Lúcida Oniria

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VI. En la azotea

"Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde,
comenzaré a ser feliz desde las tres."
- Antoine de Saint-Exúpery

 

Mateo

Metí las manos en los bolsillos de mis jeans mientras esperaba que Circe llegara.

Según ella tenía que hacer una "misión ninja ultrasecreta" para encontrarse conmigo, por lo que debía ser paciente. Mis labios se curvaron por la anticipación, pasaron un par de días desde la última vez que la vi en el centro con nuestros amigos, pero hablamos todos los días y noches posteriores hasta entrada la madrugada.

Demás está decir que no había estudiado casi nada, pero no me importaba en lo más mínimo. Lo único que deseaba era verla otra vez.

-Qué cara de bobo tienes - se mofó Circe saliendo de la nada - ¿Te asusté? - preguntó con una sonrisa traviesa antes de ponerse de puntillas y besarme - Sabía que la misión ninja saldría bien.

-Yo... eh... - sus actitudes tendían a ser tan espontáneas que a veces lograba fundir mi cerebro. Y sus brazos al rededor de mi cuello tampoco me dejaban pensar con claridad.

Circe se rió de mí y yo sonreí como un tonto. 

-Me va a encantar aprovecharme de tu ingenuidad - canturreó y tomó mi mano.

Rodeamos el circo agazapados y ella me abrazaba "ocultándome" con su cuerpo cada vez que creía escuchar algo, y por supuesto yo no rechistaba. Esta chica estaba loca, pero más loco estaba yo porque me gustara tanto.

Cuando estuvimos a salvo a varias cuadras del circo, Circe se volteó hacia mí, emocionada.

-¿Y a dónde iremos? - preguntó casi saltando en su lugar. Me quedé callado, pensé que ella tenía una idea.

La tomé de la mano antes de que se enojara y la guié por el lado interior de la acera:

-Es una sorpresa, no preguntes nada - le guiñé un ojo y me hice el interesante mientras se me ocurría a dónde rayos llevarla.

Un lindo sonrojo acudió a sus mejillas luego de mi guiño, a veces se me olvidaba lo que podía provocar en las chicas.

Suspiré casi de alivio cuando vislumbré el edificio abandonado de una antigua imprenta. La vista desde la azotea era magnífica, con Vladimir la conocíamos bastante bien desde cuando niños nos escapábamos de clases.

-¿Qué planeas hacerme? - inquirió desconfiada Circe cuando llegamos. Me reí y negué con la cabeza.

-Nada malo, lo prometo.

-¿Esta es la parte donde me dices que me gustará y que ya no tengo escapatoria y me entero que eres un asesino en serie de pobres chicas indefensas? - se quedó sin aire cuando terminó y me miró con una ceja alzada.

-Entre nosotros, Circe, eres todo menos indefensa - una sonrisa socarrona cruzó su rostro y me deslumbró por un segundo.

Subí con cuidado por la escalera de emergencia que había tenido mejores días, y cuando me aseguré que estuviera fija ayudé a subir a Circe.

Mis palmas cosquillearon cuando la sostuvieron de la cintura por un segundo, en el momento que ella me miraba sonrojada. Sin duda no le era nada indiferente.


Circe

-Guau - silbé cuando llegamos a la azotea de ese edificio abandonado. Mateo sí que se había lucido. 

-Miau - replicó y tomó asiento en el borde del tejado. Algunas veces me parecía tan sexy y otras tan ñoño.

Limpió el lugar junto a él con sus palmas, y no pude evitar que mi estómago diera un vuelco. También era considerado.

-Gracias - dije tomando asiento junto a él.

Nuestras piernas colgaban hacia abajo, pero una terraza en desuso se encontraba a menos de metro y medio, por lo que no me asusté - Es bonito aquí.

-Lo es.

Con cuidado me acerqué más hacia él hasta que no hubo ningún centímetro entre nosotros. Mateo me miró tan intensamente que no pude evitar apoyar mi cabeza en su hombro para esconder mi rostro de su campo visual.

-¿Qué tienes, Cir?

-Es que me pones muy nerviosa - respondí avergonzada. Su pecho se sacudió cuando una risa brotó de sus labios.

-Pues digo lo mismo.

Me rodeó con los brazos cuando una fría ventisca produjo que me estremeciera.

-Siento que esto va demasiado rápido - susurré, esta vez alzando el rostro para mirarlo.

-¿Y eso te asusta? - preguntó en el mismo tono de voz. Me mordí el labio.

-Lo que pasa es que... nunca me he sentido así por nadie. Jamás - repetí ante su expresión de incredulidad.

-Entonces soy el bastardo más afortunado sobre la faz de la tierra.

Nos reímos.

-¿Te das cuenta que eso es lo más cursi que pudiste haberme dicho? - me burlé.

-Ajá - acercó su rostro hasta que nuestras narices se rozaron - Pero no me siento ni un poco apenado.

Luego me besó.

 

 

 

 

 

 

 

 



Tess Ah

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En el texto hay: fantasia, onirismo, extracorpus

Editado: 24.08.2018

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