Lucifer, El Origen De Un Demonio

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17. Legión De Tierra

Leviatán había puesto las cosas a favor de los otros, y yo, por el momento, había perdido a dos arcángeles, más de un cuarto del ejército y, por si fuera poco, Ramuel aún no había llegado. Dejé a Gabriel junto a Miguel y fui en ayuda de Uriel, quien estaba en mala posición junto al agua. Me agaché junto a él y lo ayudé a salir del agua. No pudimos llegar más lejos de unos cinco metros del lugar antes de que Uriel se desplomara de nuevo en el suelo y me hiciera caer a mí también. 

Desde el suelo vi cómo Leviatán cogía a los ángeles que sobrevolaban la zona con sus tentáculos y los llevaba hasta su boca entre gritos de auxilio para devorarlos en cuestión de segundos. Me quedé un momento observando aquello, con una mezcla de espanto y asombro ante el poder de aquella criatura, capaz de destrozar en cuestión de segundos al más fuerte de todos los guerreros, bueno, salvo a mí.

_Lucifer, no puedo mover la pierna_ dijo una voz cercana sacándome así de mis pensamientos.

Al seguirla con la mirada me encontré con Uriel.

_No puedo ni apoyarla ni moverla.

_Gabriel el ala, tú la pierna, ¡¿qué más queda?!_ dije a la vez que me levantaba y lo ayudaba a él a levantarse y a caminar.

                                                   ✝️

Ayudaba a Gabriel con un grupo de ángeles que nos había rodeado. Sabía que Gabriel no podía volar y más de una vez me había pedido que me fuera y ayudara a los otros, pero me negaba a dejarlo solo.

Nuestras alas se rozaron cuando juntamos las espaldas.

_Rodeados_ dijo Gabriel_ tendrías que haberte ido cuando tuviste ocasión.

_¿Y dejarte solo? No estás en condiciones_ dije sin dejar de pelear.

_Miguel, me recuerdas mucho  a Lucifer, demasiado, diría yo, eres terco como él.

Yo sonreí al oír aquello.

_Además_ prosiguió_, peleáis igual.

Entonces uno de los ángeles que reconocí como cercano a Etahquiel ya cuando aún servían a Lucifer, se acercó a mí con su espada en alto. Yo dispuse la mía para realizare un bloqueo, pero fue tal la fuerza con la que impactó en mi hoja que la partió. Vi con horror cómo los pedazos de mi espada caían al suelo. El ángel me atacó de nuevo, esta vez dispuesto a matarme pues, dio un corte en el aire a la altura de mi cuello, golpe que esquivé de milagro agachándome justo a tiempo para luego responder dándole con el puño en la cara, creo que justo en el tabique nasal. Se llevó la mano a la cara y trató de golpearme una vez más, pero lo volví a esquivar y le di una patada que lo hizo caer al suelo. Aproveché para coger su espada y clavársela. 

Me volví para mirar a Gabriel, que no se quedaba atrás, le salían los puñetazos como algo natural; me resultó extraño, siempre lo había considerado un ángel muy pacífico. Derribó a uno con un puñetazo, a otro del mismo modo, y a Uriel por accidente.

_¡Hala!_ exclamó Lucifer, que acompañaba a Uriel_. Buen golpe, Gabriel.

Gabriel se llevó las manos a la boca y miró a Uriel con sorpresa.

_Perdón_ dijo tirándose al suelo junto al otro.

Miré a Lucifer, quien los miraba conteniendo la risa. Me acerqué a él.

_No tiene gracia_ le dije.

_Hombre, un poco sí_ dijo cogiendo su lanza y matando al instante a otro ángel que se acercaba a nosotros seguido de un grupo_. Miguel, cubre el otro lado_. Yo obedecí_. Gabriel, saca a Uriel de aquí, y ya de paso quédate fuera tú también_. Los ojos de Gabriel se entrecerraron en una mueca de hastío, pero obedeció, sabía que tan solo tenía unos minutos mientras Lucifer y yo frenábamos el ataque, y ni él ni Uriel estaban en condiciones de continuar, al menos no en medio del campo de batalla.

Me volví un momento hacia Lucifer, giraba su lanza con una habilidad asombrosa, como si formara parte de su cuerpo, y los filos de sus hojas cortaban y desmembraban a la velocidad del rayo, a pesar de ello, nos acabaron rodeando, lo supe en cuanto sentí el roce de las alas de Luzbel con las mías, sin embargo él continuaba peleando como si no ocurriera nada.

                                                   ✝️

Daba igual cuántos brazos, piernas, cabezas cortara, cuántos ángeles ensartara con la lanza, siempre venían más y más. Era consciente de la situación en la que nos encontrábamos Miguel y yo, nos habían rodeado y pronto acabarían con nosotros si seguían así. Hacía ya rato que había dejado de pelear por esperanza, creo que a estas alturas, era ya más orgullo que otra cosa lo que me impedía parar.

Mi lanza atravesó a otro más, y después a otro, pero seguían viniendo.

Harto ya de esta situación de agobio, pues a penas tenía sitio ya para moverme con soltura, extendí las alas y comencé a batirlas corriendo el riesgo de tener la misma suerte que Gabriel. Por suerte funcionó y logré romper su formación. Con espacio suficiente, alcé el vuelo a penas un par de metros y continué peleando. Desde el lateral izquierdo liberé un poco a Miguel, quien me imitó y alzó el vuelo también. Alcé la vista un momento y vi a Zadquiel  junto con algunos serafinespeleando. En un intento desesperado por quitármelos de encima, le indiqué a Miguel que me siguiera y comenzamos a ascender seguidos de algunos ángeles, por suerte Zadquiel captó la indirecta y acudió en nuestra ayuda junto con los serafines y algunos ángeles que se les unieron.

Juntos logramos derribar a gran parte del grupo que se nos echaba encima, los que no, descendieron de nuevo.

Zadquiel y yo nos miramos, le hice un gesto a modo de agradecimiento.

_¿Y Gabriel?_ preguntó.

Yo negué con la cabeza.

_Fuera de combate.

_¿Y Uriel?

_Fuera de combate también.

Zadquiel me miró con los ojos desorbitados.



Vallay

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En el texto hay: angelescaidos, angelesdeluz

Editado: 14.09.2019

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