Lost and Damned

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XII. Única

Pudo haber recordado muchísimas cosas, más el recordar algo tan específico y tan significativo para nosotras me llenó de emociones desconocidas. No sabía cómo tomar esto. Más que nunca deseaba hablar con Jordan o con Roy o alguien que pudiera guiarme. Sabía que no quería perderla, pero iba a necesitar toda la ayuda posible para no hacerlo. No iba a quedarme sin mi corazón otra vez.

―¿Estás despierta? ―su suave voz retumbó detrás de mí. Asentí ― ¿Te sientes bien?

―Estoy un poco adolorida ―volteé lentamente para verla.

―¿Quieres algo?

―Seguir acostada ―reímos―. ¿Ya desayunaste?

―Recién termino de hacer pancakes, los traeré ―alegremente regresó a la cocina.

Desayunamos en una calma comparada a la de arriba. Nada más existía más que ambas. Veía sus labios mientras me hablaba de su niñez y la relación tan cercana que tenía con su madre. Lloró hasta el cansancio cuando habló de sus últimos días con ella. Se sentía tan terriblemente culpable por no haberle dicho te amo en esos momentos. Me dijo que su mayor culpa había sido dar por sentado que tendría muchos días más con ella.

—Es el error principal, ¿no? Creemos que todo será eterno.

—Pareciera que las cosas tienen más valor cuando ya no están —su cara roja estaba sobre mis piernas cuando regresamos a la cama. Acariciaba su cabello mientras ella hablaba.

—¿Qué le dirías a tus padres si los vieras de nuevo?

—Que los amo y que me perdonen.

—Eso es una basura, Mads, ¿qué les dirías?

—Que es una mierda estar sin ellos. Que odio respirar sabiendo que mi vida pudo haber sido muy diferente con ellos aquí.

—¿No te gusta esta vida?

—No recuerdo qué es tenerlos. Eso es lo que no me gusta. Tú hablas de tu madre y, a pesar del dolor, tus ojos brillan. Yo sólo tengo la nostalgia de algo que nunca sucedió.

—Lo siento mucho.

—Yo también —apreté su hombro.

No tardó mucho en quedarse dormida; la acomodé para que yo también pudiera hacerlo. Lo que sea que me hayan hecho arriba me tenía muy cansada. Eso y que aún me sentía fuera de mí. Era como si físicamente pudiera sentir el veneno corriendo por mis venas. Era tan extraño y tan atemorizante. Saber que eso corría dentro de mí estuvo a punto de matarme.

 

—¿Has terminado? —niego con la cabeza— ¿Ahora? —sonrío.

—¿Me vas a dejar trabajar, Becks?

—Deberíamos salir o algo. Hace mucho que no vamos al parque —hoy es nuestro sexto mes juntas y ella cree que lo he olvidado.

—Tengo mucho trabajo, pero está bien. Vamos.

—Si tienes…

—Ya me puse de pie —dejo un beso sobre su frente—. Vamos.

Como usualmente pasa, esperamos a que sus padres estén dormidos para irnos. Su madre toma unas infusiones que la noquean y su padre, esta vez, está de viaje, por lo que tenemos tiempo para estar por nuestra cuenta. Es bastante seguro, hemos hecho esto varias veces en los últimos meses, pero siempre extremamos precauciones. Dejamos las almohadas acomodadas para que se vea como si estuviésemos dormidas. Descendemos por la ventana y una vez adentradas en el parque nos tomamos de la mano.

—¿A dónde vamos? —pregunta.

—Creo que al parque.

—Ya sé eso, listilla, pero este no es nuestro camino habitual.

—Siempre vamos al mismo lugar. Quizá es tiempo de un cambio —nos llevo a un área distinta del lugar. Uno más escondido.

—Mads, esto es un lugar terrorífico. Nadie nunca viene aquí.

—Le temen a la vegetación espesa.

Se aferra fuertemente a mí mientras caminamos más lento de lo que quisiera. Ya quiero llegar al lugar. A lo lejos veo los destellos de las velas y sonrío. ¿Cómo podría olvidarlo? Ella se ha convertido en todo para mí; mi amiga, mi confidente, mi amante, el principio y el fin. La amo aunque no se lo he dicho en alto. Busco su cara cuando estamos en el lugar que elegí. Una espléndida sonrisa se extiende en su rostro.

—¿Planeaste esto? —asiento.



Ale May

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En el texto hay: lesbico, lgbt

Editado: 22.06.2019

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