Lucifer, El Origen De Un Demonio

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23. El Inicio De La Rebelión (parte 4)

Miré la daga que me había entregado Samael con un  profundo pesar.

Tardé un poco en abandonar aquel lugar, y cuando lo hice, no quise ni pensar siquiera en acercarme hasta donde estaba Miguel. En su lugar, decidí ir en busca de Asmodeo, quien estaría a punto de abandonar Tierra para dirigirse al reino.

Cuando conseguí dar con él estaba en un claro, junto a uno de los miles de lagos que había en Tierra. Se entretenía afilando la hoja de su espada mientras el grupo de ángeles que lo había acompañado descansaba en los alrededores.

No se percató de mi presencia hasta que escuchó el sonido de una rama que aparté con la mano. Sus ojos azules se posaron en mí a la vez que sonreía ampliamente, con ese cierto aire de locura que lo caracterizaba.

_¡Lucifer!_ exclamó_. ¿Qué te trae por aquí?

Me resultó divertida aquella pregunta al ser consciente de que Tierra era mi planeta y ellos mis invitados.

_Tierra es mía, esa pregunta la debería de hacer yo.

Asmodeo rió.

_Lucifer..._ empezó a decir, pero lo interrumpí abruptamente.

_¿Cuándo te vas al reino?

Asmodeo me miró con cierta sorpresa.

_Partiremos al ocaso_. Asentí_. ¿Por qué lo preguntas?

_Iré con vosotros.

_¿Qué se te ha perdido por allí?

_No es asunto tuyo_ le respondí mientras daba media vuelta, dispuesto a marcharme, pero me volví de nuevo antes de hacerlo_. Quiero recoger unas cosas.

Asmodeo asintió.

_Enviaré a alguien a buscarte cuando estemos preparados.

_Está bien_ dicho aquello me marché.

 

                                                                                       ***

 

Hice llamar a Ariel y a Azegmharenon a mi habitación en cuanto amaneció. Los dos ángeles, a los cuales no había visto desde la batalla en Tierra, no tardaron en acudir.

Ariel, siempre respetuoso y precavido, se arrodilló ante mí sin más demora nada más llegar a modo de saludo y señal de sumisión. Azegmharenon imitó su gesto.

Los observé a ambos durante un breve instante. La sagacidad que caracterizaba a Azegmharenon se complementaba a la perfección con la precaución de Ariel, podía dar fe de ello, y eso los convertía en los exploradores ideales para la misión que quería encomendarles.

_Mi señor, ¿ requería de nuestra presencia?_ preguntó Ariel rompiendo así el silencio.

_Levantaos_ les orden. Ambos ángeles obedecieron al instante_. Tengo una pequeña tarea para vosotros, pero no quiero preguntas una vez os la haya comunicado, ¿entendido?

Los dos asintieron.

_No las habrá_ prometió Ariel.

Asentí satisfecho ante su respueta.

_Necesito que vayáis a Tierra y vigiléis a Lucifer.

Ambos abrieron los ojos hasta no poder más debido a la sorpresa. De hecho, Ariel estuvo a punto de hacer una pregunta olvidando casi por completo su promesa de no hacerlas, pero vi cómo se mordía la lengua antes de que las palabras escapasen de su boca.

_Sí, señor_ fue lo único que dijo al fin.

_Quedaos el tiempo que necesitéis. Podéis retiraos.

Los dos asintieron una vez más y se marcharon.

 

                                                                                    ***

 

Cerré la puerta de la habitación de Zadquiel y nos alejamos. Miré a Azegmharenon y él me miró a mí, ambos con un gesto de confusión imposible de ocultar.

Miramos a nuestro alrededor antes de formular palabra alguna. Cuando nos aseguramos de que estábamos solos y de que no había peligro de ser escuchados empezamos a hablar en susurros.

_¿He escuchado bien?_ preguntó Azegmharenon confundido.

_ Yo he escuchado que vigilemos a Lucifer.

_Vale, sí he escuchado bien.

_Pero... No tiene sentido. ¿A Lucifer? Pero si es la mano derecha del Creador.

Azegmharenon se encogió de hombros.

_Tal vez Zadquiel no haya terminado de curarse aún, creo que delira un poco tadavía.

Fruncí el ceño ante su comentario.

_No tiene gracia.

_No pretendía que la tuviera. Esto que nos ha mandado hacer no tiene sentido. Te recuerdo que Lucifer es su jefe y, por consecuencia, el nuestro, Ariel. 

Me encogí de hombros.

_Soy consciente de ello, pero no sé, algún motivo tendrá. Y sí, cierto es que Lucifer es el jefe militar, pero nosotros pertenecemos a la legión de Zadquiel, y eso lo convierte en nuestro jefe directo.

_Cierto_ coincidió.

_Además, ¿quiénes somos para cuestionar sus órdenes?

_Tienes razón. Como has dicho, sus motivos tendrá para habernos encomendado esta tarea.

_Bien, entonces no perdamos más tiempo.

_Si quieres podemos dividirnos.

Me paré a pensar un momento en su propuesta.

_Sí, buena idea, controlar tanto Tierra como el reino.

_Exacto.

_Pues... si quieres podemos turnarnos.

_Tú te quedas y yo bajo ahora.

_Y por la noche bajo yo, me parece bien.

_Sí, tú te mueves mejor por la noche_ me dijo .

_Vale. Pues entonces nos vemos al anochecer_. Azegmharenon asintió_. Suerte.

_Nos vemos_ dij¡cho aquello se alejó por el pasillo.

Lo seguí hasta la salida, donde lo vi alzar el vuelo y desaparecer.

 

                                                                              ***

 



Vallay

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En el texto hay: angelescaidos, angelesdeluz

Editado: 14.09.2019

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