Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 30

Todas las historias eran ciertas, la magia existía, los demonios y los ángeles eran reales y combatían una guerra hasta la fecha, pero nuestra guerra aún peor: la muerte. Una palabra que te erizaba, una pelea infalible, inédita, una sola cosa que el destino decidía sobre ti sin que tuvieses opción.

Mi madre era una bruja antigua que hizo tratos con demonios a cambio de resucitarme en otra vida y hacerme tener poder sobre la muerte.

Habían pasado días, y la policía no dejaba que Nick tuviese visitas. Ninguno de los jinetes respondía el teléfono, y mis amigos tenían exámenes.

La casa se sentía sola, mis hermanos se distraían en otras cosas para no pensar en la muerte de mamá, Jacine seguía capturada por Trisha, Archer preparaba al clan Kitsune para un ataque, y yo sólo esperaba a que el último sello cayese.

Acaricié mis labios con la punta de mis dedos, y al cerrar los ojos, recordé la sensación que se sentía al tener a Christopher, y después la desesperación porque volvía a perderlo. Una parte de mí recordaba mi vida pasada, y las visiones seguían apareciendo.

Veía a los muertos, y ellos me veían a mí.

Era más que una conexión, era tener a la muerte encima no dejándote respirar.

Christopher era lo único que me mantuvo a salvo cuando más me sentía sola, después loca, y al final, su voz sólo quedaba enterrada en mi mente.

Cada letra eran sus palabras, y cada susurro era mi esperanza.

Alguien tocó a la puerta, y abrí sin tener miedo de que algo sobrenatural estuviese a punto de asesinarme.

—Christopher… —dije sin querer. Quería que fuese él, pero sólo eran mis amigos de la preparatoria con charolas de comida.

¿Consolación? Era buena idea por su parte.

Soraya ya tenía casi cinco meses de embarazo y había dejado el instituto. Victoria estaba practicando para ser parte del equipo de porristas, Luna decía que su padre había visto a un hombre parado en la entrada dejando flores cada noche, y Kaz tenía suerte con sus padres al aceptar su naturaleza. Al parecer era de familia y todos eran iguales a él, no estaba solo.

Yo por otra parte, extrañaba a Christopher.

Las lágrimas comenzaron a caer de mis ojos sin parar, era tan horrible la sensación de llorar por la causa de extrañar tanto a esa persona que nada podía reemplazarlo, no tenerlo a mi lado era un vacío que no se llenaba con ninguna otra cosa.

Sólo quería abrazarlo sin pensar en nada más.

Sin pensar en la muerte.

Más tarde me puse a investigar sobre la jerarquía infernal en la que estaban condenados todos los señores del infierno y súbditos de la muerte, si encontraba algo en el libro de la difunta Isabey, quien era hermana de Christopher, lograría encontrar algo que me separara de esa firma de muerte.

Un ruido fuerte se escuchó en la planta de abajo, me escabullí entre las sombras y divisé por el barandal de las escaleras a tres hombres con garras y caras borradas por la oscuridad; rostros de humo fantasmagórico.

«Desháganse de los zorros, yo iré por la chica» Mi mente volvió a traducir el idioma.

Eran demonios, pero hablaban Theban como las brujas.

Debía ser de la jerarquía infernal, quienes eran parte, brujas o demonios, sabían el idioma de nacimiento.

«Atrápenme si pueden» Hablé mentalmente, pero fue suficiente para que ellos observaran en mi dirección.

Debían ser hombres de Dagon, cuando mi padre dijo que no se quedaría así hablaba en serio.

«No escuches las trompetas» Las palabras de Nick vinieron a mi mente cegándome.

Me teletransporté mentalmente a mi otra vida, eran poderes de los miembros de la jerarquía, ser invisibles y poder teletransportanos incluso en los sueños. Estaba en mi cuerpo, y veía a la verdadera Isabey alistarse para una fiesta de Halloween con ese atuendo de enfermera sangrienta.

Era mi mismo rostro en un cabello castaño, el color pálido de mi piel y los ojos verdes de mamá. Pero incluso observándose al espejo, sus ojos brillaron en naranja como las huestes del infierno.

Una corte de cultos satánicos estaba rodeándola con protección, e intentaba cubrir el ojo de Shiva con un  collar negro. No era suficiente perteneciendo a las tinieblas.

Permanecí detrás de ella admirando su belleza, nuestra belleza. Quienes éramos antes y ahora, sentíamos lo mismo, aprendimos lo mismo, nuestra alma había tenido dos vidas diferentes.

—Llegaremos tarde, Bey. —una voz femenina se me hizo familiar, y después la vi. Victoria. Ella estaba allí, en esa vida como en la de antes.

« ¡Victoria!» grité desde mi cuerpo no corpóreo.

— ¿Estás lista para esta noche? Tu dulce amante no querrá que lo dejes plantado.

—Esta no será una noche de imprevistos, prometí que olvidaría a Christopher Lombard y lo hice, Nick no es mi amante si no estoy con alguien más que no sea con él.

—Entonces no te importará que me lleve a la fiesta. —la mirada escalofriante de Isabey la estudió con atención, hasta los pendientes se le cayeron de las manos.



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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