Lucha caudalosa ©

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Capítulo Final

Una semana después…

Las risas de las personas en la ceremonia me hacían observar con orgullo hacia donde está de pie firmemente Richard. La prensa, los medios de comunicación estaban presente; muchos resplandores de cámaras, muchas preguntas, tantas inquietudes. Solo podía observarlo a él. Con el traje de las fuerzas armadas; mientras que el jefe de mando, le colocaba la medalla de la lealtad y de la fuerza.

            —Por tu grandeza como participe por nuestro país —alegaba el hombre de piel arrugada, de cabello rociado de canas, con ojos tan negros como su piel—. Te concedemos la medalla de la lealtad y de la admiración. Un fuerte aplauso, teniente coronel Syles —me levanto junto a las demás personas aplaudiendo, los gritos, silbidos y piropos no se hacían esperar por estas.

            Benjamín aplaudía mientras sostenía su carrito de carreras. Richard observaba a todos con ese orgullo tan característico. Mientras que sus ojos se posan en Benjamín y en mí, cambian drásticamente a unos amorosos y esperanzadores. Le guiño un ojo mientras que él me manda un beso con su mano. Siento mis mejillas abochornadas.

Luego de tanto sufrir por este hombre, volví a estar junto a él.

—Paul —la vocecita de Benjamín me hace voltear para observarlo.

Lleva un traje negro, con la camisa de lino azul claro y, una corbata azul más oscuro que la camisa. Se ve tan tierno así, un pequeño caballerito.

—¿Sí? —contesto mientras que sonríe mostrando sus pequeños dientes.

—Te quiero mucho —siento como mis ojos pican por su confesión.

—Yo también te quiero, Benjamín. A tu papi también lo quiero —confieso mientras el abraza mis piernas.

—Yo también te quiero —la áspera voz de Richard me sobresalta, intento voltear a observarlo pero me toma por detrás de mí cintura besando mi cuello—; ustedes son las personas más importantes en mi vida.

—Y tú de las nuestras —volteo como puedo de sus fuertes brazos quedando a frente suyo, sin impedirle que me vuelva agarrar de la cintura—. Y, estamos orgullosos de demostrártelo.

—De eso no hay ninguna duda. Solo tengo una —piensa y yo enarco una ceja ante su cuestión.

            —¿Cuál? —titubeo, posa sus ojos en mis labios. Se arrodilla. Lo observo curioso y algo ruborizado al tener todas las miradas puestas en nosotros.

            —Han pasado dos años que estamos juntos, no sería capaz de vivir sin ti, te has convertido en mi todo, fuiste uno de mis propósitos de volver con vida de la guerra sin fin con los iraquís, eres la persona que menos espere en enamorarme, porque quien diría que después de gustarme tanto una mujer me gustara un individuo de mis mismo sexo, pero no cualquiera sino un chico y ese chico eres tú, y quiero… delante de todos presentes hacerte un propuesta —sus ojos brillan mientras que llevo una mano a mi boca, cuando su mano saca una cajita pequeña de terciopelo de tono pastel y la abre mostrando un hermoso anillo con un gran diamante— ¿Quieres hacerme el hombre más feliz, y casarte conmigo? —las lágrimas comienzan a descender de mis ojos mientras asiento.

            —¡Claro que sí! —me lanzo a sus brazos mientras lo beso en todo su rostro.

            —Ufff, que suerte, si hubieses dicho que no, te obligo a casarte conmigo —masculle mientras que las demás personas aplauden y se ríen ante la ocurrencia de mi… prometido.

Que hermoso suena. Prometido.

—Como no aceptar, si sé que eres el hombre perfecto para mí.

—Es bueno saberlo, bebé —me pone el anillo en mi dedo anular mientras me alza en los aires dándome vueltas consigo, para luego besarme en los labios.

Varios destellos de cámaras nos iluminan pero eso no logra romper nuestro momento, no ahora, ni nunca.

—¿Y yo qué? —pregunta la pequeña vocecita, nos detenemos volteando a ver a un Benjamín sonrojado cuando todos lo observan. 

—Ven aquí, campeón —hace una seña, mientras que carga a Benjamín imitando la acción que hizo conmigo, omitiendo el beso en los labios, sino en su mejilla.

Es un hermoso horizonte.

El campo verde, las montañas empinadas detrás, arboles de distintas especies, la brisa. El olor pasto recién podado, todo en este momento es perfecto. Y espero que siga siendo así.



Wuilder Vargas V.

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Editado: 22.02.2018

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