Lucha caudalosa ©

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Capítulo 20

Corría por los pasillos del hospital. Había tomado el primer vuelo para ir a ver con mis propios ojos a Richard, tengo miedo. No quiero que todo eso solo sea mi estúpida imaginación que recreo aquella escena. He pretendido olvidar su muerte para que mi cuerpo descansara. Pero, ahora esto me tenía extremista. Cada uno de nuestros recuerdos vividos me atormentaba de gran manera; sus palabras, su risa, su sarcasmo cuando se dirigía hacia otro hombre, su personalidad me perseguía hasta lo más profundo de mi corazón. No lo aceptaba, en un principio de todo esto no lo aceptaba. Creía que todo fue producto de mi sufrimiento, pero luego de tanto tiempo me di cuenta de que las agujas del reloj me habían mentido de sobre manera. Cerré mis ojos cuando me pare frente a la puerta donde me había indicado que estaba Richard. Esta se abre sorpresivamente, donde un Benjamín sonriente me abraza fuertemente. Sus manitas rodean mis piernas mientras chilla alegre.

            —¡Sí viniste! —comenta mientras me mira a los ojos volviéndome abrazar.

            —Claro que sí, pequeño —acaricio su melena rubia con mis manos mientras que él toma mi mano haciéndome adentrar a la habitación. 

            Lo primero que logro observar es un hombre, con el cabello color castaño oscuro, con una intravenosa atravesando su muñeca derecha, las paredes de la habitación de color blanco estéril. Unos hermosos ojos me observan forzudamente. Sintiendo las lágrimas en mis ojos, aun así me acerco, me llevo una de mis manos a mi boca silenciando un sollozo.

            —Richard… —sus ojos reflejan la emoción de verme y la tristeza de notar en como lo miro.

            —Bebé —murmura acercando su mano derecha para poder tocarme, por instinto me acerco hasta llegar a su lado y me agacho abrazándolo.

            —No… lo puedo creer… —sollozo sobre su pecho, mientras que el con sus manos acaricia mi omoplato, mi cabello y mi fisonomía secándome las lágrimas con el torso de la misma.

            —Yo tampoco me lo creo.

            Acerco mi boca a la suya. Es nuestro momento luego de tantos meses de sufrimiento. Porque el también debió sufrir… Nuestros labios se unen creando uno solo, el escorzar de su boca impacta con paciencia sobre la mía. El desesperado beso me hace acostar un poco sobre la camilla donde está sentado. La felicidad reina en todo mi cuerpo y pensamiento por sentir que este momento es únicamente verdadero y que mi mente no me la está jugando de la forma más sucia.

            —Te amo tanto, Richard —musito mientras reparto besos por toda su cara, mientras que el mantiene sus manos en mi rostro observándome como solo él sabe hacerlo.

            Amándome.

            —El sentimiento es mutuo, amor —besa la coronilla de mi cabeza.

            Descansó mi cabeza sobre su pecho, pero al recordar su estado me levanto rápidamente, el me sujeta de la cintura con fuerza cuando nota mis acciones

            —No, quédate conmigo —ruega altaneramente.

            —Está… bien.

            Nuestra respiración es lo único que se puede apreciar en este momento. Nuestras sonrisas enmarcadas en nuestros rostros demuestran más lo completo.  Es uno de los momentos en el que él y yo, somos. Solo nosotros por un largo rato. La puerta se abre mostrando a una doctora con una diminuta sonrisa, que cuando nos ve en esta posición y con nuestro aspecto, se sorprende, pero no quita su sonrisa. Es como si le gustara que estuviéramos juntos.

            —Parece que tu estado de ánimo aumento teniente coronel, Styles.

            —¿Cómo no va a mejorar doctora MyLine? —cuestiona emocionado—. Si tengo a la persona más importante a mi lado nuevamente, a mi chico.



Wuilder Vargas V.

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Editado: 22.02.2018

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