Lucifer, El Origen De Un Demonio

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18. Misión Cumplida (parte 1)

El cuerpo sin vida de Ethaquiel cayó al suelo con un ruido sordo. Limpié la daga en su traje, cogí el cuerpo y llevé hasta donde había dejado al otro ángel. Acto seguido, cogida la daga de Nariel, el pasaje por la herida de Etahquiel y la obra en la mano de Nariel.

Me dispuse a abandonar el lugar, pero la rodilla no se volvió más y cedió, haciéndome caer. Me incorporé un poco y miré la herida, realmente tenía muy mal aspecto. En el tipo de dolor que sientes, lo más probable es que la daga esté clavada en el hueso. 

Consciente de la gravedad de la herida, alcé el vuelo y la empresa.

                                                   🔥

Seguimos con la mirada fija en el cielo. Al volverme vi a Gabriel, que se detuvo a mi lado.

_No creo que tarde demasiado en volver.

Me encoigí de hombros.

_Estoy preocupado, Remiel ha dicho que la última vez que se vio en la orilla, muy cerca de Leviatán_. Miré a Gabriel con gesto preocupado_. No crees que puedas haber muerto, ¿verdad?

_No. ¿Lucifer? Qué va_ dijo apoyando su mano sobre mi hombro.

Le sonreí y seguimos mirando hacia el cielo. De repente, exclamaciones de alegría rompieron el silencio.

Gabriel y yo fuimos a ver lo que pasaba, un ángel se acercaba a una gran velocidad.

_¡Te lo dije! _ Exclamó Gabriel con alegría.

Vi cómo los ángeles celebran su llegada con exclamaciones de alegría, algunos incluso extienden sus brazos hacia él para que la rozara con la mano en el modo de saludo. Una mezcla de emociones surgió dentro de mí, la alegría y el orgullo por él, pero sobre todo, el alivio.
                      
                                                 🔥

Lo primero que hice fue a ver a Miguel.

Aterricé junto a él, bueno, casi me dejé caer pues, no puedo apoyar la pierna.

Miguel me abrazó con fuerza y ​​yo a él. Gabriel se acercó a nosotros.

_¡Lo has conseguido! _ Me dijo.

Nosotros lo metimos también en el abrazo.

Cuando nos separamos en el suelo, el dolor de la herida era insoportable. Al percatarse de ella, Gabriel se agachó a mi lado para poder verla mejor.

_Estás herido.

_Sí, me he dado cuenta.

_Miguel se acercó.

¿Es grave?

_Si no lo es, lo que parece_ contestó Gabriel_. Voy a buscar a Rafael.

Cuando Gabriel se fue, Miguel se sentó a mi lado.

_Gracias por haberme vuelto a salvar, por enésima vez.

Gracias a ti. La victoria no ha sido solo mía, Miguel.

Él me sonrió y apoyó la cabeza en mi hombro.

_Tú eres quien nos ha conducido a la victoria.

Lo volví a mirar.

_No estás herido, ¿verdad?

_El estado a nada con Leviatán_ dijo con una sonrisa.

Yo se la devolví.

Gabriel regresó en aquel momento acompañado de Rafael.

_Déjame ver la herida_ dijo Rafael sentándose a mi lado. 

Yo despegué la ropa aún de la piel, dejando que la viera. Por su gesto, supe que la herida era grave.

_¿Cómo la ves? _ Le pregunté de todos los modos.

_¿De verdad quieres saber mi opinión?

_ No preguntaría si no.

_Pues ... La verdad es que pinta bastante mal, la daga está clavada en el hueso y ... Tiene el estado moviendo la pierna, ¿verdad?

_Eh ... sí.

_Lucifer ... La ha fastidiado.

_¿Cuánto?

_Te la puedo sacar y, seguirás caminando, pero esta rodilla te va a dar problemas. Estará más débil, no podrás forzarla como antes, y lo más seguro es que te duela cada vez que la fuerces un poco. Por no hablar del tiempo que debes esperar para que se te recupere, y la posible falta de equilibrio.

Me quedé un momento en silencio.

_¿Me la sacas?

_Sí, tiéndete.

Yo le obedecí.

_Lucifer obedeciendo a otro ángel_ exclamó Gabriel sorprendido.

_No te acostumbres_ le dije.

Rafael miró a Gabriel y Miguel.

_Esto va a doler, sujetadlo para que no se mueva.

_No me voy a escapar_ dije mientras Miguel sujetaba mis brazos al suelo y Gabriel la otra pierna.

_No irías muy lejos de todos modos_ dijo Gabriel.

Reí ante su comentario, tristemente cierto.

_No es por eso_ dijo Rafael con aquella sonrisa que siempre surcaba su rostro, dándole aquel aspecto tan amable que lo caracterizaba_, es porque te voy a hacer bastante daño y es posible que, sin poder evitarlo, empieces a moverte para tratar de alejarme o no me dejaras tocar la herida.

_Ah.

Justo en ese momento apareció Uriel.

_¿Qué hacéis?_ preguntó al vernos a todos así.

Rafael le mostró mi herida.

_Ayuda_ le dijo.

Uriel se agachó junto a nosotros.

_¿Qué hago?

_Coge un manto o algo que sirva para cubrir la herida, en cuanto le saque la daga, se la tapas.

_Vale_ dijo cogiendo mi manto.

_Va a terminar bien el manto_ dije mientras apoyaba la cabeza en el suelo.

_Bien, voy_ avisó Rafael.

Cuánta razón tenía. En principio no tenía pensado gritar, ni mucho menos, y durante los primeros tirones conseguí medio aguantar, pero llegó un momento en el que ya no pude más. 

Entonces entendí verdaderamente el propósito de sujetarme.

_Ya casi está, no puedo ir más rápido, de lo contrario astillaría el hueso.

_¡No me lo describas!_ medio grité.

Cerré la boca y empecé a morderme la lengua para dejar de gritar. Rafael me miró.

_Ni se te ocurra morderte la lengua_ dijo. Yo lo miré_. ¿Te la estabas mordiendo?_. Asentí con la cabeza. Miró a Uriel_. Dale algo para que lo muerda.

_Trae a Remiel_ le dije.

_No, que lo desmiembra_ le dijo Gabriel.

_He oído que enfadarte con alguien también ayuda_ dijo Uriel.

_Trae a Remiel_ repetí_. En cuanto lo vea lo voy a... _ mi voz se cortó cuando Rafael dio el tirón con el cual sacó la daga.



Vallay

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En el texto hay: angelescaidos, angelesdeluz

Editado: 14.09.2019

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