Lost and Damned

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XIII. Memoir

Mi vida ha dado tantas vueltas en los últimos meses. Terminé el colegio como uno de los mejores promedios. Mi universidad elegida me dio una beca por lo mismo. Antes de terminar pude colgar una de mis fotos en el periódico local. Y me enamoré perdidamente de mi mejor amiga. Suena como a una locura, pero ha sido lo mejor de todo.

El amor que nos hemos tenido desde siempre ha hecho las cosas ligeramente más fáciles aunque tenemos que escondernos de los que creen que cometemos un pecado. Son casi todos, incluidos nuestros padres. No tuvimos problemas en aceptar que hacía tiempo que no éramos sólo amigas. Nuestras interacciones habían cambiado y los roces eran cada vez más continuos, al igual que las sonrisas de complicidad y los abrazos.

Los abrazos, oh Dios, la forma en la cual ella se aferra a mí casi siempre me deja sin aliento. Con sus brazos me dice todo lo que no podemos gritar a los cuatro vientos. Sus labios posicionados sobre mi cuello susurrando palabras que nunca me repite en voz alta. Su respiración bajando por mi piel calentando por donde toca. A veces creo que voy a despertar del mejor sueño de mi vida. Sueño en el que mi corazón nunca se había sentido tan vivo.

Ha sido tan difícil que ha momentos he querido dejarlo todo, volar lo más lejos de aquí. Sabremos que seremos igualmente juzgadas, sin embargo, será en un lugar donde nadie nos conoce. Donde podamos comenzar de nuevo. Solo nosotras. Como debe ser. Es casi imposible más tenemos permitido soñar un poquito.

—¿Madison? —brinco al escuchar mi nombre.

—Lo siento, señora.

—¿Podrías repetir lo que recién dije? —suspiro. Pude perderme en cualquier clase, menos con la señorita White.

—No podría porque no estaba prestando atención.

—Primera y última advertencia —se vira de nuevo a la pizarra, haciendo ese molesto sonido con la tiza.

—¿Te tiene pensando la noche con Brad? —ni siquiera recordaba que ayer tuve otra de mis citas a fuerzas pactadas por mi madre.

—Creo que sí. El chico es bastante agradable —contesto a Monique que es una persona recurrente en mi círculo familiar, sabe de mis citas, mis movimientos y todo, a excepción de mi relación con Rebecca.

—Todos son agradables, pero rara vez sales con ellos dos veces, ¿qué pasa?

—Eso quisiera saber, nunca me hablan de nuevo.

—Quizá no muestras tus habilidades. Sólo te la pasas hablando de libros y fotos. Necesitas hablar de formar una familia, tener hijos y las labores de casa que te gustan hacer.

—Tienes razón. No lo había pensado de esa manera —me sonríe orgullosa.

—Te lo digo por experiencia, Mat ya está enganchado conmigo y es cuestión de tiempo para que me dé el anillo y su apellido.

—¿Qué clase de apellido es Moon?, ¿Monique Moon? No me suena —viro a ver a la profesora que está perdida en su monólogo.

—Al menos tendré el apellido de un buen hombre. Estás a nada de quedarte sola.

—Sí, casi veinte años, se me está yendo la vida.

—Búrlate, pero recuerda que el tiempo vuela.

 

Como todos los días cuento las horas, los minutos y los segundos para poder ver a Rebecca. Es una tortura; sé que podré verla, lo hago todo los días, pero cada vez es más difícil separarme de ella. Hoy es una noche especial porque, por fin, pudimos convencer a su madre de quedarme en su casa. Últimamente ha estado renuente a que estemos mucho tiempo juntas. Creemos que es porque quiere preparar a su hija para ser el ama de casa perfecta y yo no encajo en eso. Soy una distracción.

Después de nuestro sexto mes juntas, elegimos vernos en esa área escondida del parque. Nadie nunca va ahí. Ella sale antes que yo y suele esperarme con algo de comida o una flor. Siempre hay un detalle por más mínimo que sea. Es la forma discreta de decir lo mucho que nos amamos.

Soy consciente de que se me ha hecho tarde; corro los últimos metros para encontrarla. Un ligero pánico se apodera de mí cuando llego y ella no está ahí. Volteo a todos lados buscando a la dueña de los ojos que tanto amo. Incluso dejo tirada la rosa que traigo para ella. Nunca, nunca viene tarde. Estoy a punto de perder la cabeza cuando escucho pasos cerca de mí. Brinco sobre ella cuando la veo aparecer.  

—Hola —dice sorprendida ante mi efusividad.



Ale May

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En el texto hay: lesbico, lgbt

Editado: 22.06.2019

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