Lucifer, El Origen De Un Demonio

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24. La Guerra Por El Cielo (parte 1)

Aún no había amanecido cuando me desperté. Me sentía intranquilo, pues sabía que aunque Miguel estaba vivo, sólo sería temporal si Samael lo descubría. 

Me levanté y fui a recorrer la zona en busca de algún lugar donde esconderlo. El lugar escogido fue un área poblada de una espesa vegetación. Volví junto al lago y cogí a Miguel; lo llevé hasta allí y lo oculté entre unos arbustos.

Me arrodillé a su lado y permanecí un instante observándolo. Estaba seguro de que Samael ni se percataría de su presencia aquí, y mucho menos teniendo la rebelión en mente. Acaricié su cabello y me incliné sobre él.

_Volveré a buscarte_ le dije.

Acto seguido me levanté y me alejé del lugar. Mientras regresaba al lugar donde dejé las alas de Azegmharenon, en mi mente no paraba de darle vueltas a cómo actuaría cuando, al finalizar la guerra, le descubriera a Samael que lo había engañado. Tal vez ya no le importaría, después de todo, la guerra estaba ganada. 

Cuando llegué al lugar el sol ya había comenzado a salir. De vez en cuando le dirigía alguna mirada mientras ataba las dos enormes alas, preparándolas para ser entregadas.

Una vez que estuvieron listas, me dirigí al jardín, donde seguramente estaría Samael, sin perder  un instante, pues no quería permanecer en aquel lugar más tiempo del necesario.

Cuando localicé al ángel aún dormía bajo el árbol, en compañía de aquella mujer. No pude evitar sentir cierta repugnancia ante aquello. 

Me acerqué más hasta donde estaban ellos y solté las alas dejándolas caer a plomo a sus pies. El sonido que produjeron hizo que ambos se despertaran y me miraran. 

Al verme, la mujer siguió en su posición, pero Samael se incorporó un poco para ver qué era aquello que había dejado caer a sus pies. Al descubrir lo que era me miró con sorpresa.

_Lo has hecho_ casi exclamó con admiración. Yo no formulé palabra alguna, simplemente me dediqué a observarlo_. He de felicitarte, Lucifer, en esta ocasión tenía casi por seguro tu fracaso.

_Espero que haya merecido la pena_ dije a la vez que daba media vuelta y abandonaba el lugar.


                                                                         ***


Preocupado por la tardanza de Azegmharenon decidí partir hacia Tierra al amanecer.

Conociéndolo, supuse que se habría situado cerca del jardín, para tener a Lucifer más controlado; pero no había ni rastro de él por los alrededores de éste, como pude comprobar.

Decidí ampliar la zona de búsqueda, mas seguía sin dar con él. Aquella situación empezó a alarmarme. Comencé a realizar una búsqueda mucho más exhaustiva, recorrí hasta el último rincón del bosque, pero ni rastro de él.

Estaba a punto de regresar al reino para informar a Zadquiel de lo ocurrido y traer ayuda cuando vi algo que me dejó helado.

El el suelo, justo delante de mí, descubrí un gran charco de sangre, y lo que era peor; parecía reciente.

Sentí que la tensión y el miedo aumentaban por momentos. Me agaché para examinarlo detenidamente, entre la hierba descubrí algunas plumas de color marrón. Mi angustia seguía creciendo a medida que avanzaba en la búsqueda. Seguí la sangre hasta unos arbustos, pero tuve un mal presentimiento, por lo que me detuve antes de apartarlos. Vacilé unos instantes antes de armarme de valor y atreverme a retirar los arbustos. Lo que vi me dejó sin palabras, sin saber cómo reaccionar.

Mis ojos se inundaron de lágrimas al descubrir el cuerpo de Azegmharenon a medio comer y con las alas cortadas. Caí de rodillas junto a él, totalmente abatido.

A pesar de que la sangre encontrada ya me había hecho pensar lo peor, no pensé que sería aquel el modo en el que lo encontraría.

Mientras trataba de aclarar la mente, algo que sobresalía del traje de Azegmharenon llamó mi atención. Alargué la mano hacia aquello y lo cogí. Al desplegarlo descubrí que era el informe que había estado haciendo durante su exploración. Lo leí por encima y, cuando acabé de leer la última frase, ya no tenía dudas de que si no salía de allí inmediatamente, el próximo sería yo.

Guardé el informe y cogí el colgante de Azegmharenon, que descansaba en el suelo junto a él, entre un montón de plumas ensangrentadas. 

No perdí un instante en salir de allí.


                                                                            ***


Samael observaba su reflejo en la superficie del lago junto al que se había asentado. Nos había hecho llamar a los tres líderes que quedábamos en Tierra, pero desde que habíamos llegado ni se había molestado en mirarnos siquiera; su mirada estaba fija únicamente en aquel lago frente a nosotros.

Por fin, después de un largo rato allí esperando, llegó el momento en el que se giró para mirarnos.

_Acabo de enviar un mensajero al reino para que le de la orden a Asmodeo. La primera fase empezará en breve; id preparando la segunda_ dijo con total tranquilidad. Luego se dirigió a Leviatán_. ¿Cómo es que todavía estás aquí, Leviatán?_ las miradas de Remiel y mía se dirigieron al extraño ángel, que tras esbozar una siniestra sonrisa, se retiró_. La misma pregunta va para vosotros dos.

Remiel y yo nos miramos sin mediar palabra para abandonar el lugar a continuación.

Mientras nos alejábamos de allí, Remiel llamó mi atención.

_¿Lo hiciste?_ me preguntó.

Fruncí el ceño ante aquella pregunta.

_No entiendo por qué insististeis tanto en que me uniera a vosotros si luego no confiáis en mí_ le espeté con cierto enojo.

_Bueno, tampoco era para ponerse así.



Vallay

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En el texto hay: angelescaidos, angelesdeluz

Editado: 14.09.2019

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