Lucifer, El Origen De Un Demonio

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22. Samael (parte 2)

Gabriel se sentó en frente de mí y me observaba en silencio.

_Bueno, ¿me lo vas a decir o no?

_Sí, claro, es que me sorprende que hayas acudido a mí y no al Creador directamente, como sueles hacer.

_Ya, sí, quería estar seguro antes de presentarme ante Él.

_Entiendo. Entonces no es por temor a una reprimenda.

_Pues claro que no. No tiene motivos.

_¿No le ocultas nada?

Por un momento me quedé pensando en la posibilidad de que Gabriel se hubiera enterado de lo que Remiel me había propuesto.

_Le he dicho que no.

Gabriel me miró confundido.

_¿A quién?¿Qué?¿De qué hablas?

Me quedé pensativo un momento. No era aquello, tenía que pensar en una escusa.

_A Uriel, que quería escabullirse de nuevo de la creación en Saturno, ya lo conoces.

_Ah, no, yo hablaba de que mataste a Ethaquiel, y no te molestes en inventarte algo, por favor.

_Sí, está bien, lo hice.

_¿Por qué?

_Era él o yo.

_Pudo acabar de otro modo, sabes que se podría haber evitado. Desobedeciste sus órdenes.

_Ya_. Hice una pausa_. Ç¿Está muy enfadado?

_No se lo he contado_. Miré a Gabriel_. En teoría desconoce tu acto.

_¿Me estás encubriendo?

_Eres un buen compañero, tú te has arriesgado muchas veces por nosotros y... Quiero devolverte el favor. ¡Pero ni una infracción más!

_No la habrá.

_Eso espero. En cuanto a lo que has venido buscando... Sí, es cierto, uno de los pocos rumores que se hacen realidad.

_Entonces...¿El hijo del Creador se hará hombre?

_Sí, en cierto modo.

Me dejé caer contra el respaldo de la silla con abatimiento. Me sentía como si acabara de darme una patada en el estómago.

Gabriel me miraba atentamente.

_¿Estás bien?

No respondí enseguida.

_No lo entiendo, ¿cómo es que prefiere que su hijo sea uno de ellos?

Gabriel se encogió de hombros.

_Son su creación, son como sus hijos.

_¡Nosotros también!_ le espeté furioso, lo que hizo que se retirara un poco_. También somos creación suya.

Gabriel me miró comprensivo.

_Y tú la primera de todas ellas_ me dijo con tono apaciguador.

_Entonces, ¿por qué soy yo quien debe jurarles lealtad...

_No empieces otra vez, por favor...

_¡No es justo!Soy más fuerte, más inteligente, podría hacer lo que quisiera con ellos. ¡Cualquiera de nosotros!¿ Y yo soy quien debe arrodillarse?

De repente, Gabriel golpeó la mesa con la palma de la mano.

_El Creador los quiere y no creas que quedarías impune si se te ocurriera hacerles algo. Ni siquiera tú, siendo el favorito de todos sus ángeles, te librarías del castigo. Esto es así, ¿ quieres que todo siga bien? Pues obedece lo que se te manda por una vez en tu larga existencia, Lucifer.

Me quedé un momento en completo silencio. Sentía mi corazón latiendo con más fuerza que nunca a causa de la rabia. 

Me levanté con la mirada aún fija en la mesa.

_Obedecer, siempre obedecer_ dije girándome y yendo hacia la salida.

Mientras avanzaba hacia la puerta, oí cómo Gabriel se levantaba, como si se dispusiera a seguirme.

_Lucifer..._ fue lo último que escuché antes de cerrar la puerta detrás de mí.

Regresé a Tierra sin perder un instante, con la idea de volver a encontrar a Remiel. Una vez más pareció que hubiera leído mis pensamientos pues no tardó en aparecer.

_¿Decía la verdad o no?_ preguntó una voz a mis espaldas.

Al volverme descubrí al extraño querubín.

_Sí.

Me miró con una sonrisa.

_¿Quieres que te lleve ante él?_. Asentí sin formular palabra_. Bien, acompáñame_ dijo mientras cogía un palo y empezaba a dibujar un extraño símbolo en el suelo.

Una vez acabado, Remiel se detuvo y me miró.

_¿Sabes qué es esto?_ me preguntó.

Observé el símbolo con detenimiento.

_Es una estrella de cinco puntas dentro de un círculo.

_Casi, es el pentagrama invertido.

_Ah, pues muy bien.

_¿En serio no sabes lo que es?_. Me encogí de hombros a modo de respuesta_. Bueno, pues es una puerta.

_Una puert.

_Sí, a su dimensión.

Lo miré extrañado al escuchar aquello.

_¡¿Está en otra dimensión?! O mejor pregunta, ¿hay otras dimensiones?

Remiel me sonrió con malicia.

_Por lo que veo, el Creador no te lo contaba todo. Aún te queda mucho que aprender, Lucifer. Ahora ven_ dijo depositando su colgante en el núcleo de la estrella.

Al momento, el símbolo dibujado en el suelo comenzó a brillar y a cambiar hasta convertirse en el portal descrito por Remiel. Yo lo contemplaba con asombro.

_Adelante_ me indicó Remiel.

He de admitir que vacilé por un instante. Cuando me vi en el borde de aquel portal me pregunté: "Era aquello lo que realmente quería?¿ Era aquella la solución a mis problemas?"

Tan solo fue un momento de duda, no más de unos pocos segundos; pero no hay día que no piense en ellos. 

Avancé hacia el portal y entré.

La caída fue un poco brusca y, aunque caí de pie, no pude evitar trastabillar un poco y acabar cayendo de rodillas.

Sin levantarme, empecé a observar mi alrededor. Era una dimensión fría, oscura. Parecía que hubiéramos entrado en una cueva.

El sonido de unos pasos detrás de mí me sacó de mi ensimismamiento. Al volverme encontré a Remiel observándome, como siempre.

_La próxima vez que entres será menos brusca la caída_ dijo mientras yo me levantaba y me sacudía las manos y la túnica_. Aquí son enviados los ángeles caídos.

_Pero... ¿Esto dónde está exactamente?

_¿No  lo reconoces? Esto es Tierra, querido amigo. Si saliéramos de la cueva podrías ver todos y cada uno de los lugares de tu querido planeta. Sin embargo, los seres que habitan en Tierra no pueden verte.

Mientras Remiel me describía la situación, mis ojos recorrían cada centímetro de aquel lugar. Aparte de la voz de Remiel, sólo el sonido del agua al gotear contra las rocas rompía el silencio. Pronto fue este último el único sonido que invadión la estancia.



Vallay

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En el texto hay: angelescaidos, angelesdeluz

Editado: 14.09.2019

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