Lucifer, El Origen De Un Demonio

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18. Misión Cumplida (parte 2)

Miré a Miguel, que ya dormía. En aquel instante me di cuenta de una cosa que me había pasado totalmente desapercibida, era sólo un niño. Era verdad que su forma de razonar se parecía bastante a la de un ángel más adulto, pero la realidad era que contaba sólo con tres mil años, menos incluso.

De repente escuché unos pasos acercándose, de entre los árboles apareció la figura de Rafael. Se acercó a nosotros.

_Venía para ver cómo estabas.

_Estoy bien.

_¿Los dos?_ preguntó agachándose a mi lado y poniendo su mano sobre mi frente.

_Sí.

_Fiebre no tienes, eso es bueno. Lo que parece es que estás de mal humor.

_No, pensaba.

_Dame tema de conversación.

_Pensaba en que no puedo darle a Miguel un puesto que quería para él, es demasiado joven.

_¿Qué puesto?

_Lo quería nombrar jefe de la milicia de mi legión, pero... No.

_No, de hecho, es joven hasta para ser arcángel. Muy joven, recuerdo que yo estuve casi diez mil años aprendiendo, ¿cómo van a separar a Miguel de su maestro antes de los tres mil? Eso es una locura_. Se acercó hasta donde estaba Miguel y tocó una de sus alas _. Aún ni ha cambiado del todo el plumaje, y debe ser adulto para liderar una legión. Yo admito que tardé, pero el mínimo son cinco mil años. Jefe de la milicia... Eso sería un desastre, aún  no está preparado.

_No_ coincidí.

Rafael lo miró.

_ No os deben separar aún. Miguel te va a necesitar durante unos cuantos milenios más.

_Cuando regrese ya no estaré con los arcángeles.

_Pues Miguel debe terminar su formación. Está muy bien que haya superado las pruebas, pero necesita experiencia. Tú la tienes.

No podía estar más de acuerdo con Rafael, Miguel no tenía aún la experiencia suficiente y eso le costaría caro con el tiempo.

_Otra cosa que podéis hacer es que, como tú has pensado, pase a formar parte de tu legión pero sin cargo hasta que tenga la experiencia suficiente.

Yo asentí.

_Le pienso guardar el puesto de todos modos.

Rafael me sonrió.

_Me alegro de que al final hayas acabado bien con él, mejor que con nosotros_dijo mientras se acercaba de nuevo a mí.

_Quieras que no, el roce del día a día durante casi tres mil años puede hacer milagros.

Nos miró de nuevo.

_Bueno, te dejo descansar, lo vas a necesitar.

Una vez que Rafael se fue y volvimos a quedarnos solos volví a pensar en la conversación, no podía haber acertado más.

Sólo conseguí dormir un poco al final de la noche, pero no soñé cosas precisamente agradables. Mi mente la ocupaban acciones ocurridas durante la batalla. Reviví la caída de Uriel a causa del golpe de uno de los tentáculos de Leviatán, la herida de Gabriel, el momento en el que Leviatán cogió a Miguel, mi daga cortando el cuello de Ethaquiel... Zadquiel segundos antes de caer, con las manos en la flecha.

Me desperté sobresaltado, con la respiración acelerada y lo miré todo a mi alrededor. De repente, el hecho de sentir una mano sobre mi hombro me sobresaltó aún más.

_Tranquilo_ dijo una voz suave junto a mí.

Al volver la mirada hacia ella me encontré con Gabriel.

_Tengo que ver a Zadquiel_dije tratando de incorporarme, pero Gabriel me lo impidió.

_Espera, espera, Lucifer, no te precipites, espera a que venga Rafael.

Me tendí de nuevo, un poco en contra de mi voluntad.

_¿Y cuándo piensa venir?

_Tiene que estar al llegar, no seas impaciente.

Con el sonido de nuestras voces, Miguel se despertó. Gabriel lo miró.

_Como él se ha despertado y puede quedarse para vigilarte, voy a buscar a Rafael.

_Vale.

Gabriel se fue, momento que aproveché para llamar la atención de Miguel.

_¿Qué ocurre?_ preguntó aún medio dormido.

_¿Me puedes hacer un favor?

Miguel pareció espabilarse un poco más.

_Sí, claro.

Yo le sonreí.

_Bien, Rafel vendrá pronto para verme la herida, no creo que vea con buenos ojos que ande, pero debo ver a Zadquiel.

Miguel me miró con curiosidad.

_¿Qué me vas a pedir?

_No podré apoyar la pierna, ayúdame a llegar hasta él.

Miguel me miró sorprendido.

_¿Me estás pidiendo ayuda?

_¿Lo harás o no?

_Sí, claro, cualquier cosa por ti.

Yo le sonreí.

_Así me gusta.

_Pero... ¿por qué no usas las alas?

_Igualmente, necesito tener fuerza en la pierna para aterrizar, y no la tengo, tú hazme caso.

Miguel asintió.

Nuestra conversación se interrumpió con la llegada de Gabriel con Rafael, quien se agachó junto a mí.

_¿Has pasado bien la noche?

_Sí.

_¿Cómo estás?¿Te duele?

_Me molesta.

_Vale_ dijo mientras destapaba la herida_. No se te está infectando, eso es buena señal, pero supongo que tampoco podrás doblarla ni extenderla.

_No creo.

_Inténtalo.

Yo obedecí, pero fue hacer el amago de extenderla y un dolor punzante me impidió continuar.

_No puedo.

_Vale, no. Esto tendría que tratarlo bien, pero en el reino.

_¿Qué sugieres?¿Que volvamos?_ preguntó Gabriel.

Rafael se encogió de hombros.

_Lucifer no es el único que necesita mi magia, también estáis Zadquiel, Uriel y tú.

_¿Uriel?

Rafael sonrió.

_Leviatán le dio un buen golpe. No tiene heridas muy graves, pero va cojeando a todos lados.

_Pero Zadquiel sigue sin despertar.

_Otra razón para volver. Gabriel, no he parado de curar heridos desde ayer, te recuerdo que la energía aquí es limitada, y a mí se me está agotando.

_Está bien, trataremos de regresar entonces.

Se volvieron a mí de nuevo.

_Puedes volar, ¿no?_ me preguntó Rafael.

_No hay problema en ello.

_Perfecto, porque vamos a necesitar muchas alas.

Dicho aquello, los dos arcángeles se fueron, supongo que a comunicar la decisión tomada, que por cierto, me parecía la más apropiada.

Miré a Miguel.

_¿Me ayudas?_ dije extendiendo mi brazo hacia él.



Vallay

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En el texto hay: angelescaidos, angelesdeluz

Editado: 14.09.2019

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