Los ojos de la muerte (editanto)

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 34

Mi corazón dolió al verlo sangrar por el abdomen y la cantidad que salía de su boca. Aquellos iban a pagar, juré en su nombre que todos morirían por lo que le hicieron a mi madre, a Christopher y a Marc. Ninguno de ellos se iba a quedar así. Sus muertes iban a ser vengadas, a pesar de que Christopher seguía inconsciente pero con vida, iba a buscarlo en cualquier lugar del mundo. Tomé la espada de Alex que estaba tirada en un costado y me abalancé contra Trisha, ella sacó su arma violentamente del cuerpo de Marc y chocó metal contra oro.

Apreté los dientes, giré y salté tumbando su espada teniéndola contra mí. Verla en ese cuerpo me hizo tenerle lástima, ¿quién diría que aquella chica ruda en verdad iba a ser un lago de sangre? Mi misión en ese momento era conseguir alguna oportunidad para traer de vuelta a Tony y a Jacine, ¿pero si asesinaba a Trisha cómo los encontraría?

Mis sentidos no reaccionaron por minutos, mis manos sostenían la espada, pero algo en mi mente me noqueaba. Un profundo recuerdo de mí y Christopher en las tinieblas, el relincho del caballo con el Hades siguiendo su paso, un profundo grito avasallador que encandilaba mis oídos.

Mi cuerpo estaba tirado en el departamento de Christopher en Boston, había muchísima sangre alrededor y yo estaba yaciendo.

Pero el recuerdo no se quedaba allí, las imágenes iban tan rápido y despacio, intercaladas. Dos mundos, dos vidas, dos instantes distintos en los que no podía explicar por qué o cómo.

Sus manos apretaron las mías mientras sus ojos estaban salpicados por lágrimas, y después veía a Nick, mientras éramos rodeados por la muerte inaudita.

La marca de Nick ardió, y cuando creí que había despertado, volvía una y otra vez a esa noche. Vi a mi madre en una batalla de sangre en donde hechiceros poderosos combatían a los ángeles infernales en un lugar distinto, un castillo inaugurado por fantasmas. Vi a Isabey por los escalones de la mansión, la niebla oscurecida tomó potencia. El ojo de Shiva brilló, y el fuego no acarició a las sombras, sino, los calcinó.

Esas llamas tomaron forma poseyéndose y transformando las sombras. En ese instante, ella juntó sus manos y contraatacó con todas sus fuerzas soportando la magia contra la fuerza de diez hombres de ese demonio.

Era nuestro padre en una de sus formas.

Isabey no resistió más y se dejó caer, gateó con miedo al ver sus ojos llenos de recelo. Suplicó perdón, hasta que los vidrios se rompieron en añicos y el látigo de Christopher ató su cuello lanzándolo contra la ventana. Ambos pensaron que por fin había muerto, pero Dagon se había desvanecido en el aire desapareciendo una vez más.

Vi como la arrolló entre sus brazos y le susurró que el miedo no existía, que era una fantasía que nuestros pensamientos engañaban para hacerte sentir débil e inútil. La visión dio un giro inesperado, esta vez vi una colección de muertos, me estaba adentrando en un castillo siguiendo las pistas de un hombre envuelto en una capa oscura.

Pronto amanecería, y no habría a qué temer en la luz del día. No reconocí su mirada fría, ni sus ojos púrpura en medio de la noche como un felino. Me escondí detrás de una pared admirándolo, mi corazón latió en ese instante, ¿qué es lo que estaba pasando conmigo? No era una de mis almas gemelas. No era Nick y tampoco Chris. ¿Quién era y por qué mi corazón muerto volvía a latir en el cuerpo de Isabey? Desperté en ese instante, Trisha seguía esperando a que la asesinara, pero yo me había quedado en un estado de shock del que no podía salir.

Sentí frío y calor, mi estómago estaba revuelto por la idea de ver a tanta gente morir tan rápido. Se suponía que yo debía salvarlos a todos, el plan no hablaba de mí. Yo debía morir.

Sus ojos chisporrotearon horror, de todas formas estaba muerta, era un fantasma poseyendo el cuerpo de Victoria.

Ella se merecía la muerte por todo el daño que le hizo a la gente que yo quería.

—Aunque tus lágrimas se derramen seguirás siendo débil como tu madre —masculló con fuerza. Sí, tal vez mi madre fue terrible al hacerle esto a Isabey, al entregarla a la oscuridad y darle una vida que ambas no queríamos. Pero era mi madre, y yo la seguiría amando por eso.

—Tú qué sabes de mi madre —apreté la espada, ni siquiera sabía si estaba lista para esto.

—Christopher asesinó a Isabey, y pagará por eso.

Mi conciencia me perturbó con ello.

—Si crees que las almas gemelas se encontrarán en cualquier vida, adelante, búscalo. Jamás vas a encontrarlo.

—No me subestimes —maniobré la espada, pero Alex me detuvo.

—Lo haré yo —tomó su espada y la encajó con fuerza en su corazón. Alex no tuvo resentimiento alguno, y tampoco habían palabras para describir cómo se sintió el hecho de haber terminado con una parte del mal.

Rompí en llanto, estaba espantada de verlo allí tirado. Busqué al otro demonio, pero Slorah había huido. Subí al auto y conduje a toda velocidad siguiendo el rastro demoníaco.



Bekacastle

#6480 en Fantasía
#1180 en Paranormal
#426 en Mística

En el texto hay: amor, terror

Editado: 17.04.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar