Lost and Damned

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II. Preguntas sin respuestas

Las chicas e Isaac no tardaron en llegar a mi casa. Estoy segura que había sido Roy el que les dijo. Se lo agradecía enormemente, pero no tenía muchas ganas de platicar con ellos, ni con nadie. Entendieron el mensaje unas dos horas después. Todos se fueron a excepción de Karol. A pesar de que la conocí mucho después de conocer a Chels, siempre hubo una conexión más grande con ella.

Estábamos recostadas sobre mi cama; ella boca abajo y yo de lado, detallando sus imponentes alas doradas. Seguí su curvilíneo contorno; se veían preciosas con la poca luz que entraba a mi casa. La veía sonreír. Ella era lo más cercano a sentirse viva, ella era ya parte de mi familia. A pesar de tener a mamá por aquí, ella jugaba un papel importante en ese vacío que llamaba vida. Casi no nos veíamos con mamá, tenía un puesto demandante y a momentos era mejor así. Tenía a K y eso era maravilloso.

―Puedes comenzar ―pidió después de varios minutos de agradable silencio.

―Es tan confuso.

―¿Otra vez el dolor?

―Otra vez el dolor ―fijé mi vista al techo.

―Hace más de dos semanas que comenzaste con eso. Me preocupa.

―No sé qué signifique.

―¿Hablaste con Roy?

―¿Cuál es el punto? No me dice nada nuevo. Sólo me pidió que hablara con él si algo nuevo se presentaba.

―¿Tu hermano?

―Está bien; fue en lo primero que pensé.

―¿Tu madre? ―me eché a reír.

―¿Crees que mi madre fue enviada al Limbo?

―Era una idea.

―Muy tonta, como suelen ser tus ideas ―me dio un golpe en el hombro.

―¿Y si está relacionado a tu vida pasada?

―Sí, seguramente me borraron la memoria para que todo regrese a mí en forma de dolor de pecho.

―Tiene lógica. Quizá estás reaccionando a algo que te pasó ―negué.

―Ha habido muy pocos casos de gente que reacciona a su vida anterior.

―Lo cual indica que puede ser posible.

―No conmigo.

―Puedes ser un caso particular.

―No ―corté de inmediato―, no hay ninguna excepción.

―Maddie, te amo, eres mi hermana, pero a veces eres medio idiota ―reí.

―No hay nada de especial conmigo ―rodó los ojos.

―Todos los halos plateados han pedido que te den el cargo. Serías de las pocas mujeres jóvenes con un cargo así de importante.

―Claro que no ―refuté―; aparte no soy joven.

―Es un maldito secreto a voces, todos lo sabemos. Sólo es cuestión de que Roy renuncie o que cambie de halo y tomarás el puesto. Sabes a lo que me refiero con joven. Esos halos toman hasta cien años en llegar, no llevas ni la mitad.

―No quiero tomarlo.

―Querida, déjame decirte que no te van a preguntar ―sonrió.

―Roy me dijo lo mismo.

―Él sabe ―puso su cabeza sobre su mano y quedó de lado viéndome―. Volviendo al tema, ¿sentiste algo más esta vez?

―A alguien aparte de Roy.

―¿Hombre o mujer?

―No lo sé, simplemente lo sentí.

―¿Bueno o malo?

―¿Qué parte del no sé no te queda claro? ―rió.

―¿Jonathon?

―Sería muy idiota para venir a hacerme algo aquí.

―Esto está muy raro, pero aquí estoy y no te dejaré sola.

―Gracias.

―Para eso somos las hermanas ―sonrió.

Karol se quedó conmigo por el resto de la noche. La amplia cama nos permitía a los dos dormir ahí. Apenas me quedé en silencio unos cuantos minutos ella se quedó completamente dormida. Un milagro. Yo, por otro lado, me quedé en vela. Todavía con la mano sobre el pecho, buscando recordar lo que decían las voces, pero estaban tan amontonadas que no podía distinguirlas.

Dejé a Karol durmiendo y fui a mi cocina por algo de comida. Hacía varios días que no iba por el almacén. Creo que ya era hora. Vi por la ventana las gotas de lluvia traspasar el piso; me quedé contemplándolas un buen rato. No recuerdo como era estar en la tierra, pero sentía que me hacía falta. Era una horrible sensación que tenía varias semanas aquejándome.



Ale May

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En el texto hay: lesbico, lgbt

Editado: 22.06.2019

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