Lucifer, El Origen De Un Demonio

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24. La Guerra Por El Cielo (parte 3)

Las puertas se abrieron de par en par. Los primeros en entrar fueron los demonios, que empezaron a correr por los pasillos como si de animales salvajes se tratara, en busca del otro ejército. Tras ellos empezaron a entrar las legiones de ángeles. Samael se detuvo ante mí.

–Buena idea– dijo sin más antes de continuar su camino.

***

Cuando llegué a Tierra encontré un planeta totalmente desierto. Lo primero que hice fue dirigirme hacia el jardín, pero allí no había nadie.

–Este planeta está abandonado– dijo Azariel–. Es posible que Lucifer y Miguel ya estén en el reino.

–Eso parece, sí– respondí más atento a mi alrededor que a mis propias palabras.

–Mi señor ... Deberíamos partir nosotros también– insistió Azariel–, aquí no podemos hacer más.

Lo miré pero no dije nada. Era obvio que el planeta estaba completamente vacío, o al menos a simple vista; sin embargo, algo me decía que sí podíamos hacer algo más.

–Exploradlo antes de partir, quiero asegurarme de que no queda nadie.

Los ángeles se miraron entre sí. Sabía que no estaban de acuerdo con la orden, pero aún así no dijeron nada más, simplemente obedecieron.

***

Llegamos a Marte y, en cuanto nos acercamos un poco más a la superficie, descubrí que la situación de Chamuel no era muy diferente a la mía en Saturno.

Su legión se batía contra otra cuyo uniforme coincidía con el que portaba la del otro ángel que me atacó.

–¡Preparad las armas!– avisé a la legión a la vez que me concentraba en invocar mis llamas.

La legión se lanzó contra la otra, en ayuda de los ángeles de Chamuel mientras yo me encargaba de despejar la zona desde arriba. El primer impacto lo recibió un grupo de cinco ángeles que descendía para enfrentarse a otro pequeño grupo que pertenecía a la legión de Chamuel. Pero mi fuego los alcanzó antes y lo único que llegó al suelo fueron sus cuerpos completamente calcinados.

Como ese, otros grupos corrieron la misma suerte hasta que distinguí a Chamuel un poco más allá de mi posición, peleando contra un ángel de características similares al que se había enfrentado a mí.

–Prepárate– murmuré por lo bajo mientras extendía mi brazo hacia él.

La llamas que invoqué se deslizaron por mi brazo e impactaron de lleno en el ángel, que salió disparado por los aires, dándole así un respiro a Chamuel.

Me posé junto a él, que me sonrió ampliamente.

–No podía ser otro; me alegra verte Uriel, has llegado justo a tiempo.

–Para variar– bromeé.

Entonces vi que el ángel comenzaba a levantarse. Sacudió la cabeza y dirigió sus ojos negros hacia nosotros, reflejando en ellos un odio abismal.

–Prepárate, que vuelve– avisé a Chamuel, que alzó su espada a la vez que yo preparaba la mía.

El ángel empezó a correr hacia nosotros empuñando un látigo. Con un ágil movimiento, alzó el látigo en el aire y lo dirigió hacia nosotros. Golpeó el suelo de milagro,con un sonoro chasquido, gracias a que reaccionamos a tiempo elevándonos en el aire.

–Ten cuidado con eso–, me dijo Chamuel señalando el látigo–, sabe bien cómo usarlo.

–Ya lo veo.

Vimos que se preparaba para asestar otro golpe. Movió el látigo con asombrosa rapidez y lo dirigió hacia nosotros una vez más.

–Apártate– me avisó Chamuel.

Seguí su consejo. Nos hicimos a un lado para evitar que nos diera, y justo cuando regresaba a su dueño, aproveché para asestarle un golpe con la espada que hizo caer al suelo la mitad del látigo. El ángel lo miró con los ojos desorbitados por la rabia.

–Saca el arco– le dije a Chamuel a la vez que me lanzaba contra el otro con la espada en alto.

Al verme, el ángel arrojó lo que le quedaba del arma al suelo y sacó su espada, dispuesto a hacerme frente. Nuestras armas chocaron con furia, y pronto estuvimos enzarzados en una acalorada pelea.

Mientras estaba pendiente de mí, no prestaba atención a Chamuel, así que ni siquiera vio venir la flecha que le atravesó el muslo. Aproveché su momento de distracción, en el cual intentó partir el cuerpo de la flecha, para propinarle un fuerte golpe en la cabeza con la empuñadura de mi espada. El otro simplemente se desplomó.

Permanecí un instante observándolo, yacía inerte en el suelo, con el cabello cobrizo oscuro revuelto sobre un charco de sangre que manaba de la herida en la cabeza.

Chamuel se acercó.

–¿Lo has matado?

–No lo sé– dije mientras me agachaba junto a él y hacía lo mismo que Rafael había hecho con el otro–. No, aún tiene pulso.

–¿Qué hacemos con él?– preguntó, pero no había terminado de formular la pregunta cuando yo ya le mostraba unas cadenas.

Entonces algo llamó la atención de Chamuel. Se acercó al ángel y le retiró el cabello a un lado, dejando al descubierto un extraño símbolo grabado en su cuello. Aquello también me intrigó.

–¿Qué es?– pregunté.

Chamuel no respondió enseguida.

–Hace tiempo que dejó de ser un ángel...Si acaso alguna vez lo fue– me respondió.

Lo miré sorprendido ante aquella respuesta.

–¿Qué quieres decir?

–Este ángel no sabía volar.

–Y cómo llegó hasta aquí?– pregunté con tono escéptico.

–Entiéndeme, sabe volar lo justo, pero, por ejemplo, no sabía lo suficiente como para volar y pelear al mismo tiempo, ¿no lo has visto? Cualquier ángel hubiera alzado el vuelo como lo hicimos nosotros.

–Y si no es un ángel, ¿qué es?

–¿Tú qué crees? Un demonio que adoptó la forma de un ángel.

Mientras Chamuel hablaba, yo observaba al ángel tirado ante nosotros. Sentí un escalofrío al escuchar las últimas palabras de Chamuel.

–No debemos demorarnos demasiado. Por lo que he visto, Jophiel debe de estar en una situación similar a la que hemos estado nosotros.

–¿Sabes algo de los demás?– me preguntó mientras cogía las cadenas que había creado y las ataba alrededor del cuerpo del ángel.

–Rafael está en Tierra, ayudando a Miguel, Jophiel está en Venus y Lucifer... o bien está en Tierra o en Mercurio.



Vallay

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En el texto hay: angelescaidos, angelesdeluz

Editado: 14.09.2019

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