Lucifer, El Origen De Un Demonio

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11.Tierra Ha Sido Tomada

_Miguel_ lo llamé.

Él abrió los ojos con mucho trabajo.

_¿Qué ocurre?

_Levanta, tenemos que irnos.

_¿Qué?

_Abandonamos Tierra_ dije mientras cogía el arco de Chamuel y la lanza de Jophiel.

Miguel se levantó y se acercó a mí.

_¿Qué ocurre?¿Cuál es la razón por la cual hay que irse?

Yo dejé caer la lanza al suelo y saqué la daga que tenía guardada en el cinturón.

_La legión está fuera de control... Bueno, de mi control. Ethaquiel se ha hecho con ella y no podemos enfrentarnos a ciento noventa y nueve ángeles nosotros solos, las cosas como son_ dije entregándole la daga a Miguel_. Vienen a por nosotros, y después tratarán de hacerse con el reino del Creador, si queremos salvarnos todos, esto es lo único que podemos hacer. Iremos a la zona norte, que no nos vean despegar.

Miguel no dijo nada más. Cogió la daga que le entregaba y empezó a caminar. Fui a recoger la lanza y emprendimos el camino. Miguel iba delante, yo lo seguía de cerca, con las armas dispuestas.

Entonces ocurrió algo con lo que no contaba; de repente Miguel se detuvo. Me acerqué más a él.

_¿Por qué paras?

_No sé dónde estamos, no me suena de nada esta zona.

Yo la miré con atención.

_Porque no has estado nunca aquí, y por desgracia yo tampoco, debe ser una creación reciente.

_¿Continuamos?

Miré a mi alrededor, no había nada.

_Los ángeles no parecen estar cerca, no vamos a perder más tiempo, despegamos ya.

Entonces la mirada de Miguel cambió. Vi cómo clavaba sus ojos en algo que había detrás de mí.

_¿Qué?

Miguel señaló por encima de mi hombro. Me giré con la lanza dispuesta para clavarla, pero el otro fue más rápido y, antes de que pudiera reaccionar, sentí cómo algo afilado se me introducía en el bajo abdomen. Ahogué un grito de dolor.

_¡Luzbel!_ exclamó  Miguel.

Mis ojos se cruzaron con los de Hemael, quien me sonrió.

_Esto no lo esperabas.

Fui a darle un puñetazo pero lo esquivó y sólo conseguí que sacará el puñal para volver a clavarle con más fuerza. Yo grité de dolor. Finalmente lo sacó aprovechando para hacerme un corte profundo. Hemael evitó que cayera al suelo agarrándome de la túnica.

_Ahora ya no pareces tan fuerte, Lucifer.

Ante el comentario, levanté la cabeza, lo miré a los ojos y Le escupí la sangre mezclada con la saliva a la cara. Enfurecido, me propinó un fuerte golpe con el mango del puñal que me hizo caer al suelo. 
Me desplome de golpe, puse las manos sobre la herida tratando inútilmente de frenar la hemorragia. Vi cómo se acercaba a Miguel. Traté de levantarme, pero no pude, por suerte Miguel no se lo puso fácil, si no que trató de poner en práctica todo lo aprendido en cuanto a lucha cuerpo a cuerpo, pero poco podía hacer frente al experimentado Hemael. Cuando vi cómo lo agarraba y ponía la daga en su cuello, no lo pensé dos veces, cogí el arco de Chamuel, cargué una flecha y la lancé con la suerte de que alcanzó la rodilla de Hemael, quien gritó de dolor. Rápidamente volví a cargar el arco y le apunté.

_Ni te muevas_, le dije_, suéltalo.

Hemael, sin embargo, puso la daga de nuevo en el cuello de Miguel.

_Suelta el arco y no le haré nada.

Apenas terminó la frase antes de que yo soltara la cuerda y la flecha Le atravesará la garganta. Hemael trató inútilmente de quitársela, o de respirar pero acabó cayendo a plomo sobre el suelo. 
Me volví a llevar la mano a la herida y gemí de dolor. Miguel aún tardó un poco en reaccionar. Se acercó a mí y me ayudó a incorporarme.

_¿Estás bien, Luzbel? 
_Sí.

Ambos miramos el cuerpo de Hemael, el cual se desangraba sobre la hierba.

_Buena puntería _me felicitó Miguel. 
_En realidad apuntaba al pecho. 
_Ah, bueno, entonces no tan buena. 
_Sí preguntan los otros, era a la garganta.

Miguel se rió.

_Entendido.

Sentí que su mano aún temblaba del susto.

_Vámonos _dije.

Miguel comenzó a batir las alas hasta que se elevó. Yo lo seguí. Una vez que estuvimos lejos de la vista de los otros ángeles, ya sólo había una cosa que me preocupaba, el vacío. Miguel no tenía la suficiente experiencia aún, y yo sentí como mi fuerza disminuía a causa de la herida.

_Habrá que intentarlo _me dije.

Hice un último esfuerzo, batí las alas con fuerza hasta situarme junto a Miguel. Lo agarré del brazo.

_Debes coger una velocidad mayor_ dije poniéndolo a mi ritmo_, de lo contrario no podrás atravesar el vacío.

Miguel se agarró a mí. 
Conseguí alcanzar la velocidad necesaria, pero cuando salimos del planeta sentí que todo se ponía en mi contra. De repente me costaba muchísimo avanzar, además Miguel tampoco tenía aún la fuerza necesaria. Empecé a preocuparme cuando sentí que me costaba más respirar. Batía las alas desesperado, pero no lograba avanzar casi. Por fin alcancé a distinguir el Reino del Creador, pero el cansancio comenzaba a notarse y, si antes íbamos mal, ahora peor. 
Logramos llegar de milagro a la entrada, donde me detuve. Miguel me miró.

_¿No entramos? _pude notar la ilusión en la voz del joven ángel. 
_Sí, sólo un momento _dije mientras me quitaba el manto.

Miguel me miró con curiosidad.

_¿Qué haces?

Me volví a poner el manto, esta vez en la parte de la herida para taparla.

_No quiero que la vean.

_¿Por qué?

_Porque no, vamos.

Él me sonrió mientras entraba emocionado. Miguel iba mirándolo todo, sin perderse detalle. Yo, en cambio, ya lo tenía muy visto y, más que mirar para quedarme con todo, lo que trataba era evitar un encuentro con alguno de los arcángeles.

_Esto es fantástico_ dijo Miguel volviendo sobre sus pasos para ponerse a mi lado.

_Sí, la verdad es que sí.

_Pero... ¿Cuándo vamos a volver a Tierra?

Yo me encogí de hombros.

_Ahora voy a informar al Creador.

Él inclinó la cabeza.



Vallay

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En el texto hay: angelescaidos, angelesdeluz

Editado: 14.09.2019

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