Lucifer, El Origen De Un Demonio

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20. La Última Creación (parte 3)

Me concentraba en el árbol que quería crear. Con los ojos cerrados, recreaba su forma en mi mente, cada parte, cada detalle.

Una vez que su visualización fue clara y nítida, comencé a realizar movimientos con las manos, invocando la energía que necesitaba para su creación.

Abrí los ojos para ver cómo iba, pero de repente alguien habló a mis espaldas, sobresaltándome.

_¡Miguel!_ oí de repente.

El sobresalto hizo que dotara al árbol de un tamaño mucho mayor que el deseado.

_Hala_ dijo la voz. Al volverme vi a Uriel_. Menudo árbol, ¿no?_ dijo con una sonrisa.

Yo fruncí el ceño.

_Sí, se me ha ido un poco la mano.

Me sonrió de nuevo.

_Lo siento.

_No importa, ya lo arreglaré_ dije aproximándome a él_. ¿Qué te trae por aquí?

_¡Ah, sí! El Creador reclama tu presencia en el reino.

Arqueé una ceja extrañado al escuchar aquello.

_¿Mi presencia?¿Para qué?

_No me lo ha dicho, pero parecía algo importante.

Incliné la cabeza hacia un lado.

_¿Requiere de mi presencia para algo importante?¿Seguro que no te ha pedido que busques a Luzbel?

_Que no, ha dicho Miguel.

Me encogí de hombros no muy convencido de las palabras de Uriel.

_Está bien... Buscaré a alguien que sea responsable y en quien pueda confiar para que se encargue de la legión en mi ausencia..._ dije vagamente, no muy seguro de lo que iba a hacer, y por lo visto, ocultar mis preocupaciones no era mi punto fuerte.

_No debes preocuparte Miguel, tu legión estará aquí, esperando tu vuelta.

Asentí con gran inseguridad.

_Dame un momento.

Uriel asintió.

Me acerqué hasta donde había un grupo numeroso de ángeles y les ordené que buscaran al resto.

Una vez que estuvieron todos reunidos ante mí, expliqué la situación y puse a un ángel llamado Shamsiel, el único que al menos me llamaba Miguel, ocupando mi lugar mientras me ausentaba.

Momentos después salía del planeta junto a Uriel, sin poder evitar mirara hacia atrás.

_No me voy tranquilo.

_Pues no tienes motivos.

_Creo que no pienso igual. No sé cómo explicarlo, es una sensación rara en la boca del estómago.

Uriel se rió.

_Esto no es posible, te vamos a cambiar el nombre a Lucifer dos; se te van los nervios al estómago como a él.

_Ya desearía tener la seguridad que tú tienes.

Uriel rió de nuevo.

_No tengo motivos para estar nervioso por nada, que se atrevan a enfadarme_ dijo invocando sus llamas.

Por fin llegamos al reino, pero no fue como pensábamos.

_¿Cómo que no puede verlo?_ preguntó Uriel con las manos apoyadas en la cintura y encarado con el guardia que nos cerraba el paso.

_Como que no, lo siento mucho, el Creador está ocupado.

Uriel parecía más molesto que yo incluso. Resopló con fastidio, levantando algunos mechones de pelo que le caían sobre la cara con el aire expulsado.

_Os decimos como a Lucifer, tendréis que esperar.

_Ah, que a él tampoco lo ha recibido_ dijo Uriel más calmado, pero con muestras de fastidio en su tono.

_No _ respondió el guardia escuetamente.

Se podía sentir una gran tensión. Puse mi mano sobre el hombro de Uriel, apaciguando.

_Vamos, ya nos llamarán.

Uriel me obedeció casi a regañadientes.

Avanzamos por el largo pasillo en silencio hasta que Uriel se detuvo. Me volví para mirarlo.

_¿Piensas buscar a Lucifer?

Me encogí de hombros.

_¿Qué otra cosa puedo hacer? Tal vez él esté haciendo algo.

Uriel se encogió de hombros ante mi respuesta.

_Está bien, después de todo, es Lucifer, seguro que quieto no está.

***

Deposité los libros y pergaminos que había nombrados en la lista sobre la mesa, en frente de Rafael.

_Aquí tienes tus escritos, sólo me ha quedado uno.

_Es igual, con esto tenemos bastante.

Los ángeles ocuparon sus respectivos sitios. Como faltaba una silla para mí, decidí sentarme en el borde de la mesa, junto a Rafael, y prestar atención a sus explicaciones. Sin embargo, conforme pasaba el tiempo, me di cuenta de que ya no escuchaba sus palabras, sólo me fijaba en su forma de expresarse, en su forma de enseñar. Las miradas de los cinco ángeles estaban fijas en él, y ahora la mía también. Me sorprendía el carácter de Rafael, quien siendo un arcángel tan joven, sabía hacerse respetar como Gabriel o Zadquiel. Me gustaba la paciencia que tenía con los jóvenes ángeles y lo sereno que era.

El tiempo pasó sin que me percatara de ello siquiera, sólo me di cuenta cuando Rafael me miró.

_Y esto es todo por ahora_ dijo con una amplia sonrisa_, nos vemos en otro momento.

Los ángeles comenzaron a levantarse, fue entonces cuando mis ojos se cruzaron con los de uno de ellos. Su mirada me resultó familiar. No aparté la vista de él hasta que se marchó.

_Hemael_ susurré sin salir de mi asombro.

Al parecer Rafael se percató de ello.

_Puedes destruir el cuerpo, pero no el alma_ dijo de repente. Lo miré_. No olvides que el cuerpo que muestras no es más que una forma adoptada, se puede conseguir otra si se destruye el cuerpo que habitas.

_¿Entonces es Hemael?

Rafael miró hacia el lugar por el que se había marchado el joven ángel.

_Sí, con otro cuerpo, otro nombre y sin recuerdos de su existencia anterior, pero la esencia de su alma es la misma.

no pude evitar fruncir el ceño, tal vez debido a lo extraño que me resultaba lo que me acababa de contar Rafael.

_Tómate tu tiempo para digerir todo eso_ dijo mientras se dirigía hacia la puerta.

Lo seguí. Avanzamos por el pasillo en silencio durante un rato.

_Me asombra la paciencia que tienes con ellos.

Rafael me miró y sonrió.

_Hay que tener paciencia con ellos.

_Yo no la tengo. Me pongo nervioso cuando explico algo y veo que no se han enterado, no sé, yo lo veo simple_, Rafael dejó escapar una risa_, pero tú no, si no lo entienden, tú te paras y lo vuelves a explicar, las veces que sean necesarias. Yo no soy capaz, pierdo los nervios enseguida, pregúntale a Miguel si no.



Vallay

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En el texto hay: angelescaidos, angelesdeluz

Editado: 14.09.2019

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