Los ojos de la muerte (editanto)

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Capítulo 31

Verlos tan juntos dolió mucho.

Tal vez teníamos el mismo rostro, pero no éramos la misma persona. Retrocedí junto a los jinetes mientras ambos sujetaban sus manos y observaban a mi padre. Dagon no dijo ninguna palabra, y tampoco lo escuchaba mentalmente. ¿Acaso Isabey conocía su voz?

—Es tu parte del trato, jinete —habló Trisha esta vez.

—Primero deja ir a Jacine y a Tony. —el cuerpo de la quimera se tensó.

—No se puede.

— ¿Por qué?

—Porque están en un rito sagrado de la jerarquía.

— ¿Los has mandado al infierno? —Marc apretó el arco.

—Ellos decidieron colaborar si no querían morir, fue su única opción.

—Tráelos de vuelta y me dejaré morir.

—Me temo que ese no era el trato que acordamos, Christopher Lombard. —Slorah enfureció.

—Este es mi nuevo trato. Deja ir a mi gente y tendrás mi muerte a tu favor como tanto deseabas.

—No hagas esto, ella no lo merece y averiguaremos otra forma de sacarlos de allí —Isabey intentó convencerlo.

— ¿Es una maldita broma? Es la vida de mi hermana —le gruñí a mi clon.

—No sé quién eres ni por qué estás aquí, pero este ha sido mi mundo por décadas. —ver su brazo enrollado en el de Christopher me hacía estremecerme de nervios.

—Soy tu nueva alma, Isabey. Por lo tanto, esta ciudad me pertenece como hija de la muerte.

—Entonces sí eras quien me habló. Seguiste mis órdenes al parecer… —me siguió con la mirada.

—El último sello caerá esta noche, no permitiremos que dejes encerrados a Tony y Jacine. —Alex desenvainó la espada.

—Christopher debe cumplir primero su parte.

—No hiciste esto por mí, ¿por qué lo harías por ella? —ella lo detuvo.

Él fue hacia mí lentamente y me observó a los ojos, aquellas estrellas que antes brillaban ahora estaban muertas. Estaba celosa de mi misma porque quería que él fuese mío como lo prometió. No lo compartiría ni siquiera por una parte de mí que era temor y oscuridad.

—Christopher… —él no le hizo caso a Isabey y tomó mi cara entre sus manos calientes.

—No hagas esto…

—Tengo que hacerlo.

—No por Tony y Jacine.

—Lo hago por ti, Nicole.

—Tú quieres dejarme sola —lo empujé y rompí en llanto.

—Yo te amo.

Esas palabras fueron suficientes, mi alma se vacío. No hubo nada. No me deshice en huesos. Y Christopher no se fue al infierno.

Ambos estábamos allí, parados uno junto al otro y deseándonos con la mirada destruida.

—Te amo, Nicole. —corrió hacia mí y quiso besarme, pero no lo dejé.

—No es cierto —sollocé. —. No es cierto, no me amas. ¡Es por eso que ninguno murió, porque no me amas!

Me llevé las manos a la boca y grité a mis adentros. Me había enamorado y ese amor no era correspondido. Todos allí estaban mirando mi estúpido acto de valentía. ¿En qué diablos estaba pensando? ¡Christopher no me amaba realmente! La puerta se abrió, y dos monstruos trajeron a Nick a la fuerza. Sentí poco alivio al verlo. Al menos él tenía razón, el hecho de que me dijera que me amaba no significaba que así fuera. Él tenía a Isabey, y jamás me amaría porque yo no era ella. Y por parte de Nick, él me haría lo mismo. Sólo me devolvieron a la vida para no amarme.

Me recargué a la pared y me deslicé hasta el suelo sin detenerme. Estaba llorando tanto que quería morir. Me habían quitado a mi mamá, y mi padre había resultado ser un monstruo.

No podía respirar, no con verlos allí, sintiendo lástima por mí.

Intenté dejar ir mi daga sobre mi mano para defenderme, pero comencé a temblar tanto que ni siquiera podía controlar nada en mí.

Yo creí que era real.

Creí que me amaba.

Creí que después de todo alguien no me dejaría sola.

Cerré los ojos, lo último que vi fueron unos zapatos venir hacia mí y después todo se oscureció.

 

Un viento flácido voló la cortina de la habitación, desperté en medio de un departamento de paredes verdes y madera crujiente y podrida. La luz de la luna iluminaba el lugar, y las gotas de lluvia caían en los vidrios.

—Fue tu culpa —un eco despertó mis sentidos. Tony sostuvo el corazón de su víctima, escurridizo, un corazón que seguía latiendo entre sus dedos huesudos. Javi se cruzó de brazos, estaba molesto.

—Ella estará aquí en cualquier momento, no dejará que prosiga con mi plan.

—Es ahora o nunca, Christopher.

La puerta se abrió, Alex pudo sentirlo con todos los poros de su piel cuando la puerta rechinó. La piel de Javi se heló, y Chris se decidió por ir a atender. Ante sus ojos estaba la anciana, llevaba sus lentes de aumento. Casi murió de un infarto al ver el chorro de sangre sobre el mármol. Gritó con terror y miedo. Si Christopher no hubiera actuado lanzando un hechizo sobre ella, no le hubiera salvado la vida. Un humo grisáceo se esparció alrededor de la anciana, y después un bebé cayó en sus manos.



Bekacastle

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En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

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