Lucifer, El Origen De Un Demonio

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24. La Guerra Por El Cielo (parte 4)

Por fin llegué a Urano. Rápidamente reuní la legión siguiendo la orden de Rafael.

–¿Qué ocurre?– preguntó un ángel llamado Aftiel al verme tan nervioso.

–El reino está siendo atacado, debemos darnos prisa.

Sin perder un instante, los ángeles empezaron a organizarse. De repente, sentí una mano sobre mi hombro. Al volverme hacia ella descubrí que se trataba de Shamsiel.

–Confiamos en ti– me dijo.

Yo asentí con una tímida sonrisa.

Una vez organizada la legión, partimos hacia el reino.

***

Chamuel y yo entramos en Venus.

–¿Cómo crees que estará Jophiel?– me preguntó.

–Ni idea. Contigo he tardado un poco y estabas en una situación difícil... Esperemos que hayan aguantado.

Cuando nos acercamos más a la superficie descubrimos que la situación no era para nada la esperada. El ejército de los ángeles invasores estaba esparcido por el suelo, derrotado; hasta su líder había caído ante Jophiel. Chamuel y yo lo observábamos todo sorprendidos.

–Creo que se las ha apañado bien– me dijo.

–¡Por fin llegáis!– dijo alguien de repente. Al levantar la vista vi que se trataba de Jophiel, que se acercaba cubierto de sangre–. No sé cuánto más hubiera aguantado.

–Sí, se te ve muy apurado– le contesté.

–He tenido mi momento– dijo ya frente a nosotros–. ¿Qué está pasando?

–El reino está siendo atacado, tenemos que darnos prisa.

Justo en aquel momento escuché la voz de uno de los ángeles avisando de la llegada de otra legión. Los tres alzamos la vista.

–Rafael acaba de llegar– dijo Chamuel.

–Tal vez con él vengan Miguel y Lucifer.

Pero no fue así. En cuanto aterrizó fuimos hacia él.

–¿Qué ha pasado?– le pregunté, pues parecía preocupado.

–He encontrado a Miguel, lo he enviado a Urano a por su legión.

–Bien. ¿Y Lucifer?

Rafael nos miró a los tres.

–Tenemos un problema.

–¿Lo han derrotado?– preguntó Jophiel preocupado.

–No, nada de eso.

–¿Entonces?– preguntó Chamuel.

–Él dirige el ataque.

Los tres nos quedamos sin saber qué responder.

–Sé lo que pensáis, yo pensé lo mismo, pero es cierto, de hecho traigo conmigo a la parte de su legión que se negó a seguirlo. Ahora, lo mejor será que no perdamos más el tiempo y regresemos al reino, no quiero que Miguel llegue solo.

–Tienes razón– coincidió Jophiel.

–Bien, lo más seguro es que Miguel entre por la parte principal, coincidiendo con la retaguardia del ejército.

–Jophiel y yo entraremos con él– dijo Chamuel.

–Entonces nosotros entraremos por la parte trasera del palacio, ¿vale Uriel?

Yo asentí.

–Fantástico, pues vamos– dijo Chamuel.

–Esperad, antes esto– dije a la vez que creaba unas cadenas y señalaba al líder derrotado de la legión invasora.

Una vez que hubo tenido el mismo final que los otros líderes, organizamos cada uno a nuestra legión y abandonamos Venus para dirigirnos hacia el reino.

Cuando estuvimos cerca, Chamuel y Jophiel se separaron de nosotros y fueron hacia la entrada principal.

–Suerte– les dije, a lo que respondieron con un gesto afirmativo.

–Nosotros también la vamos a necesitar– escuché que decía Rafael.

Llegamos a la puerta por la que consiguió escapar Rafael.

–Vaya entrada más triunfal, por la puerta de atrás– dije.

–Pues yo prefiero una entrada útil a otra triunfal– me respondió Rafael mientras la abría.

–Y si son las dos cosas...

–Eso es lo mejor– dijo con una amplia sonrisa mientras entraba.

La puerta nos llevó a uno de los laterales del pasillo principal, extrañamente desierto.

–Extraño que no hayan llegado aquí– dijo Rafael.

–Lo que tú crees, amigo– le respondí–, allí los tienes– dije señalando a hacia uno de los pasillos laterales que desembocaban al principal–. Vamos a recibirlos– dije con una sonrisa a la vez que invocaba mis llamas.

***

Las primeras luces comenzaron a hacer su aparición. El sudor y la sangre empapaban mi cuerpo desde el cabello, en especial el rostro, donde exhibía una herida que me lo cruzaba desde el pómulo derecho hasta el lado izquierdo de la cara; por suerte no parecía muy profundo.

Sin embargo, si la batalla seguía el curso que había llevado hasta ahora, no dudaba de que conseguiríamos la victoria. Y, aunque el cansancio comenzaba a hacer mella en nosotros, también empezaba a afectar al otro bando, el cual no esperaba refuerzos de ningún tipo, nosotros, por el contrario, aún esperábamos la llegada de las legiones de Leviatán.

De repente Samael me hizo un gesto. Por señas me indicó que cogiera a Remiel y a una parte del ejército y que fuera por uno de los pasillos.

Miré a Remiel, que peleaba junto a mí.

–Remiel, llama a los tuyos y acompáñame– le dije.

El otro no hizo preguntas, simplemente obedeció.

–Id por detrás– me dijo Samael cuando pasé junto a él.

Abandonamos la batalla y nos adentramos en el pasillo. Este desembocó en una amplia estancia.

–Lucifer– escuché que me llamaba Remiel, que corría a duras penas detrás de mí–, ¿qué se supone que estamos haciendo?

–Samael me ha ordenado que vayamos por detrás.

–¿Por detrás?

–Sí, supongo que querrá que nos unamos a Asmodeo.

Mientras discutíamos los guié hasta otro pasillo.

–Este nos llevará al pasillo central, desde ahí podremos llegar hasta Asmodeo...

De repente me detuve en seco al final del pasillo. Frente a nosotros distinguí a las legiones de Rafael y de Uriel, y a este último preparándose para descargar sus llamas contra nosotros. Observé con espanto cómo súbitamente una gran ola de fuego empezó a avanzar con rapidez hacia nosotros.

–¡Corred!– grité– ¡Media vuelta!

Los ángeles obedecieron de inmediato. Empezaron a correr y a volar en dirección contraria a la que habíamos llevado, buscando una salida.

Remiel y yo íbamos de los últimos, junto a un grupo que se había quedado más rezagado. Podía sentir un calor abrasador en la espalda mientras escuchaba los alaridos de dolor de los ángeles que eran devorados por las llamas.



Vallay

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En el texto hay: angelescaidos, angelesdeluz

Editado: 14.09.2019

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