Lucifer, El Origen De Un Demonio

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21. Non Serviam

Los humanos comenzaban a tener más confianza en en su nuevo entorno. Desde su creación, los ángeles de Tierra nos habíamos encargado de de ayudarles en su adaptación, indicándoles lo que podían y no hacer; yo mismo fui en encargado de recitarles las normas. 

Más tarde Ariel dedicó algunas jornadas a presentar a todos y cada uno de los animales a los humanos para que ellos los nombraran.

Resumiendo, días tranquilos y aburridos.

La cosa se animó un poco cuando Miguel logró un momento para escabullirse de su planeta y hacer una visita.

_Son maravillosos_ dijo con una sonrisa mientras observaba a los dos humanos desde la sombra que proyectaba el árbol bajo el que estábamos sentados.

Alcé la mirada hasta él y luego dirigí un breve vistazo a los humanos.

_Sí, son unos animales interesantes... Curiosos.

Miguel me sonrió.

_Tienes suerte, en mi planeta, aparte de mi legión y unas cuantas plantas, no hay nada más. Al menos tú estás viendo a otros ángeles.

_No creo que tarde en llegar todo esto a tu planeta.

_Espero que sea cierto.

De repente divisamos una figura descendiendo del cielo. Clavé mi mirada en ella.

_Están ajetreados allí arriba_ dije mientras observaba su descenso.

Me levanté y empecé a caminar hacia el lugar donde calculé que se habría posado. Oí cómo Miguel se levantaba también y me seguía. Pronto vi a Gabriel saliendo de entre los árboles, supongo que yendo a nuestro encuentro.

_Si encuentro a uno encuentro al otro también_ dijo con una amplia sonrisa a modo de saludo.

_Deberías agradecérnoslo, te ahorramos trabajo_ le respondí.

Dirigió la mirada hacia el lugar en el que estaban los humanos.

_¿Cómo van?

Me encogí de hombros con indiferencia.

_Supongo que bien.

_¿Supones?

_No tenemos mucho contacto, a veces creo que les da miedo pedirme ayuda.

Gabriel se rió.

_Tal vez si sonrieras más y fueras más simpático...

_Nunca. ¿A qué has venido?

_Ya estaba tardando en preguntarlo_ le dijo a Miguel.

El otro se rió. Yo me crucé de brazos esperando una respuesta.

_Siendo uno de los mensajeros del Creador, ¿a qué crees que he venido?

_A traer un mensaje.

Gabriel asintió ante mi acierto.

_¿Cuál es el mensaje?_ preguntó Miguel.

_Reunión.

_¡¿Otra?!_ exclamé.

_Sí, Lucifer, otra. Como tú mismo observaste, no se nos dio toda la información a cerca de los humanos.

_¿Van a dar muchas más molestias?_ pregunté a la vez que dirigía mi mirada a las extrañas criaturas.

_Luzbel_ me reprendió Miguel.

Lo miré.

_¿Qué? Es cierto, para lo que hacen...

_Con ese punto de vista, no me extraña que no acudan a ti.

Me encogí de hombros.

_No estoy aquí para servirles, en todo caso al contrario. ¿Cuándo dices que tenemos que estar en el reino?

_En realidad, ya estáis tardando.

_Ah, bueno es saberlo_ dije mientras extendía las alas y alzaba el vuelo con un fuerte movimiento.

Los otros dos me siguieron.

Llegamos al reino y fuimos a reunirnos con los otros, que ya esperaban en la puerta que daba a la sala donde nos reuníamos con el Creador. Nos acercamos a ellos.

_¿No entráis?_ pregunté.

Uriel se encogió de hombros.

_No nos dejan_ dijo a la vez que dirigía una mirada de reproche a los centinelas que vigilaban las puertas.

Ninguno de los dos prestó atención a sus palabras.

Me apoyé contra la pared y esperé junto a los demás hasta que se nos hizo pasar. mi sorpresa fue inmensa cuando, al abrirse las puertas que daban al interior de la sala, descubrí a casi toda la corte dentro, a excepción del último coro, el de los ángeles, que entraba por detrás de nosotros. 

Miguel se acercó a mí sin poder ocultar su asombro.

_Parece que va a ser importante_ me dijo.

_Sí, eso parece.

Ocupamos nuestras respectivas posiciones, todos salvo Miguel, que en lugar de ir con los arcángeles se situó a mi lado, por delante incluso de los serafines, cosa que a mi parecer no les agradó demasiado.

_¿Qué crees que irá a decirnos?_ me preguntó Miguel justo en el momento en que cesó el murmullo.

Iba a responderle cuando me percaté de que el Creador lo miraba pacientemente, esperando a que acabara para tomar la palabra.

_El Creador está esperando para hablar_ le dije casi en un susurro.

Rápidamente, Miguel volvió la mirada hacia él y, cuando descubrió que lo estaba observando atentamente, el arcángel se cubrió la boca con una de sus manos a la ve que enrojecía.

_Mis disculpas_ dijo con un hilo de voz.

El Creador le sonrió y le indicó con un gesto que no tenía importancia.

Yo apenas podía contener la risa. Puse mi mano sobre su hombro, lo que hizo que me sonriera.

De repente, la voz del Creador llamó nuestra atención de nuevo. Presté atención a todas y cada una de sus palabras, pero no me gustó nada lo que dijo. ¿Cómo que tendríamos que estar nosotros, los ángeles, a disposición de los humanos?¿A caso no tendría que ser al contrario?

Sentí cómo la rabia me invadía por dentro a medida que su discurso avanzaba.

_Y por tanto, habréis de amarlos y cuidarlos, estar atentos a sus necesidades, como lo hago yo_ fueron las últimas palabras del discurso.

Para entonces la rabia se había convertido en un poderoso fuego que me devoraba por dentro.

Durante un breve instante ninguno de los ángeles hizo ni un solo movimiento, ni salió una palabra de sus bocas. Llegué a pensar que se habían quedado tan indignados como yo, pero de repente vi cómo Miguel comenzaba a agacharse hasta apoyar la rodilla en el suelo ante las miradas de todos los ángeles, la del Creador y la mía. Quedé tan sorprendido por su reacción que no me salían las palabras. Uno a uno, el resto de los ángeles comenzaron a imitarlo hasta que fui el único que quedó en pie. Recorrí la estancia con la mirada, todos se habían arrodillado. Pronto sus miradas se posaron en mí.



Vallay

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En el texto hay: angelescaidos, angelesdeluz

Editado: 14.09.2019

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