Lucifer, El Origen De Un Demonio

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3. El Mensaje de Gabriel

Extiende las alas otra vez_le dije a Miguel.

Él lo volvió a intentar, pero no logró extenderlas del todo, le ayudé a extenderlas cogiéndolas de los extremos. Lo forcé un poco más que la vez anterior y le hice aguantar más tiempo.

_Ahora pliégalas despacio_ dije soltando los extremos.

Miguel obedeció. Continuó plegándolas y desplegándolas hasta que fue capaz de extenderlas del todo.

_Bien_ lo felicité_. Vamos a cambiar de ejercicio, ahora las vas a mover.

Miguel comenzó a aletear, cada vez con más fuerza. No cesó hasta que se elevó unos pocos metros. Yo lo miré desde abajo, cubriéndome los ojos con la mano para protegerlos del sol.

_Se te da mejor volar que andar.

Él me dedicó una sonrisa amplia que reflejaba su alegría e inocencia.

_Bien, desciende y sígueme.

Conduje a Miguel hasta un precipicio en lo alto de una de las montañas. Él se asomó y con las mismas se agarró al borde.

_Qué alto.

_ Comparada con la altura a la que tienes que subir, esto no es nada_. Miguel se levantó_. Presta atención porque tendrás que hacer lo mismo que yo.

Cogí carrerilla y salté con las alas desplegadas.

Las moví con fuerza y en unos segundos había dejado atrás el precipicio. Esquivaba las rocas con giros bruscos pero elegantes, mientras volaba a ras del suelo, levantando polvo a mi paso. Esperé hasta llegar casi a la pared rocosa para ascender tan cerca de ella que en cualquier momento podría haberme estrellado, pero no lo hice, nunca lo he hecho.

Una vez pasado el precipicio, comencé a batir las alas con fuerza hasta cierta altura, donde cubrí mi cuerpo con ellas y atravesé las nubes girando sobre mí mismo a una velocidad vertiginosa para luego extenderlas en lo más alto. Permanecí allí un momento, planeando sobre las nubes mientras la brisa acariciaba mi piel. Aquella sensación me encantaba, me hacía sentirme tan fuerte, tan poderoso...

Volví a mirar hacia abajo, batí las alas y me dejé caer.

✝️

Me quedé mirando al cielo, con la imagen de Luzbel volando aún en mi mente. Verdaderamente era un ser magnífico.

Mientras miraba hacia el cielo, en la dirección por donde había desaparecido, en mi mente sólo se repetía una frase; "Quiero ser como él".

✝️

Me posé con suavidad junto a Miguel, que me miraba con una amplia sonrisa mientras yo plegaba de nuevo mis alas.

_Ha sido asombroso_dijo.

Yo le sonreí.

_Ahora te toca a ti asombrarme.

Él se rió.

_Eso va a ser más difícil.

Se asomó de nuevo al borde del precipicio.

_Está muy alto_ volvió a decir para remarcar su afirmación anterior.

Me acerqué a él.

_¿Quieres que te ayude a dar el primer paso?

_¿Me vas a empujar?

_No_dije tendiéndole la mano. Él la agarró con fuerza.

Nos tiramos a la vez y extendimos las alas.

Un movimiento mío nos elevó varios metros. Pronto estuvimos a una altura considerable. Hasta ahora Miguel había conseguido mantenerse, aunque fuera planeando. Yo lo miré.

_Ahora te voy a soltar

_¿Qué?_exclamó alarmado.

Pero yo ya lo había soltado. No entendí el por qué, tal vez se asustó o tal vez no estaba preparado aún, el caso es que comenzó a aletear sin coordinación alguna para acabar cayendo. Apenas tardé unos segundos en reaccionar, pero él ya llevaba una larga distancia de caída. Me dejé caer en picado tras él pero, viendo que la velocidad no era suficiente, empecé a mover las alas para bajar más rápido. El resultado fue una caída en picado a una velocidad vertiginosa cuyo final no podía ser bueno, y no lo fue, aunque mejor que el esperado. Conseguí alcanzar a Miguel antes de que llegara al suelo, pero no pude evitar que nos estrelláramos.

Por suerte alcancé a cubrirnos con mis alas para protegernos y me dispuse para recibir el primer impacto, y también el más fuerte.

Impacté de espaldas contra el pico de una roca partiéndola en dos al golpear mis alas y debido a la fuerza con la que caíamos, fuerza con la que continuamos cayendo hasta el punto de formar un socavón en el suelo cuando mis alas lo rozaron.

La fuerza del impacto fue tal que me hizo soltar a Miguel y nos fuimos cada uno para un lado. Tras unos minutos tirado en el suelo, me incorporé con trabajo y miré a mi alrededor en busca de Miguel. Lo vi unos pasos más allá, a medio levantar. 
Me levanté y fui hacia él. Tenía las alas y la espalda doloridas a causa del golpe y me costaba caminar, pero llegué hasta él.

_Miguel, ¿estás bien? _pregunté tendiéndole la mano. 
_Creo que sí _dijo agarrándola _. Me duele todo el cuerpo, pero sí.

Yo le sonreí.

_Tienes algunos rasguños, puede que incluso te hayas hecho alguna quemadura al caer_dije mientras le miraba el brazo_. Lo mejor será curarlo, ven.

Llevé a Miguel hasta el único lugar con agua creado hasta el momento. Cogí su brazo.

_¿Me va a doler? 
_Un poco_ dije mientras le hacía meter el brazo en el agua. Cuando lo sacó se lo volví a examinar _. No te voy a tapar la herida, lo mejor será que le de el aire. ¿Cómo lo ves tú? 
_Yo... Lo que tú digas. 
_Vale_dije casi para mí. 
_¿Vamos a volver a volar? 
_Sí, pero no hoy. Creo que ya es hora de que aprendas a crear algo_dije levantándome _. Acompáñame.

Llevé a Miguel hasta un lugar apartado y despejado.

_¿Qué vamos a hacer aquí? 
_Vamos a crear algo de vegetación, ¿sabes lo que es?
_No.

_Ah, perfecto.

Me agaché y puse mi mano derecha sobre el suelo. Al momento comenzó a crecer hierba.

Miguel se apartaba de ella mientras está avanzaba hasta que llegó un momento en el que ya no pudo evitar tocarla, fue entonces cuando alzó el vuelo.

Yo le sonreí.

_Tranquilo, no te va a pasar nada si te toca.

_Es un tacto desagradable.

_No, extraño, ahora baja_dije agarrándolo del tobillo y tirando de él.

_Vale, vale, bajo, pero bajo yo.



Vallay

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En el texto hay: angelescaidos, angelesdeluz

Editado: 14.09.2019

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