Lucifer, El Origen De Un Demonio

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24. La Guerra Por El Cielo (parte 2)

Conseguí llegar hasta Júpiter sin ser visto por el otro ejército. Estaba totalmente fuera de lugar, realmente no sabía cómo tenía que actuar, simplemente hice lo que veía lógico. 

Tenía que encontrar a Lucifer, si había alguien que pudiera detener el avance del ejército, ese era él, después de todo, él siempre había estado ahí para frustrar los intentos de rebelión. Siempre había protegido el reino.

Mientras pensaba en todo esto llegué al lugar donde la legión estaba reunida, ya que como yo me había ausentado unos días al reino y Júpiter ya estaba casi terminado les había dado permiso para descansar. 

Si no hubiera sido por  mi llegada, posiblemente nada hubiera podido acabar con la paz que reinaba allí, como si lo que ocurría en el reino fuera totalmente ajeno. 

El contraste que produjo mi alteración con la tranquilidad de la legión hizo que los ángeles se alteraran un poco. Azariel, uno de los más cercanos a mí, se levantó y se alejó del árbol bajo el que estaba sentado para acercarse a mí.

_¿Qué ocurre?_ me preguntó.

_Da la orden de partida, tenemos que abandonar el planeta de inmediato.

Azariel me miró confundido.

_Pero... Mi señor...

_Hay un ejército a las puertas del reino_ le aclaré.

Los ojos del ángel se desorbitaron más si cabe al escuchar aquello. No pronunció un sola palabra más, se fue de inmediato para reunir a la legión. Pronto estuvo la legión reunida ante mí. Podía sentir la incertidumbre en sus miradas, así que pasé a darles la información acerca de lo que ocurría en el reino. 

Una vez dada la información, abandonamos el planeta sin más demora.

                                              ***

El ángel esbozó una amplia y siniestra sonrisa. Traté de levantarme, pero me propinó una fuerte patada en el mentón que me hizo caer de nuevo al suelo. Intenté recuperarme del golpe, pero no me dio tiempo antes de que me asestara otra patada en la boca del estómago que me levantó por los aires y me desplazó otro metro más. Choqué con fuerza contra el suelo, donde traté de recuperar el aliento, pero me agarró del pelo y estrelló mi cabeza con fuerza contra el suelo un par de veces antes de levantarme en peso y lanzarme una vez más por los aires. 

Este último impacto fue más fuerte que los anteriores y, sumándole a eso el dolor que sentía de todos los golpes recibidos anteriormente, hizo que no volviera a intentar levantarme.

Mis ojos estaban clavados en la batalla que libraba mi legión contra la legión invasora mientras sentía cómo las últimas fuerzas que me quedaban me abandonaban sin más. 

Entonces escuché el batir de unas alas. Pronto vi aparecer una vez más al ángel de negro. Cayó sobre mí y me miró con aquellos inexpresivos ojos amarillos desde lo alto mientras yo casi le suplicaba desde el suelo. Su gesto cambió por completo a un gesto de satisfacción. Se agachó hasta casi sentarse sobre mí, inmovilizándome por completo. Mi respiración se aceleró conforme acercaba su rostro al mío. Podía sentir su aliento en mi cuello. 

Cerré los ojos tratando de concentrarme en invocar mis llamas, pero un agudo dolor en el hombro hizo que se interrumpieran mis pensamientos; acababa de morderme. Podía sentir sus dientes clavándose en mí mientras yo chillaba de dolor y hacía lo imposible por quitármelo de encima.

De repente algo impactó con fuerza contra él. Fue tal la violencia del golpe que el ángel salió disparado por los aires hasta estrellarse a más de tres metros de distancia.

Mi primera reacción fue cubrir la herida con mi mano. Miré con horror mi hombro. ¡Me había arrancado un trozo!

Me giré sobre mí mismo conteniendo a duras penas  algún que otro gemido. No muy lejos de mí vi como el ángel, que ya había comenzado a levantarse, trataba de mantener el equilibrio mientras se ponía en pie. Cuando logró erguirse del todo, cogió furioso una maza que colgaba de su cinto.

Un poco más allá, Rafael trataba igualmente de recuperarse del golpe. Vi cómo el ángel comenzaba a correr hacia él con la maza en alto.

_¡Rafael!_ grité.

El grito hizo que mirara hacia el lugar en el que estaba yo y que viera del mismo modo al ángel corriendo hacia él con la maza en alto.

Apenas tuvo tiempo para coger la lanza y conseguir bloquear el golpe. Pude escuchar el gruñido de frustración del ángel mientras levantaba la maza de nuevo, dispuesto a asestarle otro golpe a Rafael que, por suerte más que por otra cosa, consiguió esquivar.

Ante aquella situación, saqué fuerzas de donde pensaba que ya no quedaban, cogí mi espada a la vez que me levantaba y corrí hacia el lugar donde peleaban los otros dos en ayuda de Rafael.

El ángel ya se preparaba para golpear una vez más a Rafael cuando mi espada se interpuso en el camino de su maza, deteniéndola y desviando su trayectoria. Los ojos del ángel me miraron con el odio más profundo que jamás había visto. 

Liberó su maza del bloqueo de mi espada y dejó a un lado a Rafael para descargar su rabia contra mí una vez más. Aunque conseguí evitar que me golpeara su maza en más de una ocasión con la intención de ganar tiempo para que Rafael se recuperara, sabía que no podría aguantar así mucho tiempo. 
Por fin el arcángel se unió a la pelea, atacando al ángel invasor con una rabia que nunca antes había visto en él.

                                                                      ***

Las puertas del reino no tardaron en caer. Asmodeo había llevado a cabo su cometido con éxito, aunque no pudiera evitar que se reuniera un ejército reducido bajo el mando de Gabriel. Sin embargo, eso era algo que no preocupaba a Samael en lo más mínimo. Para él no era más que una pequeña resistencia que no tenía nada que hacer frente a nosotros. Estaban atrapados entre las legiones de Asmodeo, que controlaban la parte superior del palacio, donde estaba recluido el Creador; y el grueso del ejército.



Vallay

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En el texto hay: angelescaidos, angelesdeluz

Editado: 14.09.2019

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