Lucifer, El Origen De Un Demonio

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25. La Batalla Final (parte 3)

Estaba sentado en el escritorio de mi habitación, pensando en todo lo que había ocurrido hasta el momento cuando alguien llamó a la puerta.

-Entra.

La puerta se abrió y enteró Zadquiel. Se acercó hasta donde yo estaba y se sentó en frente de mí.

-Tierra ha sido destruida-. Reconozco que sabía de antemano que era aquella la noticia que me iba a comunicar, como sabía que que no me iba a ser tan indiferente como querría-. Siento tener que comunicarte esto.

No respondí de inmediato, antes me encargué de que en mi voz no se reflejara emoción alguna ante aquella noticia.

-No lo sientas, es una gran noticia, ya sólo queda esperar a su respuesta.

Zadquiel esbozó una sonrisa compasiva.

-Se tenía que hacer.

-No tienes que excusarte, Tierra no es mi planeta, no tengo nada que ver con ella.

-Resulta que es justo al contrario.

Hubo un breve silencio.

-Lucifer no mostraba sus emociones.

-Pero tú no eres Lucifer, eres Miguel.

No formulé palabra durante un breve intervalo de tiempo.

-Deberíamos avisar a Gabriel, no creo que tarden en atacar y nos será más útil aquí.

-Enviaré a uno de mis ángeles-. Asentí, pero no dije nada más. Zadquiel se levantó y fue hacia la salida, donde se volvió para mirarme una última vez-. No estás solo en esto- me dijo antes de irse.

Yo le sonreí y asentí.

Escuché la puerta cerrarse detrás de él y sus pasos alejarse por el pasillo. Únicamente cuando supe que estaba completamente solo, dejé escapar las lágrimas que había estado conteniendo hasta el momento.


***

Las cenizas eran arrastradas por el viento y se incrustaban entre mis cabellos y en las plumas de mis alas mientras las que continuaban en el suelo manchaban los bordes de mi túnica.

Detuve mi paso y observé el panorama; las figuras oscurecidas de los árboles calcinados contrastaban con el color grisáceo del cielo.

Sin poder evitarlo, vinieron a mi mente los recuerdos de aquellas noches que estuvimos sentados justo en aquel lugar donde me encontraba. Era curioso, ni siquiera me había percatado de que me dirigía hacia allí.

Mientras contemplaba los restos de aquel lugar, mi mente evocó la imagen de la hoguera que encendió Uriel aquella noche. Era tan nítido el recuerdo que casi podía vernos allí reunidos, a Jophiel y Rafael sentados sobre un tronco caído, observando a Lucifer mientras Uriel lo hacía recostado en el suelo contra aquel mismo tronco.

Zadquiel, Chamuel y yo estábamos sentados en otro, igualmente observábamos a Lucifer, sentado junto a Miguel en el tronco de enfrente. Recuerdo que le estaba enseñando a tocar el arpa, por eso el joven ángel lo miraba con tanta atención.

Casi podía escuchar el sonido que producía al tocar las cuerdas con sus dedos. Me quedé un buen rato contemplando aquella supuesta escena que sólo podía ver en mi mente. De repente evoqué la mirada de Lucifer, aquellos ojos negros y brillantes que te miraban de forma inquisitiva.

"-¿Qué? ¿Me he inventado la canción también? - preguntó."

Sentí que los labios se me curvaban en una sonrisa nostálgica.

-Mi señor- escuché de repente, haciéndome volver a la realidad, a aquel paisaje desolador. Me volví hacia el lugar de procedencia de la voz-. Ha llegado un mensajero.

Asentí y acompañé al ángel hasta el lugar donde se encontraba el mensajero, al que reconocí como Acenael, segundo de Azegmharenon.

-Arcángel Gabriel, se requiere vuestra presencia en el reino- dijo.

Asentí ante sus palabras.

-Reúne a la legión- ordené al ángel que había venido conmigo.

El ángel obedeció y, sin perder un instante, fue a reunir a toda la legión. Pronto estuvimos volando de vuelta al reino.

***

Abrí los ojos poco a poco y con gran trabajo. Al principio no veía más que manchas borrosas, pero conforme se me fue aclarando la vista, empecé a distinguir las facciones de Asmodeo.

-Ya se despierta- escuché que decía.

De inmediato, Remiel y Adirael se arrodillaron junto a mí.

-Lucifer, ¿puedes oírme?- preguntó Remiel.

-Sí...

-¿Cuántos dedos ves?- preguntó Adirael a la vez que me acercaba el dedo índice a la nariz.

-Uno- respondí algo agobiado por tantas preguntas y el hecho de que estuvieran los tres casi encima de mí.

Hice el amago de levantarme, obligándolos a apartarse. Me quedé sentado y me llevé la mano derecha a la cabeza, donde sentía un agudo dolor. Gemí levemente al tocar la zona.

-¿Qué ha pasado?- pregunté aún algo aturdido.

-Enfadaste a Samael- me respondió Asmodeo-. Te golpeó en la cabeza y perdiste el conocimiento.

-Llevas así medio día- dijo Remiel.

Al escuchar aquello me percaté por primera vez desde que abrí los ojos de que estaba atardeciendo.

-Por cierto, no te toques demasiado la zona, tenías una herida profunda- continuó Remiel.

-Te la hemos curado como hemos podido pero...- dijo Adirael.

-No sé cómo se te ocurrió enfrentarte así a él- mencionó Asmodeo.

Mis ojos se clavaron en él.

-Mi razón tendría.

-¿No la recuerdas?

-¡No recuerdo nada de lo que ocurrió!- dije con cierto enojo.

-Tierra ha sido destruida- me informó Asmodeo-. Samael me pidió que te informara de la estrategia planeada y que te recordara que a él debes dirigirte con el respeto que merece.

-¿Con el respeto que merece?¡Él me ha hecho esto!- dije señalando la herida de mi cabeza-. No recuerdo la razón por la que me la hizo, pero esto no se me olvida.

Ninguno dijo nada, pero pude notar cierta tensión en sus expresiones ante mi comentario.

-La estrategia- dijo Asmodeo con un tono más apaciguador y tratando así de cambiar el tema a tratar-; la situación se ha complicado, nos quedamos sin provisiones de ningún tipo y la energía no es eterna, pronto los cuerpos dejarán de funcionar correctamente y entonces nos veremos obligados a abandonar la forma física, quedándonos así en una gran desventaja. Antes de que eso ocurra, Samael ha decidido que asaltemos el palacio, que hagamos un último esfuerzo antes de que la energía nos abandone por completo.



Vallay

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En el texto hay: angelescaidos, angelesdeluz

Editado: 14.09.2019

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