es tu auto?

  —Tenía prisa, no pude pedirle un auto prestado a Christopher. —puso el automóvil en marcha después de varios minutos.

 Aceleró la velocidad y tuve que agarrarme de la puerta antes de salir volando. Manejó el volante por una curva y el auto aceleró mucho más. El auto traspasó un portal en medio de la autopista, y de un minuto a otro aparecimos dentro de otro mundo destruido por el caos.

  Ambos bajamos del auto, era Brookline, pero en una versión destruida en ruina y fuego azul.

— ¿Qué es este lugar? —Tony sacó unos botes de gasolina de la cajuela. —. ¿Y eso?  

  Me extendió uno de ellos.

  — ¿A dónde iremos? —lo seguí por la entrada del instituto.

—A quemar evidencias. Todo eso irá por allí —señaló el pasillo donde estaban nuestros casilleros, el mío y el de Christopher. —. Yo iré a deshacerme de otra área, quédate aquí y no te muevas por ningún motivo.

  Asentí y comencé a esparcir la gasolina en nuestros casilleros, y una línea de petróleo en todo el pasillo. ¿De qué evidencias hablaba? La puerta de un casillero se abrió, y una larga lista tachada en sangre cayó hasta mis pies. Me acerqué con cuidado dejando el bote a un lado y curioseé con la lista tocándola con las yemas de mis dedos.



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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