Lucifer, El Origen De Un Demonio

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26. La Caída De Luzbel (parte 2)

Las manos comenzaban a temblarme debido al peso de la espada. No me atrevía a abrir los ojos; a pesar de que no cesaba de repetirme que no había ocurrido lo que tanto temía, el peso de la espada era muy superior al debido. En el fondo, sabía lo que encontraría si abría los ojos.

Fue el hecho de sentir un líquido caliente rozando mis dedos y deslizándose a continuación por mi mano lo que me hizo abrirlos. La sangre goteaba abundante desde el filo de la hoja hasta el suelo.

Poco a poco, empecé a levantar la mirada, aferradas con fuerza a la hoja de mi espada, descubrí sus manos, de las que brotaban hilos de sangre. Me armé de valor para terminar de alzar la mirada. Sentí como mi respiración se cortaba al ver cómo parte de la hoja estaba introducida en el cuerpo de Lucifer, justo debajo de su pecho. La sangre manaba en gran cantidad de la herida, como lo hacía también de su boca y su nariz.

Cuando por fin logré reaccionar, acerqué una de mis manos a las suyas para soltarlas de la hoja y así poder retirar la espada sin hacer más profundo el corte que ya tenía en ellas, aunque no sé si fue la decisión más acertada, pues la herida comenzó a sangrar con más abundancia.

***

No sentía dolor, mis músculos estaban tan tensos que no podía respirar, ni siquiera apartar las manos del filo del arma, aunque me estuviera cortando.

De repente, sentí unos dedos sobre mis manos. Descubrí que se trataba de Miguel, que intentaba separarlas del filo. Una vez que lo hubo conseguido, apoyó la mano sobre mi pecho y comenzó a retirar la espada.

Podía sentir la hoja saliendo de mí, el dolor que no sentí en un principio, lo sentía ahora cuando, al ser extraída la espada, la afilada hoja me cortaba por dentro. Apreté los dientes tratando de contener los gemidos, aunque no pude evitar que se me escapara más de uno.

Cuando la espada estuvo fuera, la sangre comenzó a brotar copiosamente. Instintivamente, llevé mis manos al lugar de la herida e hice presión sobre ella en un vano intento de detener la hemorragia. Ni siquiera me di cuenta de que había caído al suelo hasta que sentí el golpe del impacto.
 

***

Escuché unos pasos aproximándose hasta mi posición.

-Uriel- escuché que decía la voz de Chamuel, pero no logré reaccionar, mi mirada continuaba clavada en la escena que había tenido lugar ante mis ojos-. Uriel-dijo de nuevo, más cerca esta vez, tanto que me agarró por los hombros y me hizo mirarlo.

-¿Qué he hecho?- fue lo único que le dije.

Chamuel cogió su arco de mis manos mientras la mano que le quedaba libre continuaba sobre mi hombro.

-Has hecho lo correcto.

-Lo he matado- repliqué.

-Él habría matado a Miguel.

Volví la mirada hacia el lugar en el que se encontraban Miguel y Lucifer.

-Debemos salir de aquí, la batalla aún no ha acabado, corremos peligro- dijo.

Levanté la mirada y la clavé en sus ojos.

-Para mí sí ha acabado- le respondí mientras me zafaba de su agarre e iba hacia el lugar en el que estaban los otros dos.

***

La huída hizo que acabara de nuevo en mitad del campo de batalla y lo que era peor, entre la pelea que ambos dragones continuaban librando. Además, había perdido de vista a Asmodeo. Por lo menos había conseguido librarme de Zadquiel y Chamuel, aunque no estaba seguro de si eso podría considerarlo un consuelo siendo consciente de mi situación.

A la vez que esquivaba a los dragones, mis ojos buscaban un escondite. Fue entonces cuando una violenta ráfaga de viento me hizo caer al suelo mientras las cenizas que había a mi alrededor se elevaban, privándome momentáneamente de la visión y casi de la respiración.

Cuando por fin comenzaron a dispersarse pude ver que los dos dragones habían alzado el vuelo y peleaban ahora en las alturas, por desgracia, demasiado cerca de los muros del palacio, de hecho, en que me vi para evitar ser aplastado por un gran trozo de pared que cayó a apenas un par de pasos de distancia desde mi posición.

Conseguí levantarme, a pesar de que las cenizas bloqueaban casi por completo la entrada del aire a mis pulmones, haciéndome toser continuamente. A pesar de que estábamos todos en la misma situación, ninguna de estas dificultades pareció ser un impedimento para que ángeles de ambos bandos salieran de sus refugios y volvieran al campo de batalla para continuar peleando.

Así estuvimos hasta que un desgarrador alarido nos hizo detenernos momentáneamente. Fue un sonido estremecedor, que continuó repitiéndose por la acción del eco hasta que desapareció por fin al completo.

Mis ojos estaban clavados en el cielo, oscurecido hasta tal punto que no se podía ver nada en él. De repente, algo pareció descender a gran velocidad y sin control alguno.

-¡Dragón!- exclamó uno de los ángeles.

Rápidamente, empezamos a dispersarnos sin control alguno por el campo de batalla. De vez en cuando, dirigía una breve mirada hacia arriba, para intentar calcular la trayectoria que seguía, pero fue inútil, estaba demasiado alto como para saber dónde iba a caer.

El miedo se apoderó de mí en aquel instante, hasta el punto de casi impedirme respirar. No tardé en escuchar un fuerte impacto por detrás de mí. Al volverme, vi cómo el cuerpo inerte del dragón rojo terminaba de impactar en el suelo, sobre un gran número de ángeles, aplastándolos. A estos había que sumarle los que siguió matando al continuar desplazándose debido a la fuerza del impacto hasta que se perdió en el bosque.

La batalla se detuvo instantáneamente por la impresión que la caída del dragón produjo.

De repente, se escuchó un segundo alarido y, seguidamente, todo tembló. El dragón blanco acababa de aterrizar junto al otro. Acercó su cabeza al cuerpo del rojo y, ante mi espanto, comenzó a morderle hasta el punto de arrancar trozos de carne.

***

La voz de alarma me hizo alzar la mirada para descubrir que, efectivamente, uno de los dragones caía a gran velocidad desde el cielo. Rápidamente, empecé a correr junto al resto de ángeles. Corría entre ángeles del Creador, ángeles de Satanás, incluso algún que otro demonio; daba igual el bando, sólo un objetivo ocupaba nuestras mentes en aquel instante, escapar de ser aplastados por el dragón.



Vallay

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En el texto hay: angelescaidos, angelesdeluz

Editado: 14.09.2019

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